"En Malvinas están agradecidos a Galtieri"

Malvinense de origen escocés, pero el único nativo que posee DNI argentino, hace poco representó a nuestro país ante la UN. Dice que los isleños, que rechazan a la Argentina, mejoraron su economía después de la guerra.
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12 de julio de 1998  

MUESTRA, no sin orgullo, su documento nacional de identidad, donde dice: "Alexander J. Betts. Nacionalidad: argentino. Nacido en las Islas Malvinas". Pero enseguida aclara, por las dudas, que prefiere que lo llamen Alejandro. Pertenece a la cuarta generación de una familia malvinense a la que se vio enfrentado, con dolor, cuando abrazó como propia la tesis de que las islas debían estrechar lazos con el continente.

Tuvo que dejar Puerto Argentino tras la derrota del 14 de junio de 1982, y desde entonces vive en Agua de Oro, en las sierras de Córdoba, donde actuó en política y fue elegido concejal, en 1987, y luego secretario de Gobierno de la municipalidad local, cargo que ejerció hasta 1995.

Es un estudioso de la problemática jurídica, histórica y geográfica del conflicto territorial, y sus puntos de vista se encuentran en dos libros: La verdad sobre Malvinas, mi tierra natal, escrito junto con el periodista canadiense Peter Cameron Bate (Emecé), y Malvinas, el colonialismo residual, prologado por el canciller Guido Di Tella (Grupo Editor Latinoamericano).

Recientemente se presentó como peticionario argentino nativo de Malvinas, defendiendo los derechos argentinos sobre las islas ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, en Nueva York. Y hace unos quince días regresó de las islas Fidji, donde participó como especialista en la cuestión Malvinas de un seminario sobre la aplicación de los derechos de la autodeterminación del pueblo, organizado por las Naciones Unidas. Acerca de estos temas se explayó ampliamente en un castellano con fuerte acento inglés.

-¿Cómo cree usted que los malvinenses ven a la Argentina?

-Hay, sin dudas, un antes y un después de la guerra. En la década del setenta y hasta 1982, mientras funcionaba una acertada política de comunicaciones, las relaciones eran buenas. La dependencia de los isleños hacia el gobierno argentino era notable. Todos los servicios indispensables eran prestados por el gobierno nacional: aéreo, marítimo, de telecomunicaciones. Se introdujo el gas como combustible, ya que hasta la llegada de Gas del Estado sólo podíamos calefaccionarnos con turba. Había convenios de asistencia técnica, médica, cultural. Las becas otorgadas por el gobierno permitieron a decenas de jóvenes malvinenses estudiar en colegios de la comunidad angloargentina, como el St. George´s, el St. Hilda´s, el Northland´s, el St. Paul´s (en La Cumbre, Córdoba) y muchos otros. Por ese mismo intercambio, mi hijo Pablo pudo venir, en 1981, a estudiar en el Liceo Aeronáutico Militar de Funes, en Santa Fe.

-¿No existía entonces animosidad hacia los argentinos?

-No, al menos colectivamente. Había intercambio comercial y una permanente llegada de turistas. Pero eso varió después del conflicto. Cambiaron las actitudes y, por ende, los pensamientos. Ya al país se lo empezó a observar de otra manera. Los malvinenses no se sienten para nada argentinos, muy por el contrario. Por eso el caso Malvinas es tan particular y distinto de otros casos de descolonización que se plantean en los foros internacionales: porque los malvinenses no quieren independizarse sino que abogan por mantener vínculos cada vez más estrechos con el Reino Unido. Esa sería su manera de ejercer el derecho a la autodeterminación.

-¿Y ante la hipotética posibilidad de una doble nacionalidad?

-Ante la posibilidad de elegir voluntariamente (que, de hecho, la tienen y hay jurisprudencia al respecto desde 1927), muy pocos isleños aceptarían tener la doble ciudadanía. Hoy, si un nativo de las islas quisiera obtener documentación argentina, no tendría impedimento. Pero, de hecho, serían muy pocos los que harían uso de ese derecho.

-¿Pero esto no es poco realista desde el punto de vista de sus intereses?

-Absolutamente. Yo estoy convencido de que a los malvinenses les conviene integrarse al continente. Pero ellos prefieren ser súbditos británicos porque la visión que tienen sobre la Argentina y la sociedad argentina es mayoritariamente negativa. Ellos toman dos hechos puntuales: el último gobierno de facto y el 2 de abril. El argentino, individualmente, podrá ser un buen tipo, pero esas dos cosas son determinantes para el rechazo de los isleños.

