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Los primeros días de a cuatro

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Deborah Maniowicz
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12 de diciembre de 2017  • 07:43

“Somos una familia” fue lo primero que pensé cuando salimos de la clínica, subimos al auto y vi que no entraba nadie más. Marido al volante, yo al lado, sillita de hija a un costado, huevito de bebé en el otro y un mínimo espacio al medio. El auto está completo, ni siquiera entran los dos cochecitos en el baúl. Somos cuatro. Somos una familia. Si bien me gustaría tener muchos hijos (cuatro al menos) siento que Camilo nos completa. Debe ser el mandato de “familia tipo” el que me genera esa sensación. O no. No lo sé.

Una vez que llegamos a casa me organizo mejor que con Julieta. Sí, aunque lo intento y lo intento me es imposible no comparar. Porque darle la teta a Julieta al principio me dolía y con Camilo es un placer; porque ella recuperó el peso a sus 12 días y Camilo a sus 3; porque él tiene cólicos y como ella nunca tuvo no sé qué hacer, porque cuando lo cambio a él siempre termino empapada y porque antes de que Camilo cumpla una semana le estaba dando la teta en un restaurante y con Julieta necesitaba el almohadón grande, el chiquito, el sillón, el vaso de agua, la crema de caléndula, el teléfono de la puericultora y el apoyo constante de mi tribu.

También pienso en qué diferente se cría el segundo respecto al primero. Cuando Julieta era bebé en casa había un silencio absoluto (los celulares estaban en vibrador y le pedíamos a todos que no toquen timbre), alcohol en gel por todos lados e intentábamos evitar que esté en contacto con otros chicos (para que no se contagie ninguna enfermedad). Hoy nada de eso se cumple, al contrario.

Y así como hay muchas cosas que ya conozco y no me sorprenden, todavía me enamora perdidamente todo lo que rodea a Camilo, sus manos y pies tan perfectos y chiquitos, su olor, su instinto animal, su boca buscándome a cada rato, su suavidad y su primera vez de todo: el viento golpeando su cara, un beso de su hermana, el sonido de la música. Su descubrir es mi re-descubrir, así como su nacimiento fue el mío, en tantos sentidos.

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Hace unos días, tentada y con esa pseudo impunidad que da el puerperio, preparé marroc casero y cuando le mandé la foto a un grupo de amigas, todas con bebés recientes, me preguntaron cómo me daba el tiempo para cocinar. La realidad es que los dos estaban durmiendo siesta y yo decidí aprovechar ese tiempo para hacer algo para mi. Es difícil de explicar, pero con Julieta no tenía tiempo para nada (como esos comics poco alentadores que retratan la maternidad con un dibujo de la mujer en el baño y los dos nenes colgados como garrapatas de las piernas. Esa era yo). Sin embargo, hay momentos de mucha intensidad, donde los dos reclaman mi atención al mismo tiempo y yo me muero por clonarme, asistir a los dos y no fallarles.

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Camilo toma teta y duerme. Toma teta y duerme. Toma teta y duerme. Está en una especie de círculo vicioso que consiste en alimentarse y descansar (y pillarme cada vez que le cambio el pañal, claro). Llora muy poco, sobre todo cuando tiene algún cólico y se banca sin protestar las mil cosas que le hace su hermana (le hace mimos que distan de toda suavidad, le grita al oído, le saca el chupete cuando está dormido, intenta abrirle los ojos). Por otro lado, Julieta puede ignorarme todo el día que cuando Camilo me requiere ella quiere atrincherarse a mi.

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Si yo digo “ahí agarro a Camilo”, Juli pide “agarrame a mi”. Si digo “ahí te levanto”, escucho “levantame a mi” y si digo “ahí te doy la teta” ella retruca “dame a mi” (recordemos que hija dejó la teta hace justo un año). Y así como reconozco que está intensa, me enamora cada día más. Quiere ayudar a cambiarle los pañales, le canta canciones cuando llora en el auto y ayer mientras él lloraba y yo cocinaba ella se acercó y le dijo al oído: “ahí le digo a mami que te de la teta así no llorás”. Y yo me derretí.

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Si bien intento pasar tiempo con ella y hago malabares para ir a buscarla al jardín, generalmente siempre estoy con Camilo y ya casi no compartimos tiempo solas. Debe ser por eso que a la noche, cuando estamos todos en la cama durmiendo yo la abrazo y aunque está dormida la lleno de besos y pienso en cómo la extraño. No se cómo explicarles pero la extraño, nos extraño.

El domingo se termina lo que yo llamo "el mes de gracia", el primero, donde los días de Camilo se redujeron a tomar la teta y dormir. Un mes que fue imposible cuando fui primeriza y que hoy me resulta más fácil, intenso, caótico y placentero. Se que cuando pase más tiempo despierto y aumenten sus demandas también voy a tener que estar más disponible para él (¿Y quizás con menos tiempo para ella?) pero acá estoy, dispuesta a poner el cuerpo, a seguir descubriendo cómo es ser mamá por dos, como es ser la mamá de Julieta y Camilo.

Espero que estén disfrutando los textos de las distintas mamás que estamos invitando para que participen de este espacio. Recibí muchos mails pidiéndome notas sobre gimnasia posparto y que cuente más detalles sobre todo el trabajo que hice con mi cuerpo previo al parto. En estas semanas prometo ocuparme de esos temas y retomar el "Consultorio de crianza".

¡Buena semana para todas! Las espero en Instagram y Facebook.

Debbie

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