Moli, entrenada desde cachorra para ser la compañera incondicional de su humana con movilidad reducida

Magdalena, se traslada en silla de ruedas siempre con su perra al lado; un vínculo de amor y lealtad que no conoce barreras.
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3 de enero de 2018  • 00:53

Va a acompañarla durante toda su vida para asistirla en tareas de todos los días: abrir y cerrar puertas, sacarle la campera, levantar cosas del piso o llevar y traer objetos, entre otras acciones. Moli tiene tan solo dos años y fue entrenada durante más de la mitad de su vida para brindar autonomía y mejorar la calidad de vida de Magdalena Espoueys (40), una psicóloga con movilidad reducida que cuenta con la asistencia de esta labradora a quien considera una extensión de sus brazos y piernas. " El vínculo que tengo con Moli es similar al que tengo con las personas que amo. Comprendo que a mucha gente este sentimiento le parezca excesivo pero no encuentro otra forma de definirlo. A nivel concreto, el vínculo que se tiene con un perro entrenado para este fin es una alianza de a dos: de dos seres que se hacen uno porque se complementan. Moli es quien está al lado mío sin condiciones, es quien está atenta a todo lo que necesito, quien me mira todo el tiempo y en esa mirada sólo encuentro lealtad y amor absolutos", asegura con una sonrisa Magdalena.

Moli, como muchos otros de su especie, es uno de los perros entrenados por el Programa de Perros Extraordinarios Eukanuba Bocalán. Bocalán esuna entidad internacional que tiene por objetivo fomentar la inclusión social de personas con discapacidad y aumentar su autonomía través de la interacción con animales. Para esto, entrena y entrega perros de asistencia de forma gratuita y brinda programas de terapia asistida con animales. En la Argentina, son más de tres millones las familias que cuentan entre sus miembros con algún integrante con discapacidad y la ayuda de los perros es de vital importancia para mejorar la inclusión social y autoestima de los usuarios.

El entrenamiento empieza desde que son cachorros. "Buscamos que los perros con los que vamos a trabajar sean animales estables, tranquilos y que disfruten trabajar y jugar, ya que los entrenamientos son en base a juegos. Además, el perro debe estar altamente socializado desde su etapa de cachorro, para asegurar que esté acostumbrado a todos los estímulos que puedan aparecer en su vida diaria como otros animales, gente, sonidos, autos, distintos tipos de ambientes, etc", explica Victoria Cisneros Millán, entrenadora de perros de asistencia.

Luego de este tiempo, el cachorro es entrenado durante un año y medio para acompañar a las personas en todos los ámbitos comunes de su vida: transporte público, plazas, restaurantes, cines, entre otros espacios. "Se trata de facilitar la rutina diaria y de impulsar al beneficiario a que se anime a abrir el abanico de posibilidades con total confianza de que su perro sabrá comportarse", agrega Millán. ¿Y cómo se hace ese entrenamiento? En base al refuerzo positivo, un método de entrenamiento que consiste en "premios": comida, juguetes, caricias. Esto significa que el perro siempre es recompensado por sus acciones correctas. De esta forma, el animal asocia el comportamiento con el premio que le prosigue, y aumentan las posibilidades de que el comportamiento continúe.

"Esto es clave para la circulación en espacios públicos donde el perro se encuentra expuesto a diferentes estímulos. Cuando el perro tiene puesto el chaleco distintivo sabe que está trabajando y que si presta atención a la persona que acompaña, será recompensando. Entonces, si se cruza con otros perros o con situaciones que serían de distracción para un perro común, los perros de asistencia prefieren seguir con su trabajo esperando por su felicitación", indica la entrenadora. Un perro de asistencia que esté en la calle con su peto (chaleco) puesto, es un perro que está trabajando. Por eso no hay que tocarlo, ya que se lo puede distraer y esto puede derivar en accidentes. Tampoco hay que molestarlos de ninguna manera ni darles de comer. Siempre hay que hablar con el usuario previamente, en caso de que se quiera interactuar con el perro.

Ver a Magdalena interactuar con Moli es la mejor prueba de que el entrenamiento funciona y que el trabajo en equipo tiene recompensas en dos sentidos. "Moli está conmigo permanentemente. Desde que me levanto hasta que me acuesto y aún si estoy en la cama, ella está dispuesta a asistirme. La llevo a todos los lugares donde voy (la Ley 26.858 reconoce a los usuarios de un Perro de Asistencia el derecho a acceder a lugares públicos junto al perro) por lo que en todo momento puedo recurrir a ella. Sólo necesito darle la orden o comando y ella hace lo que le pido con gusto porque sabe que recibe su recompensa y porque está entrenada de una manera tal, que para Moli es divertido asistirme", asegura Magdalena.

Además del afecto, las miradas y el amor mutuo, los comandos son el lenguaje con el que Moli y Magdalena se comunican. "Un comando es una palabra que le indica al perro qué acción realizar. Son palabras de uso cotidiano, fáciles de recordar para el usuario. Los perros de asistencia aprenden gran cantidad de comandos, que pueden ser simples tales como sentado, echado y quieto; pueden ser más complejos, como aquellos que indican llevar objetos, sacar objetos de mochilas o carteras, prender y apagar luces, abrir y cerrar puertas, abrir un cajón, llevar un objeto al usuario, y cerrar el cajón posteriormente; o bien comandos específicos de cada binomio usuario-perro, que son exclusivos de cada usuario según sus necesidades particulares, como por ejemplo aquellos que le indican al perro que alcance ciertos elementos, o que le acomode al usuario determinadas partes del cuerpo como la cabeza o los brazos", explica Millán.

Aprenden juntas en cada momento que comparten. "Moli es especial porque hace que las cosas que para cualquier persona son sencillas y para mí son complejas. Particularmente la ayuda de Moli permite que pueda ahorrar energía para dedicarla a tareas que sí o sí debo hacerlas inevitablemente yo, lo que favorece a reducir la fatiga y su ayuda es esencial en momentos de dolor o molestias físicas. Para una persona con discapacidad ¡esto tan mínimo es un cambio enorme en la vida!", asegura contenta Magdalena.

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