La gran Mente para la Gran Manzana.

Las ilusiones comienzan en nuesta mente y ellas se pueden concretar si les destinamos todo nuestra fuerza y entereza a concretarlo..
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12 de diciembre de 2017  • 21:49

Correr el Maraton de Nueva York, el más importante del mundo, por lejos, conlleva a una preparación mental por sobre la física ya que los 6 puentes y el desnivel de 800 metros que recorremos implican un desgaste al que los porteños no estaremos acostumbrados jamás.

Las cuatro horas desde que desayunamos, el traslado desde Manhattan hasta Staten Island, pasando por el ferry, consumen una cantidad impensada de energía mental que es requerida en los momentos de mayor sufrimiento o desgaste físico durante la carrera. Eso, acaso, es algo que no todos los atletas contemplan en su preparación mental. En mi caso disfruté muchísimo de compartirlas con corredores argentinos, gozando de los cánticos y coros de cancha que el resto de los corredores del mundo vitoreaban.

En esa edición de Nueva York 2017 la tragedia del atentado que llevó a nuestros compañeros rosarinos los días previos, hizo que todo el pueblo norteamericano se solidarizara en cada metro de los 42,195 km de recorrido, dándoles un toque muy personal ya que nos reconocían (los reconocían) algo así como héroes.

Héroe es una palabra que calza muy bien con la sensación de bienestar que provoca este maratón en cada corredor. Esto es algo que digo, que expreso, desde las entrañas. Aquí (allá) en Nueva York te hacen sentir un héroe por el simple y sacrificado hecho de correr su maratón. Claro ejemplo es cómo felicitan a cada participante cuando, en los días posteriores, le ven colgada la medalla.

La euforia de una organización para 50.000 personas queda en un segundo plano cuando la ansiedad por largar comienza a consumir algo de nuestras reservas. Es muy difícil mantener el status quo con 49.999 personas a tu alrededor que están esperando su ola de largada.

Helicópteros pasan rasantes, disparos cada 20 minutos hacen difícil poder concentrarse en una respiración pausada y un estado de alquimia aletargado para conservar energía.

Comenzar subiendo un puente puede ser tan estimulante como arrollador si miramos nuestros relojes. Entonces, la mente empieza a trabajar en forma apresurada sacando cálculos estimativos de los tiempos parciales y totales. Realizar cálculos matemáticos durante la corrida ayuda a generar cierta fluidez en los neurotransmisores que provocan aumento de serotonina y disminuyan la recepción de la información de dolor que suministra nuestro organismo.

Pensar lento, correr a ritmo

Si hay algo que es difícil en esta majestuosa carrera, es mantener un paso firme y controlado, ya que los estímulos visuales por la cantidad de shows y de gente alentando y gritando provocan variaciones en nuestro paso.

El Brokling Brigde, en el km 19, se transforma en una tortura inacabable 2000 metros de asenso y 2000 metros de descenso que terminen de romper lo que quedaba de cuádriceps. Allí, otra vez la mente comienza jugar un papel decisivo para poder continuar. ya que recién ahora estamos en Manhattan y aún faltan 20 km por delante.

Allí es donde propongo una estrategia cognitiva simple. Un km, un sorbo de bebida isotónica o agua, ese es el premio. Vamos por uno más y por otro más. Entonces es momento de dejar de lado las cuentas matemáticas y aletargar nuestro pensamiento para concentrarnos en economizar al máximo nuestros recursos energéticos.

La pared

En el km 30, la famosa pared: The Wall siempre presente a la misma altura, haciendo estragos en nuestro cuerpo y en nuestra mente al intentar focalizarse en tan sólo los kilómetros faltantes. El aliento incesante y arrolador de la gente durante los 42km, ya no son hartos suficientes para combatir las sensación físicas de dolor y los pensamientos catastróficos de abandono, allí es necesario recurrir a nuestra reserva mental de objetivos primarios, "por que" y " para que" vinimos.. "Por que" y "para que" hemos sacrificado horas de dedicación a nuestras relaciones humanas con un propósito compartido por todos, por un sueño que esta próximo a cumplirse.

Entonces sacamos fuerzas de nuestra cabeza para combatir los dolores físicos, y asi poder completar los utlimos km rodeando el Central Park, incontables personas caminando, yo también.. Alguna voz conocida de aliento como la de Daniel arcucci,,, que me pasa y me alienta a continuar... cuando puedo retomo y mas adelante lo veo a el padeciendo las mismas sensaciones físicas y mentales que tan unos minutos antes yo estaba atravesando. me le acerco y sin parar, por miedo a no poder continuar mas, le expreso :" ya pase x ahí y vos también. va a pasar.".. No miro hacia atrás porque juro que no puedo.. Pero se que lo paso y que continuo como yo y como tantos miles que nos detuvimos cuando nuestros cuerpos y mentes lo ordenaron.

Y que nuevamente se pusieron en marcha cuando nuestro corazón comandado por nuestra mente lo volvió a ordenar.

Km 40...

No es la ruta que une La Quiaca con Usuahia, pero juro que son eternos esos últimos dos km dentro del Central Park. Todos y cada uno de los maratonistas en una pelea devastadora por poder superara el dolor y agotamiento físico y mental.

Todos los que pasamos por allí sabemos que sólo pudimos realizar esos dos km finales con la cabeza y con el corazón, cuerpo hace rato que nos pide detenernos y no padecer más.

Sin embargo, la fortaleza de nuestro espíritu guiado por algo superior. En mi caso, Dios y la fe de que estar allí tiene un propósito para mi vida (ustedes pueden completarlo con la historia personal de cada uno). Siento que está allí detrás, y es tan y más importante que la mía.

Por eso los admiro y los convoco a que no dejen de expresarlo, de compartirlo, porque ustedes como yo nos convertimos en nuestros propios héroes al vencer a nuestros fantasmas una vez más y lograr lo que muchos haces siglos vienen diciendo: "Están locos, sanamente locos".

Algo de eso es verdad, la locura de correr nos lleva a extralimitarnos y así sentirnos vivos. Detrás de cada maratón hay una persona con una gran historia y con una mentalidad única que debe seguir desarrollándose para los próximos desafíos.

Por Carlos Wyszengrad, finisher 2017 del Maratón de Nueva York. Profesor titular de la cátedra Psicología del Deporte en la Universidad de Flores (UFLO).

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