Bambalinas de una perestroika judicial que le preparan a Macri

Laura Di Marco
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15 de diciembre de 2017  

"El verdadero Lava Jato argentino es en la Justicia. Un juez solo no va a cambiar nada. Este país va a cambiar cuando haya 700 jueces nuevos y sanos", le dice al Presidente, en la intimidad, un ex compañero del Cardenal Newman, hoy funcionario del Gobierno. Participa de la mesa judicial que informalmente asesora a Macri, integrada, en gran parte, por ex compañeros de la secundaria. Abogados, en su mayoría. Después de dos años en el poder, los Newman Boys y los "lilitos", junto con Elisa Carrió, fueron tejiendo lazos. Sintonía que, a la vez, funciona como un aceitado amortiguador frente a los recurrentes enojos de una socia crucial. Una alianza estratégica impensable años atrás.

En las tareas de contención no sólo están los Newman Boys. A ese grupo hay que sumar al vicejefe de Gabinete Mario Quintana y a Horacio Rodríguez Larreta. Entre ellos se turnan para viajar a Exaltación de la Cruz cuando hay que subsanar alguna crisis. Otro recurso son las cenas de urgencia con su hijo político, Fernando Sánchez -"lilito" que hoy es funcionario en la Jefatura de Gabinete, junto a Marcos Peña-, o el abogado Juan Manuel López. El penúltimo entuerto que tuvieron que arreglar fue la furia por el regreso del "Coti" Nosiglia a la escena visible de la política, en un acuerdo de unidad dentro del radicalismo porteño. Para ella, Nosiglia es sinónimo de negocios y poder personal. Y la última tarea fue convencerla de apoyar la reforma previsional. "Si no votara con el Gobierno estaría haciéndoles el juego a los que quieren derrocarlo. No voy a conspirar contra la República", recalcó ella esta semana.

Pero más allá de la coyuntura, y en medio del tsunami judicial que cerca a los ex funcionarios K, el tándem cardenales-lilitos imagina una perestroika en la Justicia. En forma gradual, como es Cambiemos. ¿Comparte Macri ese pensamiento? En parte, sí. El Presidente tiene muchas partes. Es Macri y es Mauricio. Es el huracán Lilita, pero también es "el Tano" Angelici, que defiende la corporación judicial, incluso con sus peores personajes. Es Ernesto Sanz y "el Coti" Nosiglia. Es militante del diálogo, pero apoya el "manodurismo" de Patricia Bullirch. Y es, también, ese grupo de amigos liberales con los que creció. Un íntimo amigo de Macri que sintoniza con Carrió y es asiduo comensal en su casa admite: "Cuando veo algo que no me gusta, enseguida acudo a Carrió. Digo: «Mirá que Lilita ya puso el ojo sobre esto». Y ahí todos se asustan. Es un gran recurso para la transparencia ".

El pedido de desafuero y detención de Cristina impactó fuerte en las conversaciones de sobremesa, en la quinta Los Abrojos. "Si seguimos así, ni la Madre Teresa va a querer tener un cargo en la función pública", soltó uno de los Cardenales. A Macri le pareció razonable. Lo hablaron con el ministro Garavano y acordaron que el Gobierno presentará, en febrero, un proyecto para limitar la facultad de los jueces para dictar la prisión preventiva.

Los amigos presidenciales diseñan la perestroika imbuidos por el espíritu lilista. Lo explica uno de ellos: "Pata Medina no se dio cuenta de que el paisaje había cambiado: lo mismo les pasa a algunos jueces. Son funcionales a esa trama de impunidad por la cual los peronistas nunca iban presos. Son jueces discordantes y se van a terminar yendo". ¿Y los otros? Se mimetizarán. Es lo que ellos imaginan. La caída del camarista Eduardo Freiler, emblema de la corrupción en Comodoro Py, es parte de esa estrategia.

El Consejo de la Magistratura está auditando a los jueces federales de todo el país. "La mayoría está en el horno", admiten en un sector del Gobierno. Guillermo Lipera, el presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, es el encargado de procesar esa información. Hay críticas a los macristas y a Lipera: en los pasillos judiciales aseguran que los magistrados, indagados por los auditores del Consejo, no dijeron toda la verdad.

Cerca de la oficina de Pablo Clusellas, el secretario de Legal y Técnica, se jactan de que, desde que Cambiemos llegó al poder, unos 130 jueces asumieron por concurso. El dato es cierto: el problema es que esos concursos ya habían sido amañados por el kirchnerismo y muchos de los nuevos magistrados también portan el ADN K.

Otro defecto de la imaginada perestroika: pretende una depuración o autodepuración de los jueces federales; sin embargo, cuando entre en vigor la reforma al Código Procesal Penal, el poder recaerá sobre los fiscales (se pasará a un sistema acusatorio). El escollo aquí es el mismo: una porción importante de los fiscales federales de primera instancia también es filo-K.

Carrió tiene el defecto de anunciar cuál cabeza va a rodar, a pesar de las muchas cenas terapéuticas con el fin de moderar esa impulsividad política que, por momentos, amaga con arruinarlo todo. "Lilita, si vos lo cruzás a Mauricio por los medios, lo único que vas a conseguir es que se defienda y se encierre. Tenés que hablar los temas en la intimidad, directamente con él", le deslizó un funcionario del grupo de contención.

"Es que Lilita no puede con su genio; es muy buena estratega, pero mala táctica", deducen quienes deben andar con pies de plomo. Hace años, el abogado presidencial, Fabián Rodríguez Simón, le aconsejó: "El ataque tiene que ser secuencial, porque si los mordés a todos juntos los heridos se unen y te destrozan. La clave es dividir a tus enemigos". Eran tiempos del kirchnerismo, cuando la ex presidenta impulsaba la reforma judicial. "Es una entente entre [Ricardo] Lorenzetti y Cristina Kirchner", denunciaba ella uniendo dos factores poderosos.

Rodríguez Simón le hablaba con conocimiento de causa: "Táctica y estrategia militar aplicada en litigios complejos", era la materia que venía de impartir en la London School of Economics and Political Science. Ya entonces, cuando Pro estaba al frente del gobierno porteño, y a pesar de que entonces la Coalición Cívica era oposición,, los "lilitos" y los Newman Boys empezaban los primeros tanteos políticos. Fue la antesala del ensamble actual.

El domingo 22 de octubre, Carrió faltó al almuerzo en Los Abrojos al que estaba invitada, junto con los amigos del Presidente y algunos funcionarios. Llegó tarde, a los postres y con mala cara. Estaba molesta, esta vez, por una versión periodística que la involucraba y la dejaba mal parada. La información había sido involuntariamente filtrada por un funcionario muy allegado a Macri. "Fui yo, Lilita, perdón. No me di cuenta", se sinceró, el hombre. La admisión de responsabilidad le cambió las facciones; de golpe, se le dibujó una sonrisa muy amplia, como si hubiera entendido: "Ah, ¿fuiste vos?... Pero entonces, ¡lo hiciste por despistado, no por mala leche!". La discusión quedó saldada y el almuerzo cambió de color. Más tarde, el amigo presidencial le contó la escena a Macri. "Me hice cargo". Macri le clavó los ojos azules, incrédulo, y simplemente soltó, como asintiendo: "¡Qué audacia tenés!".

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