David Lynch: el des-generado perfecto del arte

Logró sus mejores colaboraciones consigo mismo (el artista plástico con el cineasta; el escritor con el músico) hasta inventar su estilo: el "suspencialismo"
Kevin Johansen
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15 de diciembre de 2017  

Crédito: The New York Times

Miles Davis decía que la forma de entonar de Frank Sinatra lo había marcado en su carrera musical, trasponiendo las barreras del instrumento de cada uno. Creo que David Lynch tiene eso, es un des-generado del cine. Cualquier artista que sabe conjugar en su obra varias disciplinas con maestría ya de por sí impacta. El artista plástico que era primordialmente antes de dirigir cine se amplificó en el momento en el que encontró un vehículo más expansivo de expresión. Y su cine contiene esa mezcla de géneros y tonos que exhiben sus obras: suspenso y surrealismo, humor y tragedia. Podríamos decir que es el inventor del "suspencialismo".

Otra cualidad muy atractiva es cómo juega con lo popular. Sus películas -y ciertamente su serie Twin Peaks- muestran personajes muy llanos, muy campechanos, que conviven con criaturas complejas y retorcidas. En su diálogo suele irrumpir lo sobrenatural, lo inexplicable: los fantasmas, los seres extraterrestres, el mal contenido en una bomba atómica. La combinación siempre es sorprendente e inesperada: el inicio de esta nueva temporada de Twin Peaks parecía un cuadro de Jackson Pollock.

Cuando vivía en Nueva York, encontraba cada tanto un capítulo aislado de su serie en la TV y siempre me sorprendía lo avanzado que era; su arrojo y originalidad no desaparecían a medida que pasaban los años. Era una verdadera locura. Seguí el regreso de Twin Peaks junto con mi hija mayor y me confirmó su capacidad de combinar registros, ese des-generamiento unificado por un tono artístico que es profundamente amable. Hasta lo más duro o virulento -como la muerte de un niño que vemos en uno de los episodios nuevos- no contiene jamás un golpe bajo "a la Iñárritu".

Otro dato inusual de Lynch es su capacidad de sobrevivir y mantenerse fiel a sus búsquedas artísticas en un medio tan comercial como el cine norteamericano. Siempre se me antojó que el paradigma de la colaboración exitosa entre lo comercial y lo creativo es la secuencia onírica en la que colaboraron Alfred Hitchcock y Salvador Dalí para Cuéntame tu vida. Y podría decirse que, si bien Hitchcock es el padre del director de Mulholland Drive en el sentido que también lo es de Pedro Almodóvar, Lynch logra sus mejores colaboraciones consigo mismo: el artista plástico con el cineasta; el escritor con el músico. Porque también es maravilloso lo que ha hecho con los sonidos de Twin Peaks, como bien lo muestra la maravillosa secuencia, que se puede ver en YouTube, donde le explica al compositor Angelo Badalamenti cómo quiere que suene la música.

En la charla que dio por streaming hace algunas semanas en Niceto, Lynch explicó su método de trabajo de una forma muy linda: todos tenemos adentro fantasmas, pensamientos negativos. Uno tiene miedo a esos momentos, e intenta escaparse de ellos. Pero lo que el artista, y otra cualquier persona, debe hacer con ellos es profundizar, ir más allá. Detrás de esos miedos y de esos fantasmas hay algo puro y profundamente personal. Él habla de encontrar las imágenes en esos océanos profundos a través de la meditación, un camino que estoy emprendiendo.

Creo que la señal de un gran artista es que es verdaderamente libre, que no sucumbe ante las presiones, que no recae en algún tipo de transacción a la hora de desarrollar una idea. Y David Lynch es un artista muy puro. Y logró serlo seguramente con mucha dificultad. Creo que su libertad apabulla e interpela.

Sus películas y especialmente Twin Peaks exhiben ese magnetismo hipnótico de lo que trasciende la explicación, la lógica. Alguna vez lo dijo explícitamente: "La gente quiere entender, pero no hace falta entender".

DEL EDITOR: por qué es importante. Un cuarto de siglo después, se estrenó este año la segunda temporada de Twin Peaks; además, como artista plástico, participa de una muestra internacional en el CCK.

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