-Lo paradójico es que si se miran el crecimiento del ingreso per cápita anual y las ventajas adquiridas después del conflicto, la guerra, más bien, los favoreció...

-Y lo más triste es que ellos lo reconocen. Suena irónico, pero en el isleño hay una suerte de agradecimiento a Galtieri por haber tomado la decisión de invadir. Gracias a él lograron la ciudadanía británica, que el Reino Unido siempre nos negó. Inglaterra nos tuvo olvidados, descuidados totalmente en el fondo del Atlántico sur, y sólo con el conflicto y su desenlace, la corona se tuvo que preocupar por esos mil trescientos isleños sentados en una zona de recursos naturales de una magnitud insospechada.

-Pero Londres tenía conocimiento previo de esas riquezas. Está el famoso informe económico de lord Shackleton, realizado en 1976 y luego actualizado...

-Sí, tenía conocimiento, pero el tema estaba adormecido por falta de garantías jurídicas. Entonces, al ganar la guerra, ellos creyeron que se habían allanado todos los problemas jurídicos latentes. Hoy argumentan que la Argentina, al perder la guerra, perdió todo el derecho de reclamar sobre esos recursos.

-¿Y no es así?

-No es así porque, para eso, tendría que obrar o mediar un tratado de paz por el cual la Argentina renunciara a sus derechos, y no lo hay.

-¿De quién son, según usted, esos recursos petroleros y pesqueros?

-Los que están en la plataforma continental que une el territorio insular con el continente son de jurisdicción argentina. Los recursos que están en las Georgias y Sandwich del Sur son un tema por discutir.

-¿Cuánto creció el ingreso per cápita en las islas, a raíz de todo esto?

-Hasta el año 1982 era de 3000 dólares al año y ahora es de 40.000 dólares. A partir de 1986 la industria pesquera comenzó a incrementar sus ganancias y eso dio lugar a una mayor autonomía. Pensemos que el presupuesto anual que Inglaterra destinaba a la isla hasta 1982 o 1984 inclusive nunca superó los seis millones de dólares. Hoy ese mismo presupuesto está en el orden de los 85 millones de dólares.

-¿Cómo vivió su familia su postura pro argentina?

-Lógicamente, no podían entender por qué yo estaba de parte del "contrincante". Pero también sabían que mi pro argentinismo era bastante anterior a la guerra. Desde mucho antes de 1982 yo me había tomado el trabajo de investigar a fondo las cuestiones políticas que hacen a Malvinas, consciente de que sus raíces son de naturaleza histórica, jurídica y geográfica. Esto fue difícil, porque en la isla no existe documentación alguna. Lógicamente, el inglés, para mantener su presencia ilegal en las islas, no va a dar acceso al malvinense a documentación que pueda dañar su propia causa. Debí recurrir a escritores de otras nacionalidades para estudiar el tema, y así logré revertir totalmente mis puntos de vista pro británicos.

-¿Dejó de verse con ellos durante todos estos años?

-Sí, al principio hubo incomprensión y las relaciones con todos los que quedaron allá se cortaron durante muchos años. Pero la muerte de mi padre, en 1996, nos reunió telefónicamente. Y a partir de ahí retomamos un contacto fluido y he podido explicarles mis motivos.

-¿Cómo los resumiría?

-Con una sola palabra: convicción. No soy ni un acomodado ni un mimado de la sociedad argentina.

-¿Le ha dado privilegios tomar esta postura?

-Ninguna. Soy un empleado administrativo con un sueldo que no es ninguna maravilla. Vivo en un departamento prestado, en Agua de Oro. Mantengo a mis hijos menores. Tengo un auto de 1983. Y sufro el gran dolor de que mi hijo Pablo esté por volverse a Malvinas para trabajar en la empresa de mi hermano Terry, porque acá no tiene perspectivas. Ahora está renovando el pasaporte inglés, con el que ingresó en el continente, en 1981, cuando vino a estudiar, para así poder volver.

-¿Vienen malvinenses al territorio continental?

-Sí, muchos han venido muy calladamente y también se han vuelto a Malvinas muy calladamente. Tienen libertad para ingresar y desplazarse a lo largo y ancho del país. Aunque, en general, prefieren no hacerlo. Yo no he podido volver nunca más a mi tierra natal. Pero, por suerte, el año pasado vino mi hija Dawn, con la que me reencontré después de quince años, y trajo a mi nieta, de 5 años, a quien no conocía. Después mi hermano Terry trajo, a principios de este año, a mamá, en su primer viaje fuera de Malvinas, en 71 años de vida. Vinieron vía Chile y tuvieron que esperar varias horas en el aeropuerto de Mendoza la conexión a Córdoba. Me contaron que estaban atemorizados: pensaban que si descubrían que eran malvinenses, la gente iba a serles muy hostil. Venían con miedo de ser discriminados, e identificados como malvinenses intransigentes.

