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La discoteca infinita, un sueño frustrado

Marcelo Stiletano
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27 de diciembre de 2017  

Una marca que dejó su huella
Una marca que dejó su huella Crédito: Netflix

All things must pass: el auge y hundimiento de Tower Records (ee.uu./2015) Dirección: Colin Hanks. Guion: Steven Leckart. Fotografía: Neil Lisk, Nicola Marsh, Bridger Nielson. Edición: Darrin Roberts. Música: Bill Sherman. Duración: 97 minutos. Disponible en Netflix. Nuestra opinión: muy buena

Todo buen documental funciona como camino de respuesta a una pregunta hasta allí difícil de responder. En este caso, el punto de partida es una frase: "En 1999, las ventas globales de Tower Records alcanzaron el billón de dólares. Cinco años después, la empresa se declaraba en quiebra". Este atrapante, sólido y muy entretenido documental no sólo expone a la perfección la necesidad de explicar un enigma irresuelto. También tiene la astucia de extender al máximo los alcances y los destinatarios de aquella pregunta.

La caída de un coloso como Tower interesará muchísimo a economistas, expertos en marketing, especialistas en comportamientos sociales, observadores de la industria del entretenimiento. Y sobre todo a aquellos consumidores seriales de música grabada pertenecientes a las nuevas generaciones, que hoy no podrían entender cómo en el pasado su hobby tenía una presencia física y tangible tan poderosa. Para ellos, todo lo que aquí se narra es historia antigua, materia propia y exclusiva de arqueólogos.

Tal vez sin proponérselo, Hanks escribió el primer borrador testimonial de las grandes transformaciones tecnológicas en la industria del entretenimiento con una perspectiva que reconoce la velocidad del cambio y sus inexorables consecuencias. Si observamos bien, no pasó mucho tiempo desde que Russell Solomon, el excéntrico y audaz empresario que dedicó casi toda su vida a Tower Records, puso manos a la obra para cumplir su sueño: hacer realidad con su marca la idea de que toda la música grabada estuviese en un solo lugar. Armar, en sus palabras, un "supermercado del disco", modelo que llegó a imponerse en todo el mundo.

Para cualquier coleccionista de música grabada, Tower fue la panacea. El destino al que todo fanático quería llegar y quedarse todo el tiempo imaginable. La utopía hecha realidad de un universo de discos similar a la biblioteca infinita soñada por Borges, representada en términos materiales con la imagen de archivo de Elton John llegando cada semana a fines de los años 70 con un asistente a la sucursal de Sunset Boulevard (en Los Ángeles) y colocando decenas de vinilos en bolsas gigantescas. "Ningún otro cliente le dio más dinero que yo a Tower en toda su historia", confiesa hoy el cantante británico.

El documental también acierta al mostrar la mezcla virtuosa entre este manantial inagotable de vinilos (luego CD, libros y videos) y los responsables de manejarlo: un empresario de espíritu libertario como Solomon, un par de lugartenientes encargados de manejar el dinero que empezó a fluir a borbotones y una tropa de empleados que jamás podría haber trabajado con tanto compromiso en otro lugar: amantes de la música a los que jamás se les impidió vestir, fumar y beber como querían siempre y cuando cumplieran con sus obligaciones. Y lo hacían.

El relato hace responsables a los bancos, a la falta de cintura para adaptarse a la realidad y a algunos manejos financieros ortodoxos de una caída que nadie imaginaba (el capítulo de la expansión de Tower en Japón es extraordinario), pero, más allá de los testimonios, las propias imágenes del esplendor vistas desde hoy son las que explican el ocaso. A excepción de los coleccionistas más empedernidos, ya nadie acumula música ocupando más y más espacio físico. Esas fantásticas imágenes de archivo con pilas y pilas de vinilos expuestos en locales llenos de gente responden con más contundencia a la pregunta inicial que la enunciación de los culpables del declive definitivo.

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