El equilibrio fiscal y el equilibrio social

Marta Bekerman
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24 de diciembre de 2017  

Existen tres grandes desequilibrios normalmente aceptados como causantes de las dificultades económicas de la Argentina: el déficit fiscal, el déficit del balance de pagos y la oferta excedente de bienes y servicios. Pero se presentan fuertes diferencias acerca de cuál de estos desequilibrios es el que genera el origen y la propagación de los problemas económicos.

La doctrina prevaleciente otorga al déficit fiscal el carácter primario. Son los gastos excesivos del sector público los que originan el desequilibrio externo y éste, a través del ajuste del balance de pagos, induce a la caída de la producción interna y del nivel de ocupación. Según otra línea de análisis, el desequilibrio primario es el de las cuentas externas: la vigencia de una paridad cambiaria inadecuada lleva a una situación deflacionaria, que determina la reducción de la actividad económica y con ella, una caída de las recaudaciones tributarias.

La postura presentada por el célebre profesor Julio H. G. Olivera (recientemente fallecido), en ocasión de la inauguración de las Jornadas del Plan Fénix del año 2001, difiere de ambas interpretaciones. Señala como desequilibrio primario de la economía argentina el concerniente a la producción y a la ocupación, lo cual está ligado, directa o indirectamente, a la insuficiente provisión de bienes públicos (es decir, de aquellos bienes, como la educación o la implementación de políticas estatales, que están disponibles para todos y cuyo uso por parte de una persona no sustrae del uso a otros). Por lo tanto, siguiendo al profesor Olivera, no se trata de un desequilibrio transitorio, sino de una deficiencia crónica destinada a persistir mientras no se alcance la oferta de bienes publicos en el nivel indispensable para lograr la plena utilización de los recursos productivos. Surgen en consecuencia, desde su perspectiva, marcadas contradicciones entre el equilibrio técnico o de mercado y el equilibrio social.

Inquietudes similares son presentadas por el economista Jorge Katz en un trabajo reciente. Katz plantea que la piedra con la que tropieza la Argentina en la actualidad es la misma que enfrentó recurrentemente en el pasado: no es otra que la imposibilidad de sostener una relación de equilibrio que haga compatible la estabilidad de ciertos fundamentos macro de la economía con las expectativas distributivas de la sociedad. El desencuentro entre ambos lleva a episodios recurrentes de ajuste estructural que malogran el desempeño de largo plazo de la economía.

Entra a jugar aquí la alta heterogeneidad que presenta la estructura productiva argentina, a partir de la existencia de un sector primario muy competitivo junto a una industria manufacturera integrada por un conjunto de sectores que presentan baja productividad, lo que dificulta sus posibilidades de enfrentar la competencia externa. Esto plantea la alternativa de protegerlos o de generar un mayor desempleo derivado de su desaparición, tema no menor frente al acuerdo que intenta firmarse, en estos días, entre el Mercosur y la Unión Europea.

Por eso, Katz señala que alcanzar una situación macroeconómica cercana al equilibrio no parece ser una condición necesaria y suficiente para que el libre juego de los mercados genere la inversión y la transformación estructural necesarias para pagar el salario real al que la población empleada aspira, en el contexto de una economía abierta al comercio internacional. Es decir que nos presenta un enfoque que va más allá de la discusión actual acerca del gradualismo fiscal y de las más o menos ambiciosas metas inflacionarias que quieren alcanzarse a partir de la política monetaria.

Por otro lado, es necesario aclarar que ese equilibrio fiscal presenta alternativas muy diversas acerca de cuáles son los sectores que deben ser más o menos favorecidos, lo cual también incide sobre el equilibrio social. Esto puede verse claramente en relación con las políticas de ingresos que involucran a los jubilados.

Vemos en Jorge Katz amplias coincidencias con la posición del profesor Olivera, al señalar que el desequilibrio actual no presenta un carácter transitorio, sino que está destinado a persistir mientras no se alcance una oferta adecuada de bienes públicos que promuevan ese equilibrio social.

Para Katz, dicha oferta aparece ligada a "una estrategia proactiva" de construcción de capacidades tecnológicas domésticas, junto a instituciones que mejoren la productividad de la economía. Y esto no parecería ocurrir espontáneamente a partir de las fuerzas del mercado. O de un accionar -como tiene lugar en sucesivas administraciones de América latina- dirigido a llevar adelante un manejo macroeconómico basado en metas de inflación o un equilibrio financiero de corto plazo. Es que esas estrategias ignoran la necesidad de políticas activas orientadas a promover el desarrollo tecnológico y la diversificación de la estructura productiva.

La provisión de bienes públicos incluye también al desarrollo de infraestructuras de educación, de políticas para la conquista de nuevos mercados externos, del financiamiento de las exportaciones. Es decir, de todo aquello que permita desarrollar instrumentos para permitir la reducción de la distancia tecnológica, de capital, de financiamiento. La Argentina presenta condiciones muy positivas para llevar adelante estas estrategias, que pueden contribuir a generar la demanda y el desarrollo de recursos humanos calificados, que permitan elevar la calidad de vida de la población.

Investigadora de la UBA y el Conicet

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