Trap latino: el año que el pop internacional cambió su sonido

Bad Bunny, Ozuna, Farruko; una nueva camada de artistas urbanos copó los rankings durante 2017
Federico Martínez Penna
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15 de diciembre de 2017  • 10:43

Si buscas “el top 50 de argentina” en Spotify, una lista que se elabora automáticamente con las canciones más escuchadas del momento en el país, no vas a encontrar al Indio Solari. Tampoco a Gustavo Cerati, La Beriso o El Mató a un Policía Motorizado. Ni siquiera a U2 o Coldplay. El mes pasado, entre esos 50 tracks –consumidos a diario por casi 350.000 usuarios locales– no había uno solo que no fuera de reggaetón, trap latino o su fusión declarada de ambos y conocida como “trappetón”. Etiquetas que hoy, ya masificadas en todo el mundo, podríamos traducir simplemente como música pop.

Desde el impacto global de “Despacito” y “Mi gente” hasta el meteórico ascenso de Bad Bunny, pasando por las incursiones reggaetoneras de músicos anglo como Ed Sheeran (“Shape of You”) o Justin Bieber (su remix de “Despacito” o “Sorry”), los ritmos urbanos de la región manejan el termómetro de consumo popular. Rocío Guerrero, responsable de Culturas Globales en Spotify, sostiene que el reggaetón “pasó de ser un subgénero muy discreto a ser un factor de cambio en el mercado”. A nivel mundial inclusive, un informe oficial de la compañía muestra cómo desde 2014 el género ha incrementado su alcance de escucha en un 119%, seguido por el hip hop (86%) y el pop (13%). “Ahora queremos impulsar a artistas de otros ritmos latinos y utilizar nuestra plataforma para cerrar la brecha entre el reggaetón y la música latina en general”, completa Guerrero.

A pesar de que el reggaetón sigue dominando comercialmente el ala hispanoparlante del hip hop, el trap latino es hoy un hecho que –aun en su cierta marginalidad– despegó hacia terrenos mayores. Mientras que el primero se originó desde una sonoridad y lírica de ADN boricua-panameña, el trap latino desciende del dirty south de Atlanta, Estados Unidos, a finales de los 90, y encuentra una sintonía con la actualidad anglo en la que reinan nombres como Future, Migos y Rae Sremmurd. Su estilo de bases minimalistas, cadencia lenta, hi-hats cortados, sintetizadores amenazantes y letras explícitas sobre droga, sexo y violencia le dio una feroz batalla al hip hop de raíz, hasta llegar inevitablemente al Caribe.

“La música que llamamos ‘urbana’ se está manifestando de formas diferentes”, dice Horacio Rodríguez, vicepresidente de Marketing para Universal Music Latino. “Está saliendo de las calles sin pasar por la radio. Es una contracultura de chicos jóvenes escuchando esta música.” Una noción similar atravesó a Jorge Fonseca. Motivado por la búsqueda de nuevos sonidos, el histórico gerente de A&R para Sony Music Latin viajó a Puerto Rico en 2015. En esa visita particular notó algo distinto que salía de los autos: “Empecé a escuchar menos reggaetón y más trap”.

Fonseca entendió el potencial y creó Trap Capos: Season 1, un compilado de trap en español que incluye a nuevos exponentes como Anuel AA, Bryant Myers y Noriel, y que se convirtió en el primero en alcanzar el número 1 en el chart regional de Billboard. El mix fue un éxito de ventas, pero, más importante, empujó a varios artistas a entender la nueva corriente como una suerte de ventana posgénero del reggaetón. Arcángel y De La Ghetto son algunos de los nombres históricos que migraron de sonido con resultados favorables. Antiguos secuaces reunidos, ambos lanzaron hace un año el single “La ocasión”, que a la fecha tiene más de 436 millones de views en YouTube. El colombiano Farruko les siguió los pasos y luego de declarar que se sentía limitado con el reggaetón, decidió probar con el trap. Para su sexto disco, Trapxficante, editado este año, se volcó por completo al ritmo y lo validó mediante colaboraciones con referentes generacionales como el estadounidense Fetty Wap y los latinos Anuel y Bad Bunny. En un recorrido similar, el boricua Ozuna fue testamento de la fluidez del género. Este ex bailarín de Vico C llegó a tener ocho tracks en simultáneo en el chart Hot Latin Songs de Billboard este año, entre ellos “Sobredosis”, su dúo con el rey de la bachata Romeo Santos.

Al mismo tiempo pero en un carril paralelo, un roaster de artistas independientes –pero no con menos proyección comercial ni talento– también marca tendencia y suma suscriptores y fans en las redes, con el chileno Drefquila y los venezolanos Neutro Shorty y Akapellah a la cabeza. Y en Argentina el trap también se cultiva, con una larga lista de nombres que integran Malajunta, Neo Pistéa, Obiewanshot, Marciano’s Crew, Blunted Vato, Duki y Kodigo, entre otros. “El crecimiento fue muy rápido y exponencial”, dice entusiasmado Federico Lauría, director de Lauría Producciones, responsable de los últimos shows porteños de Bad Bunny, CNCO, Maluma y J Balvin. De la misma manera que Fonseca tuvo que salir a la calle a descubrir lo que pasaba, Lauría vio que el trap latino ya se había instalado en la periferia porteña. “Trascendió cualquier clase social”, dice. “Cuando una chica de un colegio privado está escuchando la misma música que alguien de un sector con menos recursos económicos, te das cuenta de que algo fuerte está pasando.”

Lauría a su vez adjudica el fenómeno a las plataformas digitales y la accesibilidad de una música que cuenta con poco protagonismo en medios tradicionales: “Bad Bunny tiene 16 millones de seguidores en Spotify y empezó a sonar en la radio recién ahora, gracias a algunos feats de artistas más mainstream. Pero sus shows se vendieron gracias a los consumidores de Spotify y YouTube”. A fuerza de plays, ese público agotó dos Luna Park en apenas diez días.

Aunque aún de forma parcial, sucesos como éstos han empezado a pegar de cerca en el contexto del pop. En su último disco, El Dorado, Shakira incluyó dos duetos con Maluma; pero de esos, sólo “Chantaje” se editó como single. El otro, apropiadamente llamado “Trap”, quedó casi sepultado en el tracklist, quizás porque la radio todavía no está lista para uno de los temas más explícitos que la colombiana ha grabado en su carrera. Maluma no es ajeno a esto desde que en 2016 sacó “Cuatro babys”, un trap donde narra los malabares que hace para estar con cuatro mujeres a la vez. La controversia fue tal que hasta empujó a un grupo de personas a crear una petición en change.org para sacarla de circulación. En paralelo, su facturación de cuádruple platino pareció no detener el impacto de su popularidad y de la expansión de este nuevo subgénero: varios de estos artistas ya han recibido llamados extranjeros para hacer colaboraciones. “La música ya no sólo se crea en Estados Unidos”, explica Fonseca. “Un hit puede venir de cualquier lugar.”

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