Un homenaje clásico para un autor sin límites

Ricardo Saltón
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11 de diciembre de 2017  

Agenda Piazzolla 25 años / Nuestra opinión: muy bueno / Intérprete: Marcela Fiorillo (piano) / Teatro: Sala de Cámara, Usina del Arte

Interesante caso el de Ástor Piazzolla. En su tiempo de mayor creatividad, fue cuestionado por los tradicionalistas del tango por haber sacado los pies del plato; aunque el tiempo demostraría que su música jamás abandonó ese género. Pero a 25 años de su muerte, cuando el redil tanguero vuelve a recibirlo con honores y el "pintar tu aldea" se hace en lo suyo cada vez más evidente, se ha transformado en un compositor internacional capaz de seducir y abarcar públicos muy numerosos y distintos de todas partes. Y en tal sentido, aun sin existencia física, es un artista de este tiempo, cuando las fronteras de estilos se diluyen y se hace cada vez más difícil saber dónde están los límites. Si George Gershwin, con quien se lo ha comparado muchas veces, salió del mundo clásico para meterse en la música popular con muchas de sus canciones, Piazzolla hizo un recorrido inverso. Sus obras fueron escritas y arregladas para él mismo según sus proyectos populares, orquestales y camarísticos, de cada momento. Pero como si hubieran nacido en verdad como música académica -o "escrita"- hoy se acomodan sin problemas en la sala de conciertos y en las ceremonias de la música clásica.

En el marco de la conmemoración por el 25º aniversario de su muerte, que se cumplió el 4 de julio pasado, la Usina del Arte decidió proponer conciertos no siempre convencionalmente piazzolleros. Y así pasaron, por ejemplo, James Crabb, Jorge Retamoza, Hugo y Juan Lucas Aisemberg y, ahora, la pianista Marcela Fiorillo.

Formada en lo clásico, donde se mueve con solvencia desde hace años, esta pianista argentina residente en Australia se mete habitualmente con algunas músicas populares, y particularmente con Piazzolla. Para la ocasión, seleccionó una serie de piezas conocidas, casi siempre con adaptaciones propias que tienen a José Bragato -arreglador muchas veces de la música de Ástor- como no ocultada referencia. Hizo sonar sus versiones de la "Milonga" y la "Muerte" del ángel, el "Otoño" y el "Invierno" porteños y cerró su primera parte con una relectura, que bautizó "Paráfrasis", de "Adiós Nonino". En este formato de instrumentista clásica, Fiorillo deja expuesto en toda su magnitud el romanticismo de Piazzolla, dicho esto en el sentido del estilo que abarcó a la música académica en el siglo XIX. La pianista explota esa veta, la potencia, la remarca y nos permite descubrir una faceta que no es tan clara ni siquiera en las propias interpretaciones del autor.

La segunda parte trajo un extraño e interesante arreglo de "Oblivion" que curiosamente Fiorillo introdujo con unas palabras de Violeta Parra; un número de "María de Buenos Aires" con la voz en off de Raúl Rizzo, y una imponente versión de la barroca "Tangata", una obra que tiene menos reinterpretaciones que las que merecería.

Para el bis, otra vez la mano de la intérprete se dejó ver en la rara adaptación de "Libertango", en lo que fue un final muy feliz para el cierre de este ciclo de homenaje.

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