Dale un cierre al 2017 (y abrite a lo nuevo)

Crédito: Gustavo Sancricca. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Bár Midley.
Los finales siempre nos cuestan. te proponemos cambiar el foco y percibir lo que fue y lo que es desde la aceptación, la alegría y la calma.
Cecilia Alemano
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11 de diciembre de 2017  • 16:49

Entrar en “modo diciembre” parece inevitable. De pronto, tenemos la sensación de que estamos escribiendo en los márgenes de la última hoja de nuestro viejo cuaderno, apuradas por arrancar uno nuevo, bien blanco y con todo el block de hojas sin estrenar. Pero sabemos que el calendario cronológico y el de la vida no necesariamente coinciden. Diciembre está aca y hay trabajos que redondear, vacaciones que programar, regalos que comprar y fiestas que celebrar. Y por dentro todos nuestros procesos afectivos y emocionales están en carne viva, aumentados por el cansancio y la percepción de que el tiempo se acaba. En el horizonte pareciera haber un tiempo que se acorta y vos estás obligada a terminarlo todo rápido y bien.

La buena noticia es que ese supuesto fin no existe. Es un dibujo que solo tiene lugar en nuestra cabeza. Diciembre propone estrés, pero nosotras disponemos. Podemos subirnos a la ola del frenesí –y agregarle, ya que estamos, un pormenorizado cronograma 2018 con planilla de Excel y todo– o podemos usar la confianza, parar y contemplar(nos).

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Project Planner OHLALÁ! Buscalo en todos los kioscos por $150 para iniciar el año con toda. Crédito: Gustavo Sancricca. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Bár Midley.

Cuando arrancamos a pensar en esta nota, pensamos en el concepto de “closure” –que viene de completar, culminar, realizar– y de paso aprovechar el final del año cronológico también como una oportunidad para “cerrar temas” –proyectos, deseos, emociones, vínculos–, aunque sea en nuestra mente y en nuestro corazón. Y con la conciencia de que cerrar no es ni abandonar ni dejar de lado ni clausurar de forma definitiva, sino simplemente ponerle un buen moño y un lindo envoltorio a lo que tenés hoy, para entregarlo. ¿A quién? No sabemos, quizá sea al universo y sus misterios. Porque darle un cierre también es una forma de agradecer por lo que fue y por lo que nos dejó, sabiendo lo que ya no queremos.

A nivel mental, se trata de un cambio de óptica, nada más. Te proponemos frenar y registrar lo que logramos y lo que nos da alegría. Y aprovechar para mirar de frente y saludar con alguna pena todo eso que no fue y hasta entristecernos por lo que a todas luces no va a ser. Esto es siempre preferible a la irreal sensación de que se avecina una catástrofe y nuestra ansiedad por evitarla.

4 pasos para lograr un cierre amoroso

1. Parar y observar

Estamos hechas para seguir, y seguir, y después... seguir. De algún modo, nuestro cerebro está programado para que sea el afuera el que nos ponga límites y no a determinarlos nosotras.

En la base de este modo tan típico de comportarnos está la insatisfacción. El psicólogo social Daniel Gilbert mostró cómo mucho de esto tiene que ver con la mente humana. Hizo un experimento con unas fotografías; a un grupo de personas le dio una imagen y le dijo que la podía cambiar por otra. Al otro grupo le repartió la misma imagen y le dijo que no la podía cambiar. ¿El resultado? Estaban mucho más satisfechas con su imagen las personas que no tenían la posibilidad de devolverla. Siempre que tengamos la percepción de que hay más por elegir, vamos a seguir comparándonos o evaluándonos en lugar de apreciar la imagen que nos tocó.

Visto así, cerrar el año no tiene que ver con tildar ítems de tu to do list anual y deprimirte por los que quedaron sin tachar –que, sin duda, serán muchos–, sino con ver quién sos y habitar lo logrado. ¿Cuántas veces, a lo largo de los 365 días del año, tenemos la oportunidad de asomar la cabeza por sobre lo urgente y visualizar lo importante?

Es momento ahora de conectarte con tu calma, tu confianza, y de enfocarte en tus vínculos presentes. Como dice esa hermosa frase del filósofo chino Lao-Tse: “¿Tienes la paciencia para esperar hasta que el fango se asiente y el agua se aclare? ¿Puedes permanecer inmóvil hasta que la acción correcta surja por sí sola?”.

