Delfina Pignatiello: sumergirse en el valor del sacrificio

Comprometida con su actividad, la doble campeona mundial ha demostrado a sus 17 años que 400, 800 o 1500 metros pueden no ser tan largos
Georgina Bardach
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15 de diciembre de 2017  

Hay pocas cosas que me cuestan más que sentarme a escribir, no sé si es por el temor a la hoja en blanco o por no poder plasmar lo que realmente siento. Pero cuando me encomendaron esta tarea no lo dudé: Delfina merece cualquier tipo de esfuerzo.

Hablar de Delfina es más que analizar una de las promesas del deporte argentino, más que elogiar a una joven que elige la responsabilidad de entrenar en un deporte sumamente exigente y, a la vez, ser elegida como abanderada de su colegio. Hablar de Delfina es referirse a alguien que emociona e inspira, que cultiva los más sabios y simples valores para alcanzar las metas más altas.

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Hablar de Delfina es más que decir que con tan solo 17 años pasó a la historia de la natación, y créanme cuando les digo que fue fruto de su sacrificio y rutinas de las más exigentes.

Pero, también, hablar de Delfina es valorar su recorrido, sobre todo en tiempos en que los caminos al estrellato se presentan más cortos y menos sinuosos. En tiempos en los que la inmediatez y el éxito ligero pueden perturbar las cabezas más preparadas. Cuando la sobreexposición y las distracciones son atractivos casi ineludibles frente a horas de concentración y "sumergimiento".

Hablar de Delfina es contar que mientras la mayoría de nosotros estamos durmiendo -o volviendo de bailar- ella está entrando a la pileta, con largas horas de entrenamiento por delante. Y que, a esa edad, dejar de lado el viaje de estudios y las salidas es ya un triunfo en sí mismo si lo que se persigue es engrandecer la historia del deporte nacional. En esta época en la que se busca "encajar" en los cánones, ella apuesta por desentonar de la manera más valiosa. Con humildad, buenos lazos familiares y con su entrenador y un extra de voluntad. Salirse de los estereotipos es un síntoma de rebeldía, esa pulsión de ser diferente y destacarse. Debería ser, en todo caso, un modelo a seguir, en cualquier edad y circunstancia. Debería ser motivo de charla en bares y lugares de trabajo: "Qué rebeldía la de la chica Pignatello".

Hablar de Delfina es contar que a sus 17 años ya es doble campeona mundial en un año (en el Mundial juvenil de Indianápolis, Estados Unidos, al ganar las pruebas de 800 y 1500 metros libres, en ambas con récord argentino) y subcampeona en los 400 libres.

Al hablar de Delfina siento la necesidad de contar cuando la vi por primera vez, en un torneo nacional en la pileta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, hace algún tiempo. La necesidad no es por lo anecdótico del hecho de conocerla, sino por lo que pensé entonces: fue la primera en tirarse al agua en la entrada en calor y me impactó ver su cara y ese cuerpo, todavía de niña, con una mirada adulta y una cabeza fría. También recuerdo que estaba corriendo una prueba contra otras nadadoras de elite y lo hacía con cierto descaro, con el aplomo de los grandes, sólo que en el cuerpo de una niña.

Hablar de Delfina es destacar su personalidad; perfeccionista, detallista y obsesiva. Y sí, por algo logró dominar las pruebas más difíciles de la natación, con la certeza de que va a seguir buscando más.

Al hablar de Delfina quiero decir que se apoya sobre los pilares que yo considero los más importantes y sólidos en los que se puede proyectar una carrera deportiva: una excelente relación con su entrenador y la contención de su familia y sus afectos.

Hablar de Delfina es hablar de Juan Carlos Martín o, como todos lo conocemos, "el Gallego", su entrenador. Y hablar de ese vínculo es hablar de admiración mutua.

Al hablar de Delfina tan sólo basta ver los videos en los que alumnos de su colegio la reciben de pie con flores, pancartas y tanto cariño, porque es una líder desde la humildad y la humanidad. Una líder a la que debemos alentar, imitar y promulgar en todos los ámbitos. Líderes que inspiran, conmueven y dejan huella.

Y al hablar de Delfina pude entender a qué aludía Carlos Alberto Solari cuando cantaba "el futuro llegó hace rato", otra cosa, para mí la más importante, a la que se refería mi mamá cuando hablaba del fuego sagrado.

Por eso al hablar de Delfina puedo expresar profunda admiración y agradecimiento por permitirnos seguir soñando.

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