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Empate: la escuela de fútbol cordobesa en la que desarrollarse es el mejor gol

Un equipo interdisciplinario de 30 profesionales trabaja con niños y adolescentes con síndrome de Down; sueñan con ampliar el año próximo la vinculación con otros sectores
Gabriela Origlia
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19 de diciembre de 2017  

CÓRDOBA.- Martes y jueves, de 17 a 18, la cancha es de ellos. Patean la pelota, se divierten y comparten sus sueños. Son 54 los chicos que tienen su cita en Empate FC, la escuela de fútbol gratuita para niños y niñas con síndrome de Down que funciona en esta ciudad desde comienzos de año, y que el próximo extenderá sus actividades al área sociocultural.

Germán Laborda, analista de sistemas, es el fundador y presidente de la fundación Empate. Jugador de básquet, hacía tiempo que tenía la idea de poner en marcha una iniciativa con chicos con síndrome de Down desde el deporte y crear un espacio para que compartieran.

A comienzos de año empezó a buscar voluntarios en las redes sociales; sumó 30 que integran un equipo interdisciplinario, y trabajan con los niños y adolescentes que van a la cancha. Participan de todas las edades, el más pequeño es Antonio, de 3 años, y el mayor, Mario, de 38. Se organizan en grupos según las dificultades psicomotrices, y así entrenan y juegan.

Los chicos entrenan y juegan en grupos según sus dificultades psicomotrices
Los chicos entrenan y juegan en grupos según sus dificultades psicomotrices Crédito: Gza. Empate FC

"Todos están muy comprometidos; son jóvenes que estudian carreras como acompañante terapéutico, psicomotricista, profesorado de Educación Física, y están felices de trabajar con nuestros chicos", dice Zelmar Niedfeld, padre de Ciro, de 6 años.

Martín De León, de 11, percibe el cariño con que lo tratan y "sueña" con ir a la escuela, cuenta su padre, Horacio: "Habíamos intentado en otra, pero hubo algunos problemitas con otros papás a los que les costaba entender sus actitudes. En Empate está feliz".

Los "problemitas" de los que hablan los padres tienen relación con algunas reacciones de sus hijos -como impaciencia, algún empujón- que no caen bien al resto. "Más que a los chicos, suele molestar a otros padres, y es entendible". Por eso, apunta De León, es importante que aprendan a manejar sus dificultades, coordinen mejor sus cuerpos, incorporen técnicas y "trucos" para controlarse.

El complejo El Albo -a pocas cuadras del centro cordobés- les presta las canchas para sus prácticas y, una vez al mes, organizan partidos con chicos de otras escuelas. "Buscamos el empate, igualar, conseguir un mismo resultado. Nadie pierde y todos ganan si empatamos, si nos aceptamos por igual; aunque apuntemos hacia diferentes arcos, todos «pateamos para el mismo lado»", explica Laborda.

El año que viene, el objetivo es poder sumar chicos con otras discapacidades y contar con una casa para realizar talleres socioculturales. "Vamos en esa dirección, estamos analizando cómo sostenerla. Hasta ahora, la experiencia es la mejor", apunta Laborda.

Coincide con los padres que lo más difícil fue que otros comprendieran que la escuela no segrega: "Buscamos su desarrollo psicomotriz. Son notables los avances conseguidos; los voluntarios trabajan intensamente en ese aspecto. La integración viene por los partidos compartidos y muchas actividades extra fútbol que hacemos, como ir al cine, al parque, a un recital".

Luciano Allende Bean tiene 19 años y después de jugar en Las Liebres desembarcó en Empate; está preseleccionado por la AFA -junto a dos compañeros de la escuela- para integrar la selección argentina de fútbol de síndrome de Down. "Ama el fútbol, ve una pelota adelante y empieza a jugar; llegó por pura pasión", señala su madre, Andrea.

Agradece el trabajo "increíble" de los profesores y compañeros de Las Liebres como de Empate: "Le permitieron que se exprese a través del deporte, hicieron una movida para que los vean en la AFA. Es un espacio de felicidad".

Desde la escuelita se contactaron con los técnicos de la selección, que vinieron a Córdoba a observar las prácticas; vieron a siete chicos y eligieron a los tres que ya concentraron en Buenos Aires. La próxima es en marzo, de cara a la Copa América de selecciones de síndrome de Down.

Laborda entiende que padres y chicos disfrutan más del proyecto, porque "muchos vienen del «no». El no en la escuela, en un club, en una obra social". Niedfeld subraya: "[Más allá de lo futbolístico], todos estamos en la misma situación, nos contenemos en cuestiones de la vida cotidiana y nos entendemos porque vivimos lo mismo".

"Nos apoyamos, se genera espacio donde no hablamos sólo de los problemas de nuestros hijos, sino que nos divertimos. En un punto es lo mismo que un equipo común, hay competencia, juegan, la pasan bien", aporta Allende Bean.

De León enfatiza que Empate es una posibilidad de crecimiento y de sentirse bien: "Por eso Martín sueña con ir, no quiere faltar".

A todos les gusta viajar juntos en colectivo para ir al encuentro de otro equipo, ser "visitantes" en otra cancha, mostrar cómo -durante estos meses- fueron mejorando y creciendo. "Compiten bien, quieren ganar, uno los ve y es maravilloso", agrega Andrea.

En agosto, el papa Francisco recibió a un grupo de delegados de Empate FC, de la que participó Leo. "Fue emocionante poder contarle lo que hacemos, mostrar lo que logramos", resume Laborda.

Todos coinciden que, al inicio de la experiencia, tuvieron dudas que se fueron disipando con el paso de los meses, las prácticas, los partidos de integración y las salidas. Laborda insiste en que desde los chicos hasta los padres, pasando por los voluntarios y los jugadores profesionales que suelen visitarlos, colaboran en que la idea "se consolide y crezca".

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