Gatos rotadores, cocodrilos antiapuestas y mucho más

Diego Golombek
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17 de diciembre de 2017  

Fuente: LA NACION - Crédito: Enriquez

Ya es casi fin de año y aún no hemos hablado del momento anual más glorioso de la ciencia. ¿Los premios Nobel? ¡De ninguna manera! Lo que todos los científicos realmente esperamos es la ceremonia de los IgNobel, los premios que primero te hacen reír ("qué disparate") y después pensar ("ah, mirá, no está tan mal después de todo"). Los galardones se entregaron en el Teatro Sanders de Harvard, para beneplácito de muchos e inquina de unos pocos.

Ya saben: las categorías no son fijas y los premios son un tanto. extravagantes. Como el maravilloso premio de Física para un trabajo en reología (la ciencia que estudia los fluidos). Claro que los fluidos en este caso son gatos viscoelásticos capaces de rotar una vez que se caen dentro de una botella. Nada sorprendente, dado que la reología estudia las propiedades de estos fluidos viscoelásticos y que los gatos embotellados pueden comportarse como un material intermedio entre líquido y sólido. Ahí nomás estuvo el premio en dinámica de fluidos, a investigadores coreanos y estadounidenses que demostraron que el café o el vino se derraman mucho menos si caminamos hacia atrás que hacia delante. Claro que no es una práctica del todo recomendable, ya que, aun sin derramarse el líquido, el portante podría chocar irremediablemente con obstáculos a su espalda. Una de cal.

¿Conocen el didgeridoo, un antiguo instrumento de viento australiano que es una especie de tubo largo por el que se sopla como en una trompeta? Lo que seguramente no sepan es lo que demuestra el trabajo (publicado en la Revista Británica de Medicina, nada menos): "Tocar didgeridoo como un tratamiento alternativo para el síndrome de apnea obstructiva del sueño". Sí: los ronquidos y problemas de sueño de 14 pacientes mejoraron por practicar unas 6 horas diarias del curioso instrumento. No me digan que no merece el premio IgNobel de la Paz.

¿Problemas de juego compulsivo, en casinos o tragamonedas? ¡Tenemos la solución! El premio IgNobel de Economía fue para unos increíbles experimentos que demuestran inequívocamente que tener en brazos a un cocodrilo de un metro de largo quita las ganas de apostar y asumir riesgos inútiles. Todo, en el paper Nunca le sonrías a un cocodrilo.

A veces la ciencia se dedica a demostrar rigurosamente lo obvio, y no por ello es menos ciencia. Como los galardonados con el premio IgNobel de Anatomía, cuya estadística demostró de una vez por todas que los hombres más viejos tienen las orejas más grandes. Pero también las investigaciones pueden apoyar ciertos mitos, y aquí está el premio de Obstetricia para los médicos españoles que hallaron que los fetos humanos responden muy bien a la música aplicada de manera intravaginal (a la madre, claro), mejor que a ruido o a la música a través de la panza. Ya saben, mamás y papás: la música funciona para el bebé en la panza, pero hay que saber cómo enviársela (y obviamente hay un dispositivo especial para tocar esas melodías). Otras veces la naturaleza nos sorprende del todo, como en el caso de unos insectos de Brasil cuyas hembras tienen pene y los machos una cámara que parece una vagina. ¡Eso sí que es la revolución sexual!

El IgNobel de Medicina fue para investigadores que, mediante la avanzada tecnología de resonancia magnética funcional, encontraron las áreas del cerebro que se activan cuando no nos gusta el queso. Habrán sido interesantes las discusiones entre los autores franceses e ingleses del trabajo en cuestión.

¿Alguna vez se preguntaron si los gemelos son capaces de reconocerse a sí mismos como diferentes de sus hermanos? He aquí el paper ¿Ese soy yo o mi gemelo?, publicado en la revista PLoS ONE, que zanja la cuestión: muchos gemelos no pueden distinguir una foto suya de una de su hermano. Marche un premio de Ciencias Cognitivas.

Y, como siempre en esta ceremonia IgNobelesca, discursos de 7 palabras, premios Nobel de verdad, una ópera sobre la incompetencia, avioncitos de papel, risas. y mucha ciencia.

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