Juan Martín del Potro y la comunión con el público en el Luna Park: una noche a puro lujo

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
El tandilense vivió una jornada soñada en la exhibición ante Nick Kyrgios
Fernando Vergara
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16 de diciembre de 2017  • 09:15

Las muestras de cariño y de admiración se repitieron una tras otra en las voces del público y se hicieron eco en la segunda vez de Juan Martín del Potro en el mítico Luna Park de Buenos Aires. Un estadio emblema para uno de los grandes exponentes del deporte argentino en los últimos tiempos. Allí, el tandilense venció a Nick Kyrgios por 6-4, 4-6 y 6-2 en una exhibición en la que no faltaron derechas demoledoras, saques potentes de dos de los mejeros servidores del circuito, voleas de lujo y al excéntrico australiano ensayando alguna "Gran Willy".

El tandilense, de 29 años, había jugado por última vez en el Luna Park en la Copa Vilas de 2006 cuando tenía apenas 18 años. Cerca de las 20.30, tanto Del Potro (11º del ranking mundial) como Kyrgios (21º) fueron presentados por separado. Ovación para el australiano, y mayor intensidad aún para saludar la aparición del argentino por parte de las 3500 personas que llegaron al complejo de Corrientes y Bouchard. "El que conoce a Nick sabe el espectáculo que puede brindar. Está un poco 'loco' pero es un tenista enorme", dijo el tandilense todavía con el raquetero en el hombro. Por los parlantes se escuchó "Astros", de Ciro y Los Persas, uno de los temas preferidos del argentino de parte de una de sus bandas favoritas. En medio del sorteo, de las tribunas bajó el clásico "¡Olé, olé, olé, olé, Delpo, Delpo!".

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

No tardó demasiado Kyrgios en sacar a relucir su repertorio. Primero se escuchó el clásico "¡Uhhh!" ante la potencia de cada uno de sus servicios, que normalmente superan los 200 km/h. Apenas en el segundo juego del primer set el australiano ensayó una Gran Willy, pasándose la raqueta entre las piernas y de espaldas a su oponente, pero el envío quedó en la red. La gente, distendida, comenzó con los aplausos. Más tarde volvió a insistir con el tiro patentado por Guillermo Vilas, aunque esta vez con mayor efectividad. El jugador nacido en Canberra es un exponente que conoce todos los trucos para mantener al público divertido y le entrega esa cuota de distensión y entretenimiento que los simpatizantes van a buscar en este tipo de eventos.

Con su novia Jimena Barón en uno de los palcos, las principales ovaciones para Del Potro llegaron con cada uno de los misiles de derecha que tiró y retumbaron en el mítico escenario de Corrientes y Bouchard. Con el cierre a su favor tras el 6-4 inicial, el tandilense regaló algunas de sus muñequeras a los espectadores, algo que volvería a hacer una vez finalizado el partido. "Qué fuerte y con qué soltura le pegan a la pelota", se escuchó el diálogo entre dos amigos en una de las plateas.

La última actuación de Del Potro en el mítico estadio porteño había sido en 2006, entonces, con sus primeros pasos en el circuito profesional. Allí tuvo del otro lado al español Tommy Robredo. Para el ex número 4 del ranking luego llegarían históricos triunfos ante los mejores exponentes del tenis, la consagración en el US Open 2009 y la emoción con las medallas olímpicas y la Copa Davis, entre otros logros. "Estoy muy contento de poder jugar en el Luna Park, un estadio tan emblemático para nuestro país y todos nosotros", expresó el ganador de 20 títulos en el circuito.

También hubo espacio para la interacción con los espectadores. En el arranque del segundo set, un nene ingresó a la cancha con una carta que le regaló a Del Potro, quien lo abrazó y a su vez le obsequió su vincha. El "¡Olé, olé, olé, olé, Delpo, Delpo!", surgió espontáneo una y mil veces. Un poco de show, por supuesto, como en toda exhibición, pero se vieron grandes puntos y buen juego.

Más adelante fue el turno del peloteo de dos chicas alcanza pelotas contra Kyrgios, quien lució sonriente y dispuesto a fotografiarse con sus seguidores. Al instante llegó el mejor punto del partido, más allá del error final del australiano: el tenista de Canberra colocó una Gran Willy de globo maravillosa y Del Potro tuvo que esforzarse para alcanzarla, al punto que su envío apenas pasó la red. Agazapado, el toquecito de Kyrgios quedó de su lado aunque no impidió la gran ovación de los 3500 espectadores y el saludo del argentino con una sonrisa.

Cuando se definió la victoria de Del Potro la gente se puso de pie para prolongar el aplauso. "Son dos grandes", le decía una señora a su hijo apenas el tandilense cerró el encuentro por 6-4, 4-6 y 6-2. "Me pone muy contento el hecho de estar acá. Para 2018 sueño con otra temporada sin lesiones. Después de mi vuelta al tenis jamás imaginé todo lo que me pasó. Espero que me toquen grandes partidos frente a los mejores", dijo Del Potro.

Para el argentino, entonces, aparece por delante una temporada 2018 con varios desafíos. Buscará un comienzo de año con un nivel similar o superior al que exhibió en la recta final de la temporada 2017. También con buena salud, como pidió en el Luna Park. Del Potro comenzará a competir en Auckland desde el 8 de enero, una semana antes del Abierto de Australia.

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

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