Convirtieron las maquetas en un exitoso negocio familiar y hoy exhiben en Nueva York

La familia detrás de la empresa South American Model (SAM)

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Hace 3 décadas Ricardo y Zulema Martínez dejaron sus trabajos de oficina y emprendieron un camino al que se sumarían, desde muy pequeños, sus 4 hijos
José María Costa
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26 de enero de 2018  • 00:56

Ricardo y Zulema Martínez eran un matrimonio joven con un hijo de 2 años cuando en 1987 decidieron dejar su trabajo de oficina para transformar en un negocio su pasión: la construcción de trenes y estaciones a escala. Tres décadas después, esa idea se transformó en una realidad que, además, incluyó a los cuatro hijos de la pareja. En familia, crearon una de las empresas más reconocidas a nivel internacional en la construcción de ciudades, edificios y todo tipo de maquetas.

Su desafío más grande, hasta la actualidad, se exhibe a pocos metros de Times Square, en Nueva York, dentro del Gulliver's Gate. Allí se encuentra una colosal maqueta de 112 metros cuadrados (el tamaño de un departamento 4 ambientes, para dimensionar la magnitud) que recrea los lugares más reconocidos de América Latina, como las Cataratas del Iguazú , el Machu Pichu, el Cristo Redentor de Río de Janeiro o el Puerto Madero porteño.

Una parte de la maqueta de América Latina exhibida en Nueva York
Una parte de la maqueta de América Latina exhibida en Nueva York Crédito: Jorge Martinez

LA NACIÓN visitó el taller y casa de la familia Martínez, situado en Pilar, donde trabaja el matrimonio junto a sus cuatro hijos: Ricardo (Junior), Gabriela, Gabriel (conocido como Peter), y Jorge. Entre maquetas, instrumentos musicales y muchas herramientas, los Martínez contaron cómo es manejar en familia un negocio tan particular.

"Mi profesión es un poco rara, soy un maquetista pero no en el sentido clásico. Lo mío está más orientado al área de juego. Mi principal ocupación es la de construir maquetas de trenes, aunque hacemos de todo tipo", dijo Ricardo (padre) y relató los orígenes de South American Models (SAM): "Esto comenzó como una aventura en 1987. Si bien yo tenía trenes desde chico y me gustaba mucho el tema, recién en ese momento decidí convertir esa obsesión en un trabajo profesional".

El negocio familiar que llegó a Nueva York

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El recuerdo de Zulema es similar: "Esto empezó hace 30 años. Los dos renunciamos a nuestros trabajos y comenzamos con esto, éramos los dos únicos empleados de la empresa. Hacíamos todo. Con los años fuimos creciendo y obteniendo cada vez más trabajos".

Una de las pocas maquetas que la familia se quedó para ellos y la tienen en su casa
Una de las pocas maquetas que la familia se quedó para ellos y la tienen en su casa Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

"Comencé solo, mi idea no era construir maquetas porque pensaba que al que le gustaban los trenes iban a hacer ellos las suyas. Era algo loco pensar en hacerle la maqueta a un hobbista, pero resultó que había ahí una veta donde mucha gente no tenía la habilidad para construir su maqueta así que comencé a ofrecer el servicio. Inmediatamente tuve buena repercusión y me dedicaba a las maquetas de trenes", dijo Ricardo y detalló: "Esas maquetas las hacía solo o con la ayuda de mi mujer. A través de los años fuimos creciendo y haciendo proyectos, no solo de trenes, para diferentes empresas dentro y fuera del país".

De juego a profesión

"Mis hijos comenzaron a crecer y el más grande - se llama Ricardo pero le dicen Junior y tiene 32 años-, a los 9 años, ya se suma al equipo de trabajo armando estructuras. Eso lo marcó de alguna manera, porque es el día de hoy que sigue armando estructuras para la empresa", contó Ricardo padre. "Luego crecieron mis otros hijos y se fueron sumando a la empresa. A uno le interesaba más la parte de carpintería y arte - Gabriel que ahora tiene 29 años - ; a otro la parte de electrónica - Jorge de 27 años -; a mi hija - Gabriela de 31 - la parte de pintura artística y me ayudaba con lo administrativo", añadió.

"No fue que ellos me dijeron 'Papá quiero trabajar con vos' sino que fui yo el que les dije que me dieran una mano porque había comenzado a tener más trabajos y el primer recurso a mano que tenía eran ellos. Ellos siguieron yendo al colegio, pero en lugar de perder el tiempo con los videojuegos estaban jugando con las maquetas", dijo el hombre de amplia sonrisa.

Uno carrusel a escala que diseñó a familia ante el planteo de buscar otros juegos diferentes a los trenes
Uno carrusel a escala que diseñó a familia ante el planteo de buscar otros juegos diferentes a los trenes Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

Zulema explicó con más detalles el desembarco de sus hijos en SAM: "El director de arte a los 5 años estaba con nosotros en el taller y le gustaba lijar maderas. El que le gusta la ciencia ficción tenía 6 años y ya armaba estructuras, incluso una vez lo encontramos con todos los dedos pegados con la gotita y descubrimos que estaba armando algo", relató la mujer. Y añadió: "Pero desde los 12 años ya lo hacía profesional y comenzó con el tema de la electrónica. Todos se fueron incorporando así. Mi hija a los 8 años ya pasaba las facturas de IVA a la computadora. También clasificaba las fotos y los negativos para cuando los necesitáramos".