2. Soltar (lo que fue y lo que no)

¡Cuánto escuchamos la palabra “soltar”! Si tenés esa pizca de control freak que te hace soplar el mundo para que gire, seguro que hasta te irrita verla y escucharla en todos lados. Quizá lo que nos falte sea definirla un poco más así le perdemos el miedo. Soltar es alivianar nuestra mochila. Es entregar esa experiencia como un regalo, es envolverla, adornarla y embellecerla para despacharla y que no nos ocupe más espacio en nuestra alacena mental y emocional.

Sentir cómo estamos. Tomá esa experiencia que necesitás cerrar y analizala. ¿Sentís mucho peso sobre la espalda? ¿ Por qué necesita un cierre? ¿Qué es lo que te molesta o te incomoda de esa experiencia, ese deseo, ese proyecto o ese vínculo? ¿Qué lugar sentís que está ocupando que podría ocupar otra cosa? ¿Te está sumando o quitando energía?

Transformarlo en experiencia y aprendizaje. Lo que quieras cerrar no tiene que ser un “lastre”, sino más bien una experiencia. Cambiemos las piedras de esa mochila que pesa por recursos y herramientas; elijamos cuáles queremos llevar con nosotras y cuáles no. Y las que no: ¡despachémoslas! Este año tenías un proyecto –el que fuera, desde un emprendimiento profesional o una convivencia con una pareja hasta un viaje o una refacción en casa–. Lo iniciaste, le pusiste todo, pero no resultó. Bueno, podés tomar nota de lo que funcionó y de lo que no y dejarlo en tu lista de posibles proyectos para 2018.

Visualizarte como humana y falible. En este punto es probable que caigamos en lo ideal más que en lo posible. Por eso está bueno visualizarnos humanas y falibles. “Hasta acá dependía de mí” y “hasta acá pude” deberían ser nuestros mantras findeañeros. Como dice nuestra psico, Inés Dates: “Hay que cuidarse de no evaluar nuestras decisiones con el diario del lunes”. Pero ¿entonces qué? ¿Pasado pisado? Mmm, no. ¿Quedarnos a habitar ese pasado? Tampoco: la vida no es como una peli que se puede rebobinar. “Dejalo en una repisa”, dice Ine. “Y después... ocupate de tu presente”.

Abrazar con amor y gratitud algo que se terminó es la mejor manera de atesorarlo, porque la manera que vos tengas de “cerrar” algo también será, a futuro, la manera que tendrás de recordarlo y de capitalizarlo como experiencia.
Abrazar con amor y gratitud algo que se terminó es la mejor manera de atesorarlo, porque la manera que vos tengas de “cerrar” algo también será, a futuro, la manera que tendrás de recordarlo y de capitalizarlo como experiencia. Crédito: Gustavo Sancricca. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Bár Midley.

Construir un final amoroso. Por ejemplo, si tu pareja se terminó, sufriste un montón y sentís que el duelo se te hace eterno, es momento de decirte: “No voy a permitir que el dolor, transformado en enojo, me empañe lo que vivimos juntos”. Entonces, abrís las manos –incluso si pudieras hacer el ritual y el gesto con las manos abiertas, sería mejor– y lo dejás ir. Lo entregás. Abrazar con amor y gratitud algo que se terminó es la mejor manera de atesorarlo, porque la manera que vos tengas de “cerrar” algo también será, a futuro, la manera que tendrás de recordarlo y de capitalizarlo como experiencia.

Amigarte con la pérdida. Y sí, también lo sabemos: en esa mirada hacia lo que fue (y lo que no fue), a veces nos toca perder. Y ya sabemos que perder es muy, pero muy feo y tiene muy mala prensa, porque suele ser visto como sinónimo de fracaso y hasta de desastre. Nuestro cerebro enseguida lo tiñe con sus miedos ancestrales y todo parece de “vida o muerte”. Pero, en realidad, perder, como dice la poeta Elizabeth Bishop, es un arte que podemos dominar. Aun abrazada a la pertenencia (a tu mundo, a tus seres queridos, tus sueños y, sobre todo, a vos misma), podrías perderlo todo y seguir en pie, más fuerte y clara.

