Salí del piloto automático

Crédito: Pixabay
Transformá tu entorno con patrones de pensamiento más flexibles
Andrea Churba
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26 de diciembre de 2017  • 00:40

Habitualmente, damos por sentado que elegimos libremente en qué enfocarnos y cómo actuar ante una circunstancia. Sin embargo, la cantidad de variables que podemos detectar está limitada por los patrones de percepción que fuimos asentando a lo largo de la vida a partir de nuestras propias experiencias, la cultura de la época en que vivimos y el mandato de cómo se hacen las cosas en las organizaciones en que trabajamos. Esto no es ni bueno ni malo: así funcionamos las personas.

El proceso de la mente humana es similar al de la edición de una película. El cerebro toma los datos de los sentidos y privilegia algunos sobre otros: recorta, elimina, admite, rechaza, amplifica, reduce, une y separa. La edición de los fragmentos seleccionados construye la película de nuestra “realidad”, le da forma y sentido. Las emociones y los estados de ánimo actúan como efectos especiales que distorsionan el foco: es muy diferente lo que vemos y las posibilidades de acción que percibimos si estamos optimistas y tranquilas de si nos sentimos frustradas, tristes o estresadas. Y los criterios de edición no son buenos ni malos en sí mismos, no son verdaderos o falsos. Son presupuestos y creencias que anteponemos a la lectura del contexto y que nos llevan a reaccionar en automático.

SALÍ DE LA CAJA

Si usamos filtros que son muy rígidos o anticuados, vemos pocas alternativas, siempre las mismas. Como asumimos que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera, seguimos arando el surco de la costumbre. Si ocurre A, hacemos B. Por ejemplo, si la demanda en el trabajo es fuerte, nos quedamos más horas en la oficina o sumamos presión sobre nuestros colaboradores. Insistimos en aplicar las variaciones de B porque es lo que ya probamos, lo que alguna vez nos dio buenos resultados, lo único que nos parece que es obvio, lógico, cierto o posible.

Al no cuestionarnos si existen otras vías de acción, dejamos fuera de la edición opciones creativas, diferentes, que ampliarían nuestro margen de acción. Por ejemplo: ¿qué pasaría si invirtiéramos en desarrollar a otra persona para poder delegarle parte de la responsabilidad con la confianza de que lo puede hacer igual, o mejor, que nosotras mismas? ¿Podríamos tercerizar algunas tareas? ¿ Con quién o quiénes podríamos aliarnos para simplificar los procesos y asegurar su fluidez?

Las posibilidades de influir sobre el entorno y, eventualmente, transformarlo dependen de la flexibilidad de nuestros patrones de percepción. Para evolucionar e innovar, tenemos que revisar y actualizar periódicamente nuestros filtros, de modo que sean funcionales a las necesidades de un contexto que permanentemente está cambiando. •

Llevalo a la práctica

  • ¿Qué alternativas para actuar estoy viendo en esta situación?
  • ¿Qué otras opciones pueden existir, aunque a priori no me parezcan obvias, lógicas o normales?
  • ¿Qué pasaría si...?

¿Estás necesitando un cambio? ¿Qué esperás para cambiar el foco? También leé: Qué es la conexión emocional y cómo te puede cambiar la vida y Cómo armar tu propia empresa (aun estando empleada)

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