Los desafíos de las argentinas al frente del W20 (el G20 femenino)

Andrea Grobo
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15 de diciembre de 2017  • 17:13

La inclusión e incorporación de la mujer en la economía no sólo mejora la calidad de sus vidas y su autonomía, sino que también beneficia a la sociedad en su conjunto. Estudios muestran que cerrando la brecha de género en un 25%, el PBI global aumentaría algo más de un 7% para el 2025, y que aquellas empresas que cuentan con al menos un 30% de ejecutivas, tienen un 15% más de rentabilidad. La mujer con participación plena en el mercado laboral es una cuestión que debería interesar a todos y la buena noticia es que ya abundan los diálogos en torno a este tema.

Para alcanzar este objetivo, hace tres años se creó el W20, como "grupo de afinidad" al G20. Su principal objetivo es acercar ideas, proponer acciones y políticas para lograr la inclusión de mujeres y la perspectiva de género en los compromisos que asume el G20.

El lunes pasado, se realizó el evento de lanzamiento donde se formalizó el traspaso de la presidencia de la entidad, de la alemana Mona Kuppers, a la diputada argentina Susana Balbo y a mí. Continuaremos así con los ejes que se trabajaron en Alemania, como inclusión financiera, laboral y digital, pero hemos decidido agregar el desarrollo de la mujer rural como deuda pendiente.

Durante la jornada, a través de las palabras de Gabriela Michetti y de los ministros Nicolás Dujovne y Carolina Stanley, se remarcó que la voluntad de Argentina es posicionar a la equidad de género como uno de los temas principales de su mandato en el G20. Por nuestra parte, aseguramos que el W20 trabajará arduamente para que esto sea así, ya que un desarrollo sustentable sólo puede darse si se toma la diversidad como fuente de enriquecimiento, creatividad e innovación.

En esta línea, el W20 entiende que el empoderamiento de la mujer podrá llevarse a cabo sólo si éstas se ven incluidas plenamente en el mercado laboral, y para ello se necesitan habilidades digitales y financieras para nuevas y mejores oportunidades. Ello, entendiendo que las situaciones varían según la posición geográfica: las necesidades de las mujeres urbanas no son las mismas que las de zonas rurales. Para esto, el W20 se presenta como vehículo de cambio, no sólo en lo material sino también cultural.

Esta problemática no es ajena a la Argentina, donde la brecha salarial es de casi el 23%, en detrimento de las mujeres; esta diferencia se profundiza en labores no calificadas, y aún más en ciertas provincias. Aquellas que son madres deben enfrentar una brecha adicional a la de género. En promedio invertimos en trabajo no remunerado el doble de horas que los varones, lo cual se presenta como limitante a la hora de de incrementar horas de trabajo (y de calidad). Otra señal de desigualdad es la que se repite en los altos cargos ejecutivos en empresas, por ejemplo, en el caso de CEOs, solo el 7% son mujeres.

Sabemos que no será nada fácil. Sin embargo, tanto Susana como yo, tenemos la firme convicción de que se puede y por eso estamos asumiendo este enorme desafío. Si la sociedad civil trabaja unida, dejando de lado individualismos y pensando en lo colectivo, seguramente logremos ver resultados en un tiempo menor al previsto en los informes internacionales.

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