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Estética

Pablo Sirvén
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13 de diciembre de 2017  

Hay que darle la derecha a Amado Boudou y reconocer que se pasaron con las fotitos el día que se lo llevaron preso. Los prefectos que fueron a buscarlo estaban cebados y se sacaron tantas como para llenar un álbum entero. Encima, el escarnio innecesario contrastó todavía más con el cuidado que pusieron cuando días antes le pasó lo mismo a Julio De Vido y sólo trascendieron sendas sobrias fotos de frente y de perfil.

Está bien que reclame. Nunca es tarde para señalar anomalías estéticas. No fue correcto exponer al ex vice caído en desgracia descalzo, en jogging y recién levantado de la cama.

Lástima que cuando estuvo en la cumbre del poder no se preocupara por efectos antiestéticos e institucionales mucho más devastadores: la codicia irrefrenable por apoderarse de la máquina de hacer dinero, la conferencia de prensa en la que se cargó a un fiscal y a un procurador general de la Nación. Y ni qué hablar de la dirección en un médano, el auto trucho o los graznidos con panza musicalizados por sus amigos de La Mancha de Rolando.

¿Cuál era el norte estético de Boudou cuando hizo pintar de blanco la valiosa boiserie de madera de nogal italiano de su despacho en el Senado que la actual vicepresidenta tuvo que mandar a restaurar?

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