¿Qué es de la vida de Millie Stegman?

Millie sale a la calle y todo el mundo la reconoce y la saluda. Le encanta hacer actividad física: tres veces por semana corre 40 minutos en la cinta y dos, hace gimnasia. Además, se mueve por la ciudad en bici
Millie sale a la calle y todo el mundo la reconoce y la saluda. Le encanta hacer actividad física: tres veces por semana corre 40 minutos en la cinta y dos, hace gimnasia. Además, se mueve por la ciudad en bici Crédito: Ignacio Sánchez
La actriz que todavía es recordada por éxitos como Chiquititas y Son Amores cuenta cómo es su vida después de una experiencia de fe que la transformó por completo
Viviana Alvarez
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28 de diciembre de 2017  • 16:20

Costó convencer a Millie Stegman de que no queríamos hacerle una entrevista para que nos hable de trabajo, porque en realidad, lo que nos interesaba era saber cómo es su vida hoy, 12 años después de una profunda experiencia de fe que la llevó a cambiar el rumbo por completo. Su historia de reconversión comenzó el 16 de julio de 2005 cuando ella estaba en el apogeo de su éxito. En ese momento era una de las actrices más populares. También había sido conductora y estaba participando en Bailando por un sueño. Tenía todo lo que había anhelado profesionalmente, pero no estaba completa.

“Mi alma estaba cansada, muy triste, sentía que tenía que parar. No me alcanzaban ni los diez kilómetros que corría, ni ir al gimnasio, ni otro trabajo. Había llegado el momento de desandar, volver a empezar, pero no imaginaba que me iba a encontrar con el abrazo de Jesús y María, con ese primer amor que yo le deseo a cada persona”, cuenta Millie.

¿Cómo recordás ese encuentro?

Me llamó mi prima Lucila, me dijo que iba a Salta a ver a la Virgen y me preguntó si quería acompañarla. Sin dudarlo le dije ¡sí!, aunque no sabía ni adónde iba ni qué iba a hacer. No tuve una formación cristiana, ni siquiera ahora sé los Mandamientos. Frente a la Virgen sentí un amor que vence las dificultades. Yo no conocía ese amor y por eso me sigo emocionando al contarlo. Entonces pedí perdón por todas las cosas que sentía que no estaban bien.

¿Qué le dirías a alguien que atraviesa una crisis como la que pasaste vos?

Jesús viene por todos, por los pecadores, los enfermos y los perdidos, pero no obra igual con todos. Hay quienes lo encuentran en la niñez, en la adultez o en el último minuto de la vida. También hay algo que cada uno debe poner para que ese encuentro se produzca. Yo venía de una etapa en la que había perdido mi espíritu, mi alegría.

Y después de esa experiencia tan profunda, ¿cómo siguió tu vida?

Decidí volver a nacer desde el espíritu, el amor y la verdad. A partir de ahí, todo empezó a cambiar. Por supuesto que hay caídas, pero también sabés que te sostienen.

¿Qué otras cosas cambiaron?

Le agradecí a Dios todo lo que uno no ve y de golpe empieza a ver. Yo no era agradecida realmente y ahora sé lo importante que es la gratitud. Aprendí a transformar el dolor en amor, a ser libre porque había perdido mi esencia y tengo necesidad de predicar, me doy cuenta de que ese es el centro de mi vida.

Aprendí a transformar el dolor en amor, a ser libre porque había perdido mi esencia
Millie Stegman

¿Qué pasó con tu trabajo?, ¿cómo enfrentaste la mirada de los otros?

Hay que poner en la balanza lo que cada uno elige para su vida. No todo es material. A mí me pasaba que no sentía coherencia entre lo que me ofrecían y lo que quería expresar. Creo que hay que aprender a soltar y dejar ir algunas cosas tal vez para que vuelvan renovadas porque ya no son más parte de uno. Yo ya no puedo estar dividida y quiero hacer cosas que sean coherentes con lo que yo quiero decir y hacer. Vivimos en un mundo violento con poca tolerancia y ese no es mi espíritu, hay cosas a las que ya no vuelvo. Cuando rezo le pido a Dios por un trabajo, pero tiene que ser algo nuevo que tenga que ver con lo que soy hoy.

La fe de Millie no se quedó limitada a la contemplación de su propia vida espiritual sino que se convirtió en acción. “Quiero ser útil donde me pongan, donde me necesiten”, dice ella pero prefiere no dar detalles de su trabajo. Sin embargo, quienes la conocen saben que su apostolado se basa en el poder de la oración y que lo hace en algunos institutos médicos privados como el Sanatorio Fleni y especialmente para los niños. Además, realiza un trabajo silencioso, pero sumamente importante. Se encarga de mantener los jardines de los altares a la Virgen que hay en el Hospital Rivadavia. Allí, en esos edificios fríos y grises, las flores frescas, cuidadas y fragantes son como una terapia para quienes llegan afligidos con problemas de salud. También a lo largo de estos años escribió siete diarios en los que relata sus experiencias de fe.

Pidan y se les dará

“A veces necesito rezar sola y a veces acompañada. Creo que el poder de la oración afirma la voluntad, la perseverancia y la paciencia. La oración como la fe son dones que se alimentan, pero el rezo sin la prédica no existe”, reflexiona Millie que no tiene computadora, internet ni redes sociales, solo un teléfono con WhatsApp que instaló por la insistencia de sus amigos y familiares.

¿Cómo vivís el clima de desencuentro que hay en este momento en la Argentina?

Rezo todos los días por la patria pero creo que tenemos que recuperar lo genuino, nuestras raíces, lo que nos une. Somos un pueblo generoso, solidario. Es un momento crucial en el mundo en el que se necesitan corazones valientes, personas comprometidas. Nuestros próceres, Belgrano o San Martín, eran hombres profundamente enamoradas de la patria y del país, no se ocuparon de lo que querían ellos sino de lo que necesitaban los demás.

¿Y cómo creés que se logra eso?

Yo me comprometo a trabajar en lo que me toca y si el de al lado hace lo mismo, vamos arrancando. Soy consciente de las dificultades que atraviesan miles de argentinos porque lo veo al estar en contacto real con la vida y con la gente. “En el atardecer te juzgarán por el amor”, decía San Agustín. En ese momento, todos vamos a ser evaluados por lo que hicimos como hijos, padres, vecinos. También por lo que entregamos, cuánto amamos y por supuesto por nuestros deberes de ciudadanos.

¿Qué lugar ocupa el amor en tu vida?

Anhelo enamorarme, encontrar el amor verdadero. Puede aparecer de un momento a otro, no lo busco, creo en los encuentros y si está en el plan de Dios seguramente va a llegar un hombre bueno, un compañero para seguir transitando ese camino de a dos.

¿Cómo vivis hoy lejos de la dinámica de la tele y el espectáculo?

Pude experimentar lo que es el vacío y ahora sé que se hace camino al andar. No me gustan las apariencias, las habladurías. Aprendí que el silencio habla y que es una respuesta a muchas preguntas. Estoy en el mundo, tengo los pies sobre la tierra pero la mirada en el cielo.

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