La revolución de los "gordos": cómo es la lucha para que se acepte la diversidad corporal

Brenda Mato es modelo plus size y Nicolás Cuello escribió Cuerpos sin patrones; los dos son activistas gordos, un movimiento que quiere garantizar la libertad y diversidad corporal
Juliana Mendoza
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31 de diciembre de 2017  • 19:15

Hay una revolución en marcha y tiene que ver con reivindicar los cuerpos. Los líderes no arriesgan una fecha exacta de inicio, pero creen que, como ocurrió con el feminismo, que dejó de ser un movimiento de pocas y empezó a tomar las calles masivamente, el cambio del orden preestablecido será imparable.

El activismo gordo no reconoce género ni identidad sexual: es un movimiento que busca desestigmatizar la palabra, dejar de negarla y mostrar el cuerpo gordo. Nicolás Cuello se define como activista queer, gordo y coautor del libro Cuerpos sin patrones con Laura Contrera . En diálogo con LA NACION, dijo: "Es un movimiento social e internacional, cuyos horizontes políticos engloban una amplia serie de expectativas de transformación y estrategias políticas que se esfuerzan por garantizar la libertad de los cuerpos gordos en particular y el reconocimiento de la diversidad corporal en general".

En el mundo, el activismo gordo no es nuevo. Según Cuello, desde los 70 los militantes de los cuerpos gordos se sumaron a las luchas feministas para demostrar cómo funciona la discriminación, el maltrato y la patologización de la gordura. "La gordofobia está en todos lados, cuando te subís a un avión, cuando vas al cine, el mundo está pensado para que tengas un cuerpo estandarizado y, sino, resultás obsoleto, incómodo, molestás en todos los sentidos posibles", dijo a LA NACIÓN Brenda Mato, una modelo plus size.

La experiencia local del activismo gordo se hace tangible desde el espacio Taller Hacer La Vista Gorda. Se trata de eso, un taller de encuentro en donde se juntan un montón de personas gordas de diferentes procedencias, a pensar y a diagramar modos de intervenir espacios públicos. Su victoria más fuerte fue la apertura del taller "Activismo gordx" en el Encuentro Nacional de Mujeres de este año. "No somos un colectivo orgánico, no somos un partido político, tampoco nos quedamos en una narración terapéutica, nos juntamos mensualmente para pensar las discusiones que queremos dar", contó Cuello.

Para los activistas, el problema lo tiene un sistema que oprime y rechaza los cuerpos gordos. "La industria de la dieta, el aparato medico-clínico, los medios de comunicación y otros artefactos culturales, junto con el diseño de políticas públicas en torno a la salud poblacional producen imaginarios normativos sobre lo que se considera un 'cuerpo saludable', un 'cuerpo en forma', un 'buen cuerpo', que en la sociedad en la que vivimos se asocian con una 'buena vida', explicó Cuello.

Para Mato, que está inmersa en la industria de la moda, una de las más obsesivas por la estética, su cuerpo no es un problema pero sí siente la incomodidad de los otros. "El modelaje es casi un acto político con mi cuerpo. Hoy en día tengo muchas trabas por tener un cuerpo distinto, pero a la vez siento que gracias a mi insistencia y al trabajo que hice realmente siempre prevaleció mi talento . Las mujeres estamos afectadas porque sentimos otro tipo de presiones pero hay varones y personas de diferentes géneros que lo sufren. Al final, todo cuerpo gordo termina siendo discriminado", dijo la modelo.

La salud queda en el ámbito privado

"Necesitás bajar de peso". Mato escuchó esa frase más de una vez. Para muchos, los cuerpos gordos son de los depresivos, los dejados, los improductivos, los angurrientos. ¿Por qué se diagnostica a una persona sólo por su contextura física?

Según el escritor, la representación cultural de lo saludable es un modo de control del cuerpo: las corporalidades gordas son, esencialmente, enfermas. "No tengo nada para responderles a las personas que piensan que estoy enfermo solo por ser gordo. No busco su aceptación, ni su agrado, ni su preocupación. Solo me interesa que otras personas gordas puedan acceder a la información necesaria para desnaturalizar la violencia cotidiana a la que nos enfrentamos y de la que nos merecemos ser libres", dijo Cuello.

Para la modelo, la salud es tanto una "hipocresía" como una construcción naturalizada por la sociedad. "No existe un único tipo de salud, así como no existe un único tipo de enfermo. Existen gordos y flacos sanos, gordos y flacos enfermos. Aún si yo fuera una gorda enferma, tengo el derecho a existir y tengo el derecho a mostrar mi cuerpo y desear lo que quiero", opinó la modelo.

Mato no habla de su peso ni del estado su salud: quedan en el ámbito privado. Como todo en su vida, tuvo que sortear muchas críticas y pedidos de explicaciones de extraños que creían conocer cuál era el diagnóstico de su médico. "A mí no me define el número que muestra la balanza. Si estoy más gorda o flaca no voy a dejar de ser la persona que soy, es un tema privado de cada uno", dijo.

La pelea por los talles

"Los gordos somos un hermoso público al que nadie le está dando pelota. Hay jóvenes que somos gordos y que no queremos vestirnos como nuestras abuelas: ¡Basta de remerones de seda fría!", pidió Mato. Ella trabaja con marcas independientes que apuestan a los cuerpos diversos, por eso desde la ONG AnyBody, Mato está empujando el proyecto que, espera, se haga ley este año.

"Es difícil conseguir ropa, no sólo para gordos, encontrar un talle 46 en la Argentina es imposible. Por eso la ley de talles no es sólo para los gordos, es para regular los talles de todo, porque hoy cada marca hace su propia tabla y genera confusión para cualquier cuerpo", dijo la modelo.

Desde sus redes sociales, Mato recibe cientos de mensajes de aliento y otras confesiones que la empujan a seguir su militancia. "Lo más lindo que me dio todo esto son las chicas que me dice que se animaron a ponerse ropa que nunca se habían atrevido a usar. En 2017, hay chicas que todavía tienen miedo de ponerse una malla, una pollera, una musculosa. Esto pasa porque nos venden que el único cuerpo mostrable es el delgado y tonificado", contó la modelo.

No es secreto que la industria de la moda es complicada. En general, las marcas eligen modelos de belleza dominantes (flacas, delgadas, de piel clara) para representar sus líneas más que los formas y los colores locales. "Hay una normalización de cuerpos que no existen. Hay un montón de pibas que son delgadas naturalmente, pero la industria niega que somos latinos y que tenemos caderas", dijo Mato.

Muchas veces, aunque haya talle, no está representado en sus vidrieras ni en sus publicidades. Acá entran las modelos plus size: ¿Por qué contar que hay talles grandes y no mostrarlo? "Los humanos no somos maniquíes, no salimos de una máquina. Ojalá las marcas se den cuenta de que tienen que poner a una gorda en una campaña porque hasta que no ves a un cuerpo gordo usando la ropa, no sabés si tienen talles para vos", dijo Mato.

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