Junior también opinó sobre la experiencia del negocio familiar. "Trabajar con papá es algo distinto a lo que se hace en una empresa tradicional. Es más relajado en el aspecto de que si cometés un error, estás con tu familia. Pero es más pesado tener arriba tuyo a tu papá viendo todo lo que hacés", dijo.

Similar fue la explicación de Gabriela: "Para mí es muy divertido. Si estamos acá después de tanto tiempo es por algo. No es fácil todo el trabajo que se hizo, pero es muy reconfortante estar con ellos y hacer algo que nos encanta". Sobre si se le gustaría dejar SAM, dijo: "No me imagino haciendo otro trabajo porque este es muy dinámico, nos permite hacer muchas cosas y, si te cansás de algo, podés hacer otra cosa para relajarte".

Una de las naves de ciencia ficción que diseñó en sus ratos libres Ricardo (Junior)
Una de las naves de ciencia ficción que diseñó en sus ratos libres Ricardo (Junior) Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

Gabriel coincidió con su hermana en que es divertido trabajar todos juntos, pero que también es "pesado". En tanto, Jorge resaltó: "Es muy satisfactorio trabajar con la familia. Uno se siente en completa confianza, por un lado; pero por el otro nunca termina de desconectarse".

Trabajar en familia

¿Cómo es trabajar en familia? "Es complejo, pero para nosotros es bastante natural. No sé por qué se llegó a trabajar así en familia, puede ser por nuestra idiosincrasia y nuestro carácter. Eso hace que no tengamos mayores problemas", dijo Ricardo padre.

"A la mayoría de la gente le asombra. Cómo es eso de que trabajen conmigo mis 4 hijos y que ninguno se haya querido ir. Puede ser que el trabajo les guste mucho o les conviene más trabajar acá que ir a otro lado. Debo ser mejor jefe", dijo entre risas, y agregó: "Por ahí siguen estando porque la profesión es lo suficientemente interesante como para que le siga gustando. Es lo suficientemente diversa. Cada uno encuentra su veta y lo que le gusta. En otro trabajo, por ahí más estándar, sería más difícil retenerlos".

"No hay uno que tenga la última palabra. Es bastante democrático. Todos decimos nuestra opinión y después acordamos. Se acepta la mejor propuesta. No hay una definición jerárquica", dijo Ricardo sobre la forma de tomar las decisiones dentro de la empresa familiar.

Otro sector de la maqueta de 112 metros cuadrados de América Latina exhibida en Nueva York
Otro sector de la maqueta de 112 metros cuadrados de América Latina exhibida en Nueva York Crédito: Jorge Martinez

Con esto coincidieron Gabriel y Jorge: "Quien resuelve es relativo al tema del que estemos hablando. Todos opinamos de cada tema, pero cuando llega el momento de decidir se lo escucha más al líder del área".

Los menores de la familia también contaron quién es el más "complicado". "Junior es el más difícil de llevar", dijo Gabriel y Jorge agregó: "En algunos casos puede ser muy introvertido, sobre todo cuando está con su tema de ciencia ficción y nosotros con lo de los trenes. Pero siempre nos llevamos bien".

Quien resumió a los hermanos Martínez y lo que significa para ella lo que lograran fue Zulema. "Por suerte fueron muy tranquilos. Fueron mamando todo eso de estar en el taller con nosotros", dijo la madre con la voz entrecortada por la emoción y cerró: "Para mí es un orgullo total que trabajen con nosotros. No puedo pedir nada más, ya está completo con eso. Verlos a los 4 y a mi esposo juntos es lo más. Es como el resultado de todos los sueños. Para mi verlos trabajar juntos, en algo que les gusta, y progresen es lo más. Estoy muy orgullosa de todos".

El gran desafío y el futuro

Sobre cuál fue la maqueta más compleja que tuvieron que hacer, los Martínez no tienen dudas que se trató de la que se exhibe en los EE.UU. "La maqueta que hicimos para Nueva York el año pasado fue la más difícil. Es una maqueta que tiene 112 metros cuadrados que se hizo en 10 meses. Es algo imposible de pensar en la cabeza de un maquetista. Es una maqueta compuesta de 23 módulos, con capaz, con piletas que tienen 5 mil litros de agua y se ensamblan. No se hicieron en Nueva York. Se construyeron en la Argentina y se llevaron para allá y se ensambló en 2 semanas", graficó Ricardo.

De izquierda a derecha: Zulema, Ricardo (senior), Gabriel, Ricardo (Junior), Gabriela y Gabriel
De izquierda a derecha: Zulema, Ricardo (senior), Gabriel, Ricardo (Junior), Gabriela y Gabriel Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

Fue ese gran desafío el que les abrió las puertas al mundo y a una nueva maqueta que puede estar entre las más imponentes del planeta. "Gracias al trabajo de Nueva York nos vieron personas del exterior y eso hizo que nos llamaran para un proyecto similar, aunque más grande. En este momento estamos trabajando en un proyecto para una gente muy importante, que no puedo nombrar, pero el tamaño de la maqueta irá entre los 200 y 300 metros cuadrados", dijo el padre de la familia.

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