Golpeado por la presión para bajar la tasa, el Central duda sobre el efecto del cambio de la estrategia del Gobierno

Sturzenegger, Peña y Caputo, el 28 de diciembre, al anunciar los cambios en la meta inflacionaria Fuente: LA NACION

En la entidad monetaria siguen pensando que el nivel de la tasa no afecta el crecimiento económico y creen que hay un riesgo de que, cuando la bajen, suba la inflación y la economía no se acelere

3 de enero de 2018  • 13:29

El 28 de diciembre el directorio del Banco Central se disponía a desarrollar su reunión semanal en el horario habitual de las 9. Sin embargo, a esa hora el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger , estaba en la conferencia de prensa de la Casa de Gobierno en la que se anunciaría el cambio en las metas de inflación.

Por lo tanto, el encuentro de directores finalmente comenzó a las 11 cuando Sturzenegger llegó al edificio de Reconquista 266.

Algunos funcionarios intentaron cortar la tensión con algunas bromas sobre el anuncio, pero el remedio no funcionó. El grupo de Whatsapp que comparten los funcionarios que deciden la política monetaria estalló de mensajes en esos días calientes.

El Gobierno anunció cambios en las metas de inflación: "Para 2018 será del 15 por ciento"

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Para la conducción del Banco Central el golpe más duro no fue el cambio en la meta de inflación, sino la presión para bajar la tasa de interés en un contexto de incertidumbre sobre la inflación, según comentaron a LA NACION fuentes al tanto de la cuestión.

Al respecto creen que se le hizo un daño importante a la credibilidad de la entidad monetaria a cambio de un beneficio poco claro para el Gobierno.

La estrategia de pinzas del Poder Ejecutivo se desarrolló desde la Jefatura de Gabinete y, más suavemente, a través del Ministerio de Hacienda.

Lo que más sorprendió a los hombres del BCRA fue que hasta hace un mes Hacienda -en particular el ministro Nicolás Dujovne- coincidía con la visión de Sturzenegger de que la tasa alta no estaba dañando el nivel de actividad, tal como lo reflejaban los propios números del Indec y el fuerte crecimiento del nivel del crédito.

Sin embargo, en las últimas semanas el mensaje cambió desde el Ejecutivo: indicadores preliminares del nivel de actividad alertaban que las perspectivas no eran buenas para 2018.

Allí se colaron los mensajes de la política: desde Miguel Pichetto hasta el "fuego amigo" de Elisa Carrió.

Hacienda entiende la postura del Central de focalizarse sobre la inflación, pero cree que en el corto plazo una tasa alta desacelera el nivel de crecimiento económico.

Aunque en la cartera de Dujovne juran que no se meterán con la decisión que tome el Central respecto de la baja de las tasas, en la entidad monetaria saben que no hay margen para no bajarla.

La duda que tienen en el BCRA es qué pasará si, una vez que baje la tasa, se confirma el escenario de una inflación alta en el primer trimestre del año y eso afecta el nivel de expectativas.

¿Qué ocurrirá entonces si, aun con baja de tasas, la inflación sigue creciendo y el nivel de actividad no mejora?

Pero el equipo económico jura que la meta no se volverá a modificar este año y confía en que la inflación estará en torno del 15%, pese a que varios consultores privados ya están pensando en una banda del 17% al 19%. En este sentido, destacan que el tipo de cambio, después del fuerte salto que pesó el jueves 28, volvió a bajar a los niveles previos.

Mientras se especula con la evolución del escenario macro, en el Central hay una certeza: Sturzenegger, por ahora, se queda, porque cree que, aunque con límites, tiene margen para seguir manejando la política monetaria.

Por fuera del Gobierno, hay dos sectores relevantes que no respaldan al presidente del Banco Central, según su entorno: algunos banqueros privados, por las medidas para promover la competencia en los costos; y La Bancaria por la intención oficial de eliminar el aporte obligatorio para el sindicato por parte de los trabajadores no afiliados al gremio.

En cuanto perciba lo contrario, podría repensar su futuro, aunque en el Central creen que el mayor costo de su salida en términos de reputación sería para el Gobierno y no para el economista.

Entretanto, todas las miradas estarán colocadas en la licitación de las Lebacs del 16 de enero, ya que será la primera prueba de fuego después del temblor.

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