Los porteños, los más infieles del país

La tentación es cada vez más grande
La tentación es cada vez más grande
Amanda Jot
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25 de diciembre de 2017  • 00:38

Cada vez que termina un calendario el ser humano "entiende" que la palabra "fin" es sinónimo de tirarlo todo por la ventana. Así ensuciamos la ciudad arrojando papeles acumulados en la oficina, comemos hasta reventar en las fiestas, gastamos el aguinaldo en cosas que no necesitábamos y, peor, algunos aprovechan para tirarse una canita al aire. Dicen las encuestas que en estas épocas aumentan las ocasiones de infidelidad debido al número de eventos sociales en los que solemos beber de más, y terminar en camas ajenas. Según una red de citas para casados, la ciudad de Buenos Aires se convirtió en la capital de los pecadores al contabilizar 4,4 porteños infieles por cada 1.000 habitantes, podio secundado por los vecinos platenses. La cifra es promedio anual, aclara.

Evidentemente la oferta de cariño descomprometido se ha multiplicado en todo el mundo, entre otras razones debido a la cantidad de portales que ofrecen contactos entre usuarios con alguna clase de relación sentimental estable. Al decir de otro sitio de idéntico propósito, antes se consideraba que la mayoría de los miembros de estos clubes eran hombres pero oh sorprais, los porcentajes se han invertido. Según una encuesta del Centro de opinión e Investigación de Estados Unidos, las mujeres heterosexuales engañan un 40% más que en la década del 90. El mismo estudio revela que mientras la cantidad de maridos infieles se mantiene en un 21% desde hace unos años, el número de mujeres casadas que tiene relaciones extraconyugales aumentó en un 70%. "Por nuestra parte hemos observado que ha crecido el grupo de usuarias mujeres de entre 35 y 49 años, lo que avala el estudio mencionado" explica Matías Lamouret, vocero de uno de los portales. "A su vez, también creció el grupo de entre 49 y 55 años tanto de hombres como de mujeres, o sea que observamos que cuando más se cometen infidelidades es en edades maduras, cuando los hijos ya son grandes".

Es compresible que a muchos les dé por cumplir las fantasías y querer recuperar el tiempo "perdido" antes de que se apague la mecha de la pasión. No estamos para juzgar, y cierto es que cada quién tiene sus motivaciones, pero a cierta altura vivir en la mentira es más esclavizante que tener un matrimonio aburrido. Y en todo caso, la ciudad no tiene la culpa de nuestras frustraciones, por eso, evitemos tirar los papeles a la calle.

Por: Amanda Jot

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