Sobornos y chantajes con los chicos

Maritchu Seitún
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16 de diciembre de 2017  

Las consecuencias empiezan muy temprano en la vida, la mamá saca al bebe del pecho cuando la muerde, o el papá pone en el piso a su hijito de un año -que tenía alzado- porque le pegó. Nos rigen durante toda nuestra vida.

Es sutil e importante la diferencia entre sobornar a nuestros hijos y hacerles entender que sus conductas tienen consecuencias. Puede ser simplemente una cuestión de términos: "Cuando te hayas bañado podés ver televisión" (consecuencia) es muy diferente a "si te bañás podés ver tele" (soborno).

Las cosas que les pedimos suelen ser razonables, y las pensamos en su beneficio, no son en general arbitrarias o injustas. Y en muchos temas los chicos no pueden elegir, tienen que hacer caso en situaciones que impliquen temas de salud, ética o seguridad: "Me das la mano para cruzar", "Devolvé lo que le sacaste a tu hermano", "Vamos a vacunarte", son ejemplos de estas situaciones en las que no caben sobornos.

Sobornar es "corromper con dádivas o regalos". Nuestra intención no es corromper a los chicos, buscamos que hagan lo que les pedimos por los medios que nos resultan eficaces ¡y el soborno lo es! Pero tienen grandes desventajas, veámoslas en el ejemplo del baño:

1 Le damos la alternativa de no aceptar el soborno, pero nos abrimos a la opción de que no se bañe (no se baña y no ve tele).

2 Los sobornos son cada vez más caros: los chicos se acostumbran a recibirlos y piden más.

3 Perdemos autoridad al entregar la decisión al chico, lo que a menudo resulta en más problemas; cuando responde "no me baño y no veo tele" nos enojamos, ¡y nosotros le concedimos el derecho de elegir!

4 Se nos vuelve en contra: ellos aprenden a sobornarnos ("me baño si primero me prestás tu teléfono"),

5 Se ven llevados por una motivación externa en lugar de ir encontrando una interna (da gusto meterse en la cama recién bañado).

Los sobornos son intentos de que hagan lo que queremos sin enojarse ni enojarnos. Es inevitable que se enojen porque son chicos y no entienden las amorosas, protectoras y responsables razones que conducen nuestro accionar con ellos.

La autora es psicóloga y psicoterapeuta

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