La vida política de los ex presidentes

Félix V. Lonigro
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13 de diciembre de 2017  

Desde este domingo 10 de diciembre, la composición del Senado de la Nación tiene una notable particularidad: jamás en la historia argentina ese cuerpo legislativo había albergado a tres ex presidentes juntos, tal como ocurre en la actualidad con la presencia de Cristina Fernández, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem.

A la luz de esta circunstancia, es propicia la oportunidad para preguntarse si es cierto que, tal como suele afirmarse, en la Argentina nadie se jubila de la gestión pública, ni siquiera quienes fueron primeros mandatarios.

Si bien la Constitución permite a un ciudadano ejercer la presidencia cuantas veces quiera, ya que la única limitación en materia de reelección es que no se pueden ejercer tres mandatos seguidos, la realidad es que sólo cinco presidentes (18%) gobernaron durante más de un período (Roca, Yrigoyen, Perón, Menem y Fernández) y sólo Perón lo hizo tres veces.

Pero el porcentaje de presidentes que repitieron su gestión no sólo es bajo, sino que también lo es el de aquellos que tuvieron actividad política después de haber desempeñado la primera magistratura. Tres presidentes murieron en ejercicio del cargo (Quintana, Roque Sáenz Peña y Perón) y uno falleció pocos meses después de haber renunciado (Ortiz). En los demás casos, sólo tres presidentes se retiraron de la vida política al terminar su gestión (Derqui, Juárez Celman y Justo), y otros once, sin retirarse de la vida política, no ejercieron ningún cargo público después de finalizados sus mandatos (Roca, Yrigoyen -en ambos casos después de haber terminado sus segundas presidencias-, Luis Sáenz Peña, De la Plaza, Alvear, Castillo, Frondizi, Illia, Lastiri, De la Rúa y Duhalde).

Significa entonces que, exceptuando a quienes fallecieron en ejercicio de la presidencia, sólo quince ex mandatarios (el 38%) ejercieron diferentes cargos públicos después de terminar sus gestiones: nueve fueron senadores nacionales (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Pellegrini, Uriburu, Alfonsín, Rodríguez Saá, Menem y ahora Cristina Fernández); dos fueron ministros del Poder Ejecutivo (Sarmiento y Roca después de su primera gestión); uno fue gobernador de provincia (Urquiza, quien condujo los destinos de Entre Ríos, tal como lo había hecho antes de su presidencia); dos fueron diputados nacionales (Rodríguez Saá y Kirchner); uno fue director de escuelas de la provincia de Buenos Aires (Sarmiento); otro fue rector de la Universidad de Buenos Aires (Avellaneda); otro fue convencional constituyente (Alfonsín durante la reforma de 1994); uno fue representante argentino en el Parlasur (Rodríguez Saá); tres fueron embajadores (Mitre, Cámpora y Figueroa Alcorta), y sólo uno fue juez y ocupó un cargo en la Corte Suprema de Justicia de la Nación (José Figueroa Alcorta, único dirigente en la historia argentina que presidió los tres órganos de gobierno: el Senado de la Nación, durante su gestión como vicepresidente de Quintana; el Poder Ejecutivo, al reemplazar a aquel cuando falleció, y la Corte Suprema, desde 1915 hasta su muerte, en 1931).

Más allá de estos datos estadísticos, podrá discutirse si es positivo o no que quien ha sido presidente de la república continúe desarrollando luego actividad política. Lo que no es admisible es que el ordenamiento jurídico habilite a ex mandatarios como Menem y Fernández, quienes presumiblemente cometieron delitos en ejercicio de la presidencia, a presentarse como candidatos a legisladores, buscando impunidad en bancas legislativas que confieren inmunidad de arresto.

Profesor de derecho constitucional

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