De otro modo, parece que el calendario nos marca la línea pasado-futuro, entre lo que fue y será; entre éxito y fracaso. Dejamos de ver la vida como un continuum, un estar siendo, con sus ciclos y procesos. Paradas al borde del precipicio, el que se nos escapa es el presente. Sobre lo que fue no podemos obrar; sobre lo que será, tampoco; sobre el hoy sí. Solo construimos desde el presente.

3. Transitar hacia lo que será

“No empujes el río: fluye solo”, decía Fritz Perls, el creador de la terapia Gestalt. La imagen de empujar el río simboliza todos esos esfuerzos que hacemos para controlar lo que nos pasa y lo que nos va a pasar, priorizando el pensamiento, las normas y las fantasías.

¿Y por qué siempre necesitamos empujar? Porque no nos bancamos la incertidumbre. Chequeamos el Facebook, el Instagram, el Snapchat y el WhatsApp para ver si cayó el mensaje que esperamos; leemos el horóscopo diario, el semanal y el mensual; le pedimos a esa amiga medio bruja que nos tire las cartas de tarot; nos hacemos test de todos los colores que nos digan quiénes somos.

El mal de esta época es la ansiedad. Y esa inquietud siempre nos lleva a hacer y hacer. A veces puede ser desde el miedo, desde la sed de control; otras, desde la búsqueda del éxito.

El neurocientífico Rick Hanson explica que nuestro cerebro funciona en tres niveles – el tronco encefálico, el sistema límbico y el córtex– que él compara con animalitos. Es como si en nuestra cabeza convivieran una lagartija, un ratón y un mono. La primera –reptil– tiene sangre fría, es tenaz y evita los riesgos. El ratoncito siempre espera la recompensa y el mono busca el calorcito de un grupo de pertenencia. Por eso, Hanson propone adiestrar la lagartija, alimentar el ratón y abrazar el mono.

¿Cómo sería esto llevado al closure que propone el fin del año? Bueno, a la lagartija le podés avisar que acá no se termina el mundo; no hay amenaza. Enero será un tiempo más pausado y nada se define ahora (¿pagaste la cuota anual del gimnasio y fuiste tres veces? Bueno, dejalo ir y en marzo ves qué onda...). Al ratón dale una palmadita de felicitación por todo lo que logró hasta acá (metiste otra materia, pintaste la casa, sacaste el registro, hiciste ese viaje tan soñado, te volviste más flexible) y al mono regalale los encuentros con los otros y aprovechá que esta época está llena de oportunidades para abrazarse.

Si viene algo de bajón o incertidumbre, entonces seteá los siguientes comandos en tu cabeza y repetilos como afirmaciones frente al espejo: “Yo pude, yo soy amada, yo sé”.

4. Abrirse a nuevas posibilidades

Diciembre es un mes en el que se tocan las tristezas del cerrar y la ilusión de lo por venir. Pero cada ilusión es independiente de las otras y no se anulan mutuamente. Así que bien puede ser tiempo de conectarnos, de a poquito, con nuestros proyectos. En este tiempo, lo más que podemos hacer sobre ellos es abrir las preguntas (aunque aún no podamos contestarlas): ¿entran del lado del deseo o de la exigencia?

¿Es lo que quiero o es lo que se espera de mí? ¿Qué requieren de mí?

Ojo, porque muchas veces confundimos proyecto con introyecto o mandato. Qué mejor que usar este tiempo de no acción (que se extiende a enero) para ponerte una mano sobre el corazón y definir qué es de verdad lo importante para vos.

La idea de self editing viene genial para lograr esto. Es como si agarráramos nuestra vida, la imprimiéramos en un papel y con un resaltador flúo marcáramos a qué prestarle atención. Tiene que ver con organizar: “¿Qué cosas valen hoy para mí?”. Incluso, una forma posible y práctica de cerrar también es el “por ahora no”. ¿Quiero cerrar mi etapa de trabajar en relación de dependencia? ¿Quiero terminar una pareja o una amistad que siento que ya no me cierran? ¿Quiero abandonar un hobby o cambiarlo por otro con el que sintonice mejor? “Por ahora no” también vale como respuesta. Recordá que “siempre” y “nunca” son categorías que no existen en el plano de lo humano. Y que todo aquello que cierres –salvo que sea algo muy tóxico y que ya no quieras más para tu vida– tiene la chance de volver a abrirse más adelante, cuando vos lo decidas. El solo hecho de preguntarte dónde estás parada hoy y a dónde querés ir es ya una forma de cerrar tu año y de redefinir quién sos.

