En el fondo de la urna

El alto porcentaje de ausentismo y de votos en blanco o impugnados registrado en las últimas elecciones abre la discusión sobre la necesidad de modificar el sistema electoral.
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23 de noviembre de 1997  

EL 26 de octubre último la cuarta parte de los argentinos no votó o lo hizo por nadie. Más de 6 millones de habitantes protestaron, de un modo u otro, contra la clase política, al amparo de una ley que, desde hace 85 años, sólo amenaza (y no sanciona) a quienes no se presentan a votar.

Esa señal no pasó inadvertida para La Nación , que en el editorial del 2 del actual instaló la necesidad de replantear el criterio de la vieja ley Sáenz Peña. A partir de allí, el debate comenzó a ganar espacio: voto obligatorio como en Brasil, Chile, Uruguay o México; o voluntario, como en los Estados Unidos, el Reino Unido o Francia. Siguieron las encuestas, que marcaron que el 51 por ciento de la población no iría a votar si el sufragio fuera optativo.

La escritora María Esther de Miguel, el constitucionalista Daniel Sabsay, el politicólogo Rosendo Fraga y un joven de 23 años que votó en blanco en la última elección, Sebastián Aguirre, analizaron el tema y aportaron argumentos para quienes aún no han tomado una posición.

María Esther de Miguel: -Creo que para modificar el sistema electoral nos falta una solidez de actitudes cívicas asentadas. Cada uno tiene que asumir su ciudadanía y votar, como sea. En realidad, yo estoy siempre en contra de cualquier autoritarismo, hasta de los semáforos rojos y verdes. ¿Hasta cuándo seguir con el voto obligatorio?

Daniel Sabsay: -Creo que depende del sentido del sufragio. Si es considerado como una libertad, un derecho político que nos da la posibilidad de elegir y de ser elegidos, la obligatoriedad se transforma en una contradicción; si el sufragio, en cambio, es observado desde el punto de vista colectivo, se transforma en una función, y esa función sólo puede ser interpretada por el concierto de los componentes del electorado, que lo ejercitan. No obstante, creo que el voto debe seguir siendo obligatorio hasta que la democracia esté lo suficientemente consolidada como para no autocuestionarse si un número importante de sufragantes no vota.

-¿Esta espera no podría derivar en un sentimiento de ansiedad popular?

Sabsay: -Acá hubo un mandato: se eligió a quienes votaron a favor de constitucionalizar la obligatoriedad del voto. Y eso fue legitimado por la unanimidad de los convencionales constituyentes, que representaban a más del 90 por ciento de los partidos políticos del país.

Rosendo Fraga: -Para mí, el sistema electoral es instrumental. En un momento histórico, cada país debe determinar cuál es el sistema electoral que corresponde. No hay un sistema electoral perfecto. En 1912, cuando se sancionó la ley Sáenz Peña, era conveniente el voto obligatorio, por varias razones; una de ellas era que el país tenía el 30 por ciento de la población analfabeta. Veníamos de una Argentina donde votaba menos del 10 por ciento de los hombres habilitados. Entonces, a principio de siglo, el voto obligatorio tenía un sentido. También hay un nexo entre la cultura de una sociedad y el sistema electoral de sus países. La cultura anglosajona tiende al voto voluntario. En cambio, la latina tiende al voto obligatorio. Yo creo que acá el problema es que, a medida que transcurren las elecciones, la gente va perdiéndole respeto a la obligatoriedad del voto, porque la pena o la sanción no se hacen efectivas. Ese fenómeno crea una brecha entre el sistema y la realidad.

-¿Cuál es la pena por no ir a votar?

Sabsay: -Ninguna. Se ha infundido un cierto temor, pero no hay nada.

-¿Es necesario reformar la Constitución para modificar el sistema electoral?

Sabsay: -Definitivamente.

-¿Por qué el voto en blanco?

Sebastián Aguirre: -Porque la única forma de participación democrática que tengo es a través del voto. Siento que faltan canales para participar. Por eso quise provocar que alguien se preguntara qué forma de participación se le está dando a la gente para que se sienta motivada y sea parte de la democracia.

-¿Por qué votaste?

Aguirre: -Porque el voto es obligatorio. Si no, no hubiera votado. Votar en blanco es la única forma legal de elevar mi queja al sistema, la única participación democrática, no hay algo intermedio. Tengo que ir y votar en blanco para que recuerden que existo.

De Miguel: -No coincido, parece que estuviera ante los viejos anarquistas, que votaban en blanco. Yo creo que hay otras formas de participar: también están las manifestaciones, las listas de firmas, las protestas, las huelgas. Un trabajo social en una villa miseria, en una parroquia, etcétera.

Sabsay: -Yo creo que es importante lo que dijo Sebastián sobre la participación. Y pienso que a partir de la nueva Constitución porteña los jóvenes van a tener oportunidad de participar por medio de las audiencias públicas y la distribución territorial en comunas, que va a dar la posibilidad de formas democráticas semidirectas.

Aguirre: -Habrá que ver hasta qué punto, teniendo los mecanismos, la ciudadanía asume su responsabilidad para ejercer ese nuevo derecho. Por otra parte, quiero dejar en claro mi pensamiento sobre el tema del debate: si votar es una libertad, no puede ser obligatorio.

-A partir de las encuestas, ¿se puede inferir que hay una mayoría a favor del voto voluntario?

Fraga: -Depende de cómo se plantee el debate. Acá nunca se planteó el debate. Estamos empezando a discutir el tema. Los porcentajes que se están proyectando no me parecen tan malos, si se los compara con otros países donde hay voto voluntario. En los Estados Unidos, por ejemplo, cuando se trata de una elección presidencial, el porcentaje de votantes se acerca al 50 por ciento, pero cuando la elección es legislativa sólo concurre a votar el 30 por ciento.