-¿Y no lo son?

-No lo fueron nunca. Su temor era no ser aceptados. Y grande fue su sorpresa cuando la gente los recibió con calidez, sin reserva alguna. También les llamó la atención la tranquilidad en que vivimos y en varias oportunidades me señalaron que la vida en Agua de Oro era tal cual fue la vida en Malvinas antes de 1982.

-¿Su hermano Terry no sustentó, desde el Consejo Legislativo de las islas, una actitud francamente intransigente hacia la Argentina?

-Es verdad. Pero ahora está mucho más abierto. Se da cuenta de que el tema político existe, que nada fue resuelto por el conflicto y que sería civilizado y lógico que el asunto se arreglara definitivamente. Como él es uno de los nuevos empresarios de Malvinas con fuertes intereses económicos en la industria pesquera, ahora está buscando diversificarse y le interesaría mucho tener un socio en el continente.

-¿Cómo se puede resolver esta disputa?

-Sentándonos nuevamente a la mesa de negociaciones, encarando las conversaciones con visión de futuro y buscando un marco en el cual los incuestionables derechos soberanos argentinos sobre las Malvinas estén reconocidos plenamente, pero que la administración interna de las islas tenga un alto grado de autonomía superadora de la que tiene en el actual sistema colonial. Eso quiere decir, por ejemplo, que el gobernador sea un malvinense, con representación política en la vida nacional, que se mantengan el idioma, el sistema educativo, legislativo, judicial y el estilo de vida en general, y que se garantice la seguridad jurídica de los bienes. Estoy convencido de que la guerra fue un espantoso error, y que, de no haber mediado, hoy estaríamos hablando de nuestras Malvinas y todo lo que yo acabo de señalar sería una realidad.

Por Carmen María Ramos

Dinero negro

SEGUN Betts, el impresionante aumento en el ingreso per cápita de los malvinenses, gracias a los derechos de pesca, modificó por completo el estilo de vida de la gente, aunque no siempre de un modo positivo.

"Se perdieron los valores de un pueblo chico. La honestidad, la falta de criminalidad, el sentido de la palabra dada. Es indudable que el isleño está muchísimo mejor económicamente, pero se ha degenerado en otros aspectos. Ha sido absorbido por ese otro sector de la comunidad, que es el que está de paso, gente que vive en Malvinas entre un año y medio y dos y que ha duplicado la población en los últimos diez años. El malvinense nativo ya no es mayoría, sino minoría. Han penetrado el alcoholismo, la drogadicción, el crimen, los robos, las violaciones, y no todas se denuncian. En este momento han llevado a las islas cerca de doscientas mujeres chilenas. Una idea de la magnitud de los cambios la da saber que en la historia escrita de Malvinas, desde 1833 hasta 1982 hubo sólo dos asesinatos en ese siglo y medio de convivencia. Y ahora, en apenas diez o quince años, superan la docena de muertes violentas.

Perfil

  • Alejandro Betts nació en las islas Malvinas hace 50 años. Su tatarabuela, Rebecca Mc Cullen, era escocesa, y se casó en las islas con su tatarabuelo, John Charles Betts, que venía de Lincolnshire, Inglaterra.
  • Betts tiene 5 hijos, dos de su primera mujer, de quien enviudó hace más de veinte años. Después se casó con la cordobesa Santina Toranzo, a quien conoció en Malvinas y de quien ahora está divorciado, y tuvieron a Verónica (15), Leonardo (13) y Juan Manuel (12).
  • Entre 1961 y 1982 trabajó en distintas actividades. Trabajó para la Falkland Islands Company. En 1979, al iniciar Gas del Estado el abastecimiento de cilindros de gas a Malvinas, fue contratado por la empresa estatal argentina, y también trabajó para Líneas Aéreas del Estado (LADE).
  • El 23 de junio de 1982 se trasladó al territorio continental argentino. La decisión de trasladarse la había tomado antes del conflicto.
  • Finalmente fue incorporado al plantel de LADE en el aeropuerto internacional de Pajas Blancas, Córdoba, donde ahora continúa como empleado administrativo de la Fuerza Aérea y gana 900 pesos por mes.
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