El reencuentro entre Juan Martín del Potro y el Luna Park: la exhibición del tandilense ante Nick Kyrgios

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Once años pasaron desde la anterior actuación del tandilense en el clásico estadio porteño, donde anoche jugó con Nick Kyrgios
Fernando Vergara
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15 de diciembre de 2017  • 22:44

Ambos tienen un espacio asegurado en la historia del deporte argentino. Siempre por separado y cada uno con su mística, Juan Martín Del Potro y el Luna Park acumulan capítulos memorables, batallas, jornadas de ensueño y frustraciones. Uno, a fuerza de triunfos y coraje. El Palacio de los Deportes, como escenario de grandes gestas y Templo del Boxeo. Desacostumbrado al desfile de raquetas, anoche volvió a recibir al tandilense después de 11 años, en una exhibición con el australiano Nick Kyrgios.

La última actuación de Del Potro en el mítico estadio porteño había sido por la Copa Vilas en 2006, cuando tenía 18 años y daba sus primeros pasos en el circuito. Allí tuvo del otro lado al español Tommy Robredo. Luego llegarían memorables triunfos sobre los mejores exponentes del tenis, la consagración en el Abierto de Estados Unidos de 2009 y la emoción de las medallas olímpicas y la Copa Davis, entre otros logros. "Estoy muy contento de jugar en el Luna Park, un estadio emblemático para nuestro país y todos nosotros", expresó el ganador de 20 títulos en el circuito.

Ya consagrado, le tocó a Del Potro desfilar por el escenario que contó con varias de las principales figuras del deporte argentino en las últimas siete décadas. Un espacio lleno de historias que vio a Carlos Monzón, Guillermo Vilas, José Luis Clerc, Emanuel Ginóbili y Luis Scola, entre otros. El mismo lugar que albergó el legendario título mundial en básquetbol para la Argentina en 1950 e innumerables combates de boxeo. Ya más acá en el tiempo, fue la sede del Mundial de vóleibol en 2002.

Este año circuló un rumor acerca de una posible venta del Luna Park, postal inconfundible de la ciudad, que fue también escenario de grandes acontecimientos artísticos, religiosos y políticos desde que abrió sus puertas, en 1931. Aseguran que una llamada desde el Vaticano frenó la venta del recinto a un grupo inversor que pretendía construir oficinas. El arzobispado porteño controla el lugar desde 2015, cuando se hizo efectivo un testamento en el que Ernestina Devecchi, viuda de Tito Lectoure, dejó la mayoría accionaria a los hermanos salesianos.

Cerca de las 20.30, Del Potro y Kyrgios fueron presentados por separado. Hubo una ovación al australiano, y una mayor al argentino por parte de las 3500 personas que llegaron a Corrientes y Bouchard. "El que conoce a Nick sabe qué espectáculo puede brindar. Está un poco loco pero es un tenista enorme", dijo el tandilense. Por los parlantes sonó "Astros", de Ciro y Los Persas, uno de los temas y una de las bandas preferidos del argentino. En medio del sorteo, de las tribunas bajó el clásico "¡olé, olé, olé, olé, Delpooo, Delpooo!".

En 2016, tras la brillante temporada de Juan Martín con la medalla plateada olímpica en Río de Janeiro y la conquista de la Copa Davis, la efervescencia generó que la exhibición frente a David Ferrer en Tortuguitas -también en diciembre- luciera un marco imponente. Ayer, el alto precio de las entradas (la más económica, en las cabeceras, costaba 900 pesos), provocó que hubiera varios claros.

Pero Kyrgios conoce los trucos necesarios para mantener divertido al público y le entrega la cuota de distensión y entretenimiento que los espectadores van a buscar en este tipo de sucesos. Para el nacido en Canberra, de 22 años y 21º del ranking, se trató del primer enfrentamiento con Del Potro y también de la primera visita a la Argentina, a donde vino en medio de su pretemporada.

Las principales ovaciones llegaron con cada misil de derecha que ensayó Del Potro y retumbaron en el mítico escenario. El consagrado tenista argentino y el Luna Park se debían otro encuentro.

Victoria de Del Potro

En su segunda vez en el Luna Park, Juan Martín Del Potro venció al australiano Nick Kyrgios por 6-4, 4-6 y 6-2, entre derechas demoledoras, saques potentes, voleas de lujo y alguna Gran Willy del australiano. También hubo interacción con los espectadores. En el segundo set, un chico ingresó a la cancha con una carta que le regaló a Del Potro, que lo abrazó y le obsequió su vincha. Hubo peloteos con chicas alcanzapelotas y selfies con el público. "Me pone muy contento estar acá. Para 2018 sueño otra temporada sin lesiones. Después de mi vuelta al tenis jamás imaginé todo lo que pasó. Espero que me toquen grandes partidos frente a los mejores", manifestó el tenista argentino.

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