Los hermanos Chip y Dan Heath –que la vienen rompiendo con su libro The Power of Moments– descubrieron que nuestros momentos más positivos y memorables están dominados por cuatro elementos: elevación, visión, logro y conexión. Si abrazamos estos elementos, vamos a poder definir cuáles momentos son significativos para nosotras –qué criterios definen lo importante para nosotras– y hacia dónde apuntar las flechitas el año próximo.

La clave es, como siempre, plantarte en el presente. Supongamos que hay una relación (familiar, de amistad o de pareja) que de repente se complicó. Bueno. Una opción es decir: “Está todo perdido para siempre, chau a todo”. Otra es preguntarte: “¿Qué puedo hacer hoy al respecto?” y, cuando tengas la respuesta, accionar. Hacer algo real y concreto, por chiquito que sea, para alivianar el tema.

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Cultiva la felicidad Rick Hanson. (Sirio, $420). Crédito: Gustavo Sancricca. Realización de Diego Andrés Martínez (DAM). Producción de Bár Midley.

Un closure al 2017

¿Tiene solo que ver con comprar deco navideña, regalitos para todo el mundo y encargar el pan dulce? ¿O va más por el lado de acomodarte adentro para que eso se transmita al afuera?

Cerrar nos cuesta. Enseguida estamos criticando lo que faltó y mirando lo que viene. Para poder ver nuestros logros, quedarnos a saborearlos y decirnos: “Esto fue más que suficiente”, tenemos que entrenar nuestra mente de modo muy consciente.

Hacete la pregunta: “¿Qué logré este 2017?”. Anotalo. Bajalo a un papel. Leelo. De la respuesta que te des van a surgir los proyectos y los recursos para el año que se viene. Entonces, este 31, cuando hagas chin chin, no va a ser ni un the end ¡ni mucho menos un game over! Apenas un cambio de pantalla. Y que el 2018 se agarre, porque te va a tener fresca, liviana y 100% presente.

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Saber soltar, vivir feliz , Jorge Rovner. (Kepler, $290). Crédito: Prensa

Un ritual para dar las gracias

Diciembre es época de cosechas. A veces recolectamos unos tomatitos rojos y brillantes; otras, unos yuyos que no sirven más que para seguir alimentando la compostera. ¡Y a veces ni eso! En este sentido, darte un paseo por tu jardín para ver qué hay siempre es una buena idea. Lo que recibiste, lo que no. Lo que vino y lo que se fue son buenas razones para agradecer.

Para transitar las fiestas de fin de año en paz, unos días antes podés armarte un pequeño ejercicio ritual, una minivisualización que te ayude a dialogar con la realidad concreta (¡las mujeres somos tan buenas decorando!).

Cerrá los ojos e imaginá que estás frente a un cofre. Como todo cofre, lo que guarda es un tesoro. En este caso, se trata de tu año e incluye todas las cosas que te pasaron, las más copadas y las otras. De ahí podés tomar cosas para llevarte (experiencias, herramientas, etc.) y dejar otras. Hacelo bien visual.

Tus preguntas para la lista:

Columna izquierda: ¿Qué me llevo de 2017?

Columna derecha: ¿Qué elijo dejar de 2017?

Debajo de ambas columnas, escribí: GRACIAS

* Ojo: dejar no quiere decir esconder bajo la alfombra ni evitarlo, y tampoco alborotarse. Sino un simple “no pude”, “no era el momento”. Debajo de la lista, escribí: “Gracias”. Así te conectás con una energía de poder (en el sentido de fortaleza, más que de fuerza) •

¿Estás cerrando tu año o todavía seguís con todo por hacer? ¿Cuando vas a empezar a hacer tu balance? También te recomendamos: 5 claves para hacerle frente al estrés de fin de año y Project planner 2018: ¡reservá el tuyo!

Expertos consultados: Lic. Inés Dates, nuestra psicóloga y Lic. Mauricio J. Strugo, psicoterapeuta gestalt.

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