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Logrado retrato de las presiones del poder

Diego Batlle
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15 de diciembre de 2017  

Wormwood / Dirección: Errol Morris / G uión: Steven Hathaway y Molly Rokosz / Disponible en Netflix / Nuestra opinión: muy buena

Desde que en 1978 estrenó Gates of Heaven, Errol Morris se ha mantenido como uno de los documentalistas más importantes de los Estados Unidos. Luego vinieron películas fundamentales sobre la cara oculta, las miserias y las contradicciones de la sociedad y la clase política de su país como La delgada línea azul, Fast, Cheap & Out of Control, Mr. Death: The Rise and Fall of Fred A. Leuchter Jr. o Procedimiento estándar, entre varias otras.

De todas maneras, catalogar a esta altura a Morris como "documentalista" resulta un poco limitado e injusto. Prueba de ello es Wormwood, miniserie de seis episodios y cuatro horas de duración para la que contó con un elenco de lujo (Peter Sarsgaard, Molly Parker, Tim Blake Nelson, Bob Balaban), en los no pocos segmentos de ficción que reconstruyen los hechos reales (o las especulaciones) que maneja la investigación.

El punto de partida (que se verá en varios de los seis capítulos de manera fragmentaria y desde distintos puntos de vista) es la muerte de Frank Olson, un bioquímico que por entonces (el 28 de noviembre de 1953) era agente de la CIA y cayó desde el décimo piso del hotel Statler de Manhattan. ¿Fue un accidente, como se lo catalogó en ese momento? ¿Fue un suicidio inducido por experimentos con LSD, como se afirmó en 1975? ¿Fue un asesinato, como se concluyó tras la exhumación del cadáver en 1994? ¿O fue una ejecución con aprobación de las más altas esferas institucionales, como siguen denunciando sus familiares?

Más allá de ese hecho policial, lo que hace de Wormwood un trabajo inquietante son sus múltiples connotaciones: desde el accionar de los espías en plena Guerra Fría hasta los experimentos oficiales de control mental con uso de LSD en una operación secreta denominada MK Ultra, pasando por la utilización de armas biológicas en el conflicto de Corea.

Este híbrido combina ficción (con Sarsgaard interpretando a la víctima en una trama con estética de film-noir en la que se luce la fotografía de Igor Martinovic y Ellen Kuras); una larga entrevista del propio Morris a Eric Olson, uno de los hijos del científico, que siguió el caso de manera obsesiva; testimonios de especialistas que investigaron el tema; mucho material de archivo sobre las investigaciones; imágenes de películas familiares; fragmentos de clásicos como Hamlet, de Laurence Olivier, y segmentos con una edición que se acerca al cine experimental.

Wormwood podría ser incluido en ese subgénero tan de moda conocido como true-crime narratives (reconstrucciones de crímenes reales), pero sus alcances históricos y políticos van mucho más allá. Las conspiraciones y confabulaciones en las más altas esferas, y las presiones del poder sobre una familia y la prensa lo convierten en un apasionante rompecabezas y una impiadosa denuncia.

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