Cumbre de la OMC: la bicicleta y el transporte público, las mejores opciones para moverse por un Bajo convulsionado

Una postal atípica de la avenida Corrientes
Una postal atípica de la avenida Corrientes Crédito: Silvana Colombo
Por la mañana hubo largas colas para entrar caminando a Puerto Madero
María Ayzaguer
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11 de diciembre de 2017  • 19:31

Esta mañana, el Bajo porteño amaneció irreconocible, con garajes vacíos y sus principales avenidas poco transitadas, casi como la maqueta de una ciudad sin autos. La peor parte se la llevaron los cientos de trabajadores que se agolparon en cada ingreso a Puerto Madero, el barrio blindado por la cumbre de la OMC que se está llevando a cabo hasta el jueves 13.

La zona restringida abarca el perímetro comprendido por Cecilia Grierson, Av. Int. Hernán M. Giralt, Rosario Vera Peñaloza, Av. Ingeniero Huergo/Av. Eduardo Madero, Juan Domingo Perón, Av. Leandro N. Alem, Av. Corrientes y Av. Eduardo Madero. Y muchas otras calles son preferenciales y prohíben el paso de vehículos no autorizados.

OMC: Largas filas y complicaciones para ingresar a Puerto Madero

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A las 10 de la mañana, en la entrada habilitada de Corrientes y Madero, pegada al ITBA, la gente hacía más de una hora de cola para ingresar a Puerto Madero. Un poco más temprano y en la hora pico de ingreso laboral, Ezequiel Prandini se asomó por esa esquina para realizar un trámite bancario. Se encontró con 3 cuadras de cola y optó por caminar hasta la calle Belgrano, donde el acceso estaba más liberado.

La zona afectada por la OMC
La zona afectada por la OMC Fuente: LA NACION

Muchos otros se enteraron de las restricciones para peatones cuando quisieron entrar a sus trabajos. Ese fue el caso de Andrea González, profesora de inglés, que quiso ingresar a su clase de los lunes en una oficina de Puerto Madero. Al no estar registrada, le indicaron que se acercara a la oficina de Prefectura en Calabria y Vera Peñaloza (a 20 cuadras). Allí se dirigió dando por perdida su tarde. Algo similar le ocurrió a Miguel Ángel González, quien llegó a entregar un sobre en moto y fue frenado por el cordón policial. En su caso, llamó a su cliente para consultar si prefería esperarlo a que fuera a la oficina de acreditación o bien pasar el trámite para otro día. Cerca del mediodía y pasada la hora pico de ingreso a las oficinas, los accesos peatonales estaban prácticamente vacíos.

Los automovilistas autorizados pueden ingresar por Independencia, Chile, Belgrano, Viamonte o Juana Manso. Los peatones, por todos estos pasos sumados a las calles Juan Domingo Perón, Corrientes y Olga Cossettini.

Puerto Madero, vacío
Puerto Madero, vacío Crédito: Silvana Colombo

Carlos Rojas es uno de los cientos que hoy dejaron el auto y se movieron en transporte público. Vecino de Avellaneda y despachante de aduana, se manifestó molesto por tener que hacer su recorrido laboral usual a pie. Pero concedió: "Por suerte anda el Metrobus. Mientras funcione no hay tanto problema".

El tradicional estacionamiento de Alem y Corrientes, cerrado, dio cuenta del fenómeno: muchos ni se animaron a ingresar con sus vehículos a la ciudad. El bajo porteño está irreconocible con sus vallas, garajes vacíos y las principales avenidas poco transitadas. Un poco más lejos, en el estacionamiento de Córdoba y Bouchard, algo más accesible desde el norte, estaba lejos de estar lleno como acostumbra antes de cada mediodía.

La terminal de combis de Madero estaba abierta y operativa, pero casi vacía. Pese a que podían ingresar vehículos, la mayoría de las compañías prefirieron alterar el recorrido para ni acercarse a la avenida Alem. Las combis que sí se aventuraron circularon con relativa normalidad.

El CCK, vallado
El CCK, vallado Crédito: Silvana Colombo

En las boleterías del Luna Park los vendedores hablaban de un día prácticamente perdido: no se acercó casi nadie a comprar entradas. Algo similar contó Guido Naranjo, vendedor de helados que cada día ofrece sus productos en el semáforo de Corrientes y Madero. Hoy, casi sin automovilistas, se tuvo que desplazar a Alem, a tentar a quienes esperaban en el Metrobus. No fue la única rutina alterada: Andrés Ruiz vive en Retiro y suele trotar cada mañana por Puerto Madero y la Costanera. Cuando no lo dejaron ingresar siguió su carrera por Huergo.

Paul Tánaca hace mensajería en bicicleta y la semana pasada registró sus huellas digitales en un trámite que duró más de tres horas. Hoy, apenas una de las cuatro veces que entró y salió del perímetro cerrado tuvo que poner sus dedos en el lector -en las restantes oportunidades entró solamente con DNI-. Los controles varían según la calle de ingreso. Más allá de eso, Paul celebraba la ausencia de autos en la calle.

Hubo quienes se animaron por primera vez a la bicicleta. Walter Rodríguez vive en Avellaneda y trabaja en el puerto de Buenos Aires. En un día cualquiera llega a su trabajo en colectivo, pero hoy, y pese a que funcionan, eligió la opción más independiente que encontró: "Es un poco más libre y bastante más cómodo si tengo que ir haciendo paradas en el trayecto", cuenta. Tardó 40 minutos en llegar. Hoy, junto con el subte y el Metrobús, fue la opción más indicada para desplazarse por el centro.

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