Una necesaria cura de desintoxicación

Héctor M. Guyot
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30 de diciembre de 2017  

Estimado lector, apelo a su complicidad para proponerle un pacto. Un acuerdo modesto, inofensivo, pero vital. Hemos llegado hasta aquí compartiendo penas y alegrías por los vaivenes del país, amargándonos por las vilezas de la política, intoxicándonos con las palabras de los que pretenden justificar lo injustificable y contaminando nuestros días con la catarata de opiniones que las redes y los medios regurgitan sin pausa, en un país de la furia en el que hasta los hechos más incontrastables son materia maleable en boca de sofistas que aprovechan el exceso de pantallas y micrófonos para embarrar la cancha. En estos últimos días del año nos merecemos un recreo, ¿no le parece? Entiendo que le preocupe la marcha del país, las últimas medidas económicas, el crimen y castigo de aquellos acechados por la Justicia y el karma. Todo eso está muy bien y responde al sentido cívico de un ciudadano responsable que se siente parte de la vida colectiva. Pero esto es la Argentina. Por una cuestión de higiene, de limpieza, de ecología, de supervivencia, deje todo eso. Sacúdase el agobio y dedíquese con ganas a aquello que más le guste. Al menos por estos días. Total, el fin de año está a la vuelta de la esquina y ya casi todos tiraron la toalla.

Le digo esto con los diarios de la semana sobre mi escritorio. Han pasado cosas, hay mucho que decir, pero ¿vale la pena? Por ejemplo, el escándalo de Jorge Sampaoli pasará sin pena ni gloria y todo seguirá igual. Me incomoda pensar que un eventual triunfo de la selección nacional de fútbol en el Mundial de Rusia será un triunfo de todos los argentinos (suyo, lector, y también mío), pero sobre todo de este técnico capaz de humillar a un inspector de tránsito que lo pescó en infracción con el más mezquino de los insultos. "Boludo, ganás 100 pesos por mes, gil", gritó para poner en su lugar al agente. La prepotencia del dinero, uno de los peores males nacionales. Claro, él gana una desmesura pagada por una corporación oscura y corrupta. Su desprecio, patético, sólo enalteció, por contraste, la dignidad del agente. Me recordó el episodio lamentable del "correctivo" que protagonizó el diputado Cabandié hace unos años en Lomas de Zamora. Después, Sampaoli ensayó unas disculpas que sonaron tan huecas como el perdón que pidió el ex presidente del Perú Fujimori tras el vergonzoso indulto que le dio el presidente del apellido impronunciable. ¿Promoverán al agente y sancionarán como corresponde a Sampaoli? La AFA ya bancó al técnico. Confirmó así que lo que rige aquí no es la ley, ni la autoridad, ni mucho menos el respeto, sino el dinero. Preferiría que alguien que desprecia al otro por lo que gana no me represente en Rusia. No quiero gritar los goles con alguien así.

El dinero me llama desde otro de los diarios de la semana. No es poco: 1200 millones de pesos. Es lo que el Gobierno le reclama a Cristina Kirchner y otros procesados por el daño causado por hechos de corrupción, dentro del juicio por asociación ilícita y defraudación al Estado. El fiscal Pollicita traduce en palabras el peso de la prueba: se montó una organización criminal para la sustracción de fondos públicos a través de la asignación discrecional de las obras viales en favor de Lázaro Báez. Fueron 52 contratos por más de 46.000 millones de pesos. Los fondos, abunda Pollicita, "eran destinados a enriquecer el patrimonio de los ex presidentes". Ya sabemos cuáles. Y sabemos también cómo: los hoteles.

¿Hubiera preferido el lector que escribiera sobre esta causa? La verdad es que, a esta altura del año, ya nos hemos indignado bastante. Quizá por eso, el espectáculo de la ex presidenta en el Senado resultó casi conmovedor. La diva que extendía sus cadenas nacionales durante horas tenía ahora que mendigar por diez minutos. Igual, lo hizo a su modo. Y habló con las ínfulas de quien sigue detentando todo el poder para victimizarse otra vez, cómo no, acusando al Gobierno de ser el responsable de sus infortunios judiciales. En lugar de aplaudidores, había alrededor un auditorio de senadores que, ajenos a su verba, se aburrían o se dormían repantigados en sus bancas. Efectos del relato huérfano, sin poder directo de daño.

Pero vuelvo al principio: nada de todo esto es más importante que su salud y la mía. Cierre el diario, apague la pantalla y proceda a una cura de desintoxicación de al menos unos días. Escuche música, lea una novela, saque su colección de estampillas o échese a la sombra a ver pasar las nubes. Una módica abstinencia de actualidad nos permitirá estar más tonificados cuando nos reencontremos para volver a empezar. Ahora vayamos a lo importante, a eso que más le guste, eso que está al alcance de la mano. Feliz año.

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