La lista de Año Nuevo: cómo poner los deseos en acción

Andrea Churba
Andrea Churba PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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28 de diciembre de 2017  • 16:51

Faltando tan pocos días para que termine el año, es muy probable que ya estés haciendo la lista de lo que en el 2018 sí o sí vas a hacer, ya sea ir al gimnasio, balancear el trabajo y la familia, colaborar en un proyecto social, administrar mejor tu tiempo, lograr que tu equipo no dependa tanto de vos o convertirte en un experto en Big Data. Algunas metas son nuevas, pero otras son como los adornos navideños: reaparecen cada diciembre, relucen por unos días y se vuelven a guardar en el sótano, donde juntan polvo hasta que el nuevo año otra vez se asoma a la esquina.

Para cumplir lo que nos proponemos tenemos que atravesar nuestra propia resistencia al cambio. No basta con tener claras las intenciones, ni tampoco alcanzan el optimismo y la energía con que encaramos el 1 de enero. La visión del logro va perdiendo brillo en medio de la rutina, la falta de tiempo y la velocidad a la que se mueven las cosas. La voluntad y la motivación se aflojan y pierden terreno ante los viejos hábitos. Es muy tentador abandonarse a la comodidad de no pensar tanto, de correr siempre por el mismo camino y no luchar con lo nuevo.

Transformar los objetivos en preguntas hace más posible que lleguemos a alcanzarlos. Por ejemplo: ¿Cómo podríamos hacer para lograr lo que nos proponemos este Año Nuevo, y para sostenerlo en el tiempo?

El estado de ánimo que provoca una pregunta es muy diferente al que provoca una orden, aunque esta provenga de nosotros mismos. Este año tengo que aprender portugués suena más autoritario que preguntarnos por qué, qué y cómo podríamos hacer para alcanzar ese resultado. Al ser menos categóricas, las preguntas atraviesan nuestras resistencias y mitigan el temor a fallar.

Las 3 preguntas que probablemente pueden ayudarnos a, esta vez sí, alcanzar las metas que nos proponemos para el próximo año son:

¿Por qué?

¿Por qué esto es importante para mí? ¿Qué sentido tiene para mí?

Preguntarnos por qué nos conecta con el sentido profundo que tiene para nosotros lograr un determinado objetivo. Nos remite al valor que le damos a esa nueva conducta que nos proponemos adquirir o reforzar, y al impacto positivo que va a producir sobre nuestras vidas y las de las personas que nos rodean.

Es importante que seamos honestos en las respuestas. Si nos dejamos guiar por las expectativas de otros, por lo que creemos que es políticamente correcto o aceptado socialmente, porque queda bien o es un slogan de moda, lo más probable es que no logremos reflejar esos valores en la práctica. Por ejemplo, si decimos que el aprendizaje es un valor: ¿estamos produciendo situaciones de aprendizaje continuo para nosotros mismos y para nuestro entorno? ¿Somos pacientes y tolerantes a los errores propios y ajenos?

Es difícil mantenernos motivados y sostener las conductas cuando no sentimos los objetivos como propios. Por el contrario, si sentimos que esa meta es significativa y trascendente nuestra energía se eleva, encontramos el tiempo necesario y nos adueñamos de las acciones para hacerla realidad.

¿Qué?

¿En qué, específicamente, me voy a enfocar? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Qué decisiones tengo que tomar?

El fracaso para concretar lo que nos proponemos muchas veces se debe a que nuestros planes son utópicos: queremos abarcar demasiado o cambiar muchas cosas al mismo tiempo. O quizás hayamos sobreestimado nuestra capacidad de encajar los nuevos objetivos en una vida que ya de por sí cargada y compleja. La pregunta por el qué nos ayuda a definir prioridades y a no dispersarnos. Tenemos más probabilidades de éxito si nos enfocamos en unos pocos desafíos y trabajamos consistentemente para consolidarlos. Y la motivación para seguir es más alta si planificamos pequeños logros, fragmentando los objetivos ambiciosos en pasos más modestos, más acotados y posibles.

Crédito: Pixabay

¿Cómo?

¿Cómo podría hacer para lograr mi objetivo? ¿Qué pasaría si hago X? ¿Y si pruebo B? ¿De qué otra manera lo podría hacer?

Preguntarnos por el cómo hace que el por qué y el qué bajen del mundo de las ideas y se transformen en acciones concretas. Despierta nuestra imaginación para explorar alternativas, de entre las cuales podemos elegir las estrategias más adecuadas para alcanzar lo que queremos. ¿Cómo podría hacer el aprendizaje de portugués más disfrutables?, por ejemplo, dispara una búsqueda de opciones que en la simple enunciación. Hay muchas más opciones para iniciar y sostener un cambio que las que podemos ver a primera vista, y las preguntas nos pueden dar la llave para que sí o sí, el próximo año nuevo, podamos brindar por las metas alcanzadas.

A los padres, a los maestros, a los líderes, los invitamos a que enseñen y estimulen a las personas de su entorno a hacerse las preguntas adecuadas, de modo que ellos también puedan ir marcando como completadas las casillas de sus propias listas.

A mediados de enero, cuando desarmemos el árbol de Navidad, salvemos dos o tres adornos de la caja que vuelve al sótano y démosles un lugar de privilegio, donde los podamos tener siempre cerca, para verlos brillar durante todo el año

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