Real Madrid-Barcelona: Lionel Messi se siente Ricardo Darín en el Bernabéu

Messi, otra vez mágico en el Bernabeu
Messi, otra vez mágico en el Bernabeu Fuente: AFP
Si la presencia de Messi fue intermitente en el primer acto, en el segundo fue total
Juan Ignacio Irigoyen
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23 de diciembre de 2017  • 14:02

MADRID. - Messi se sintió Ricardo Darín en el Santiago Bernabéu. Camaleónico, a veces presente, otras ausente, nunca despistado, el Nº10 dejó otra foto para la hemeroteca. Después de celebrar junto a todos sus compañeros el segundo gol de Barcelona, el rosarino se quedó en el área de Real Madrid, solo con Keylor Navas como testigo. Entonces, el estadio merengue ya no era un campo de fútbol, era un teatro. Miró a la hinchada blanca, puso los brazos en cruz e hizo reverencia. Un gesto más de actor que de futbolista, señal inequívoca de que Messi se siente todopoderoso, sobre todo en el Bernabeu.

Cuentan en el club azulgrana que cuando la temporada pasada Luis Enrique metió en la convocatoria a Arda Turan para jugar contra Real Madrid, el turco refunfuñó. Le daba pereza viajar a Madrid. Messi no lo podía entender. Nada lo enciende más que visitar la casa del Madrid, máximo goleador en la historia de los clásicos (25), mejor artillero en el Santiago Bernabéu (15), por delante de Alfredo Di Stéfano (13) y de Raúl González (12). Sin embargo, el juego del Barça ni el de Messi arrancó en llamas en el Bernabéu.

Si había algún despistado en la cancha, ignorante de que el pequeño que llevaba la 10 azulgrana era Messi, ganador de cinco Balones de Oro, no lo hubiese podido creer. Al menos, de entrada. El argentino caminaba, miraba, corría lo justo. Buscaba su lugar. Con el Barça acorralado cerca de Ter Stegen, Messi analizaba por dónde lastimar al Madrid. Y, cuando nadie (o todos) se lo esperaban, apareció. Se tiró a la derecha y sacó un centro perfecto para que Paulinho hiciera lucir a Keylor Navas. Entonces, Barcelona atacaba a cuenta gotas. Pero si aparecía el Nº10, había trabajo para el portero del Madrid. Se pasó a la izquierda y de nuevo buscó a Paulinho. Otra vez se estiró Keylor. No había más peligro en el área del Madrid, que el que emergía desde el botín izquierdo de La Pulga.

Si la presencia de Messi fue intermitente en el primer acto, en el segundo fue total. Se llevó la marca de Kovacic para que Rakitic escalara por el centro con comodidad en la jugada que terminó con el gol de Luis Suárez. No se conformó, aunque tampoco parecía obsesionado con su gol. Todo lo contrario, estaba en modo pasador. Como en la jugada que terminó en el penal y expulsión de Carvajal. Buscó a su amigo Suárez por duplicado, antes de que el lateral de Real Madrid detuviera el balón con la mano, tras una sucesión de carambolas en el área blanca. La pena máxima era para Messi, por supuesto. Y eso que las frías estadísticas dicen que Messi es, junto a Jonathan Viera de Las Palmas, el jugador de LaLiga que más penales pifió (dos). Pero en el Bernabéu hasta su mayor debilidad se convierte en fortaleza. El Nº10 remató cruzado, fuerte y alto, imposible de parar.

Ni siquiera entonces se apagó. Le quedaba algo más en la galera: una asistencia. Esta vez, no buscó a Luis Suárez (su habitual presa en la mirilla) sino a Aleix Vidal. El extremo cerró la goleada. Octava asistencia de Messi en sus 19 partidos en el Bernabeú. Ahora sí. Barça goleaba a Madrid (0-3) y el 10 bajó el telón. La obra ya estaba terminada. "La importancia y la trascendencia que tiene Leo para nosotros es incalculable", elogió Iniesta al rosarino. Messi jugó como Messi, celebró como Ricardo Darín.

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