De Miguel: -Yo no sé mucho de la vida en los Estados Unidos, pero no creo que estén las botas militares prontas para salir de los cuarteles, como ocurre acá.

-¿Sería entonces una buena medida convocar a un plebiscito para que sea la población la que defina este tema?

Sabsay: -No se puede. No está establecido por la Constitución. El plebiscito también lo quieren utilizar los amigos del presidente de la Nación para habilitar una nueva reforma de la Constitución y lograr la re-reelección.

-¿El voto es un derecho o una obligación?

Fraga: -Hay una discusión filosófica sobre ese tema. A fines del siglo XIX había una lucha por el "derecho" al sufragio. Ahora, el derecho está puesto como una obligación. Cuando uno analiza el debate legislativo de 1912 puede ver a Indalecio Gómez, entonces ministro del Interior, defendiendo el voto obligatorio. En cambio, Julio Roca, diputado conservador, estaba por el voto voluntario según el modelo inglés. Qué quiero decir: esto ya se planteó en otro tiempo y, en aquel momento, la mayoría conservadora de la Cámara votó por la obligatoriedad y la idea de que hacía falta un proceso educativo.

De Miguel: -De todos modos, creo que el voto voluntario sería una experiencia suicida.

Sabsay: -¿Por qué? Yo tengo una hija adolescente que no ve la hora de poder votar.

Aguirre: -Sí, porque va a votar por primera vez.

Fraga: -Es cierto. A menor edad, menos concurrencia a votar. Entre los mayores de 50 años, concurriría el 54 por ciento; entre los de 30 a 49 años, el 45 por ciento; entre los de 18 a 39 años concurriría sólo el 36 por ciento. La síntesis es: a mayor edad, mayor es la predisposición a votar.

-¿Cómo se explica este fenómeno?

Fraga: -Hay una vivencia de la democracia muy diferente. Un chico que votó por primera vez este año, tenía 4 años cuando asumió Alfonsín. Ese chico sólo conoce la democracia. Más aún: la única experiencia que tiene del proceso económico es la estabilidad. Hay jóvenes que desde los 8 o 9 años siempre tuvieron el mismo tipo de cambio. Da la sensación de que plantearse este tema es como entrar en un callejón sin salida. Cuanto más se avanza en favor de reformar el sistema electoral, más conciencia se va tomando de que no se debe modificar la Constitución.

Sabsay: -Es cierto. Coincido en que la Constitución no se puede modificar muy a menudo. Aunque creo que tiene muchos defectos.

Fraga: -El gran problema de la Constitución es la no sanción de las leyes que tienen que reglamentarla. Lo peor de las normas es que no se cumplan. Tenemos cantidades de leyes que tenían un plazo para que el Congreso las reglamentara.

-¿Cuál sería la medida política más efectiva para oxigenar el sistema electoral?

Fraga: -La gente está claramente en contra de las listas sábana y a favor de las internas abiertas.

-¿Si eso se diera, habría más motivaciones para votar?

Aguirre: -Sí, por supuesto. Garantiza más transparencia y participación. Hoy los partidos políticos se manejan como en la época de Yrigoyen. ¿Qué joven hoy en día está militando en un partido político? Yo milité durante 3 meses en el Frepaso y me tuve que ir por haber cuestionado a un concejal.

Fraga: -En general, en los países con democracias estables y consolidadas, la participación juvenil en política es baja. Nuestra vivencia política era distinta, era vida o muerte, conservadores y radicales, peronismo y antiperonismo.

De Miguel: -No hay que olvidarse de la experiencia terrible que tuvimos con la represión.

-¿Usted cree que el voto voluntario puede ser el germen para un golpe de Estado?

De Miguel: -Si nos lavamos las manos con el voto, creo que sí. No tenemos una democracia consolidada.

Fraga: -Yo, en cambio, no veo posibilidades de que se produzca un golpe militar.

De Miguel: -Tal vez no ahora, pero cuando escucho hablar de re-recontra reelección, tiemblo.

-¿Por qué inmediatamente se relaciona el voto optativo con el operativo reelección?

Fraga: -Creo que la reelección es un problema de cultura política que excede la figura de Menem. Si no, miremos las provincias: la tendencia reeleccionista no respeta ningún color político. Este es un problema de cultura política que pasa en el peronismo, en el radicalismo y en los partidos provinciales.

De Miguel: -En el Frepaso todavía no pasa porque no son gobierno.

Sabsay: -Nuestra cultura política es "todo para mí, por siempre". Con esto no quiero decir que estoy a favor de la no reelección absoluta, como en el sistema mexicano.

De Miguel: -Ah, por eso en México roban tanto la primera vez...

Fraga: -Donde yo creo que se cometió un error fue en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, porque también se incluyó la cláusula de la reelección.

Sabsay: -Esa era la oportunidad de marcar una tendencia diferente. Se la incluyó con el cuento de que era al estilo de los Estados Unidos, pero es mentira, no es así, porque en los Estados Unidos uno está en el poder durante cuatro años, tiene la posibilidad de la reelección y después se va a su casa para siempre. Acá no, tenés cuatro años en el Gobierno, la posibilidad de la reelección, de irte luego a tu casa y, si querés, volver después por otros ocho años.

Aguirre: -¿Se dan cuenta, ahora, por qué voté en blanco? Esta es una sociedad donde prima el individualismo. Acá no existe la solidaridad, lo que piensa la gente.

Fraga: -Yo noto que la apatía de la juventud hacia la política se ve compensada con una predisposición distinta hacia lo social.

De Miguel: -Yo creo que la única utopía de hoy es la ecología. Fíjense que es la única actividad que está reuniendo a los chicos.

Gustavo Mura

(c) La Nacion

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