Atravesar el Impenetrable chaqueño: un viaje para asistir a quienes sufren por la lepra, la desnutrición y el abandono

Jerónimo Chemes junto con el resto de los fundadores de La Chata Solidaria
Jerónimo Chemes junto con el resto de los fundadores de La Chata Solidaria Crédito: Gentileza LCS
El fundador de La Chata Solidaria, un proyecto que lleva donaciones y asistencia médica a esa región, cuenta cómo se vive en una de las zonas más postergadas del país
Jerónimo Chemes
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3 de enero de 2018  • 14:49

Una mujer con ocho hijos y embarazada del noveno, que vive sola con ellos en el medio del monte y tiene un severo grado de desnutrición y deshidratación. Toda una familia con Chagas, desesperada por la sed, que saca el agua de un charco de olor inmundo en el que se meten los cerdos. Un hombre con lepra y un sufrimiento imposible de poner en palabras, que tiene a su único cuidado dos hijos pequeños. Un niño que perdió la audición de uno de sus oídos a causa de una otitis, porque nunca fue al médico.

Esas son solamente algunas de las historias que con el equipo La Chata Solidaria (LCS) - un proyecto social que lleva donaciones y asistencia médica a comunidades en situaciones de extrema vulnerabilidad - nos encontramos en nuestro último viaje al Impenetrable chaqueño, tres semanas atrás. Atravesamos esa región - una de las más postergadas del país- de este a oeste, de norte a sur, en condiciones climáticas extremas.

Este año, cumpliremos diez haciendo esa labor solidaria, y ya llevamos 30 viajes realizados. En cada uno, recorremos aproximadamente 3500 kilómetros de asfalto, ida y vuelta, más unos 700 de barro.

Las personas a las que asistimos viven en condiciones que van más allá de la pobreza y la indigencia. El viaje al Impenetrable profundo es un viaje en el tiempo, a una era prehistórica donde la gente "vive" en ranchos, sin agua, luz, servicio médico, comida o Justicia. Sin nada de nada.

Una mujer recibe un par de zapatillas de la mano de un voluntario
Una mujer recibe un par de zapatillas de la mano de un voluntario Crédito: Gentileza LCS

La alegría de un nene al recibir una pelota
La alegría de un nene al recibir una pelota Crédito: Gentileza LCS

Para ponerle el pecho a esa realidad nació LCS. Fue en 2008, cuando al morir mi mamá decidí transformar ese dolor en algo positivo. Durante ese año, junté donaciones entre conocidos y decidí viajar al Impenetrable solo en mi camioneta, sin saber con qué me iba a encontrar.

Las cosas que vi en esa primera aventura cambiaron mi vida para siempre. Las condiciones del "camino" eran terribles, por el barro y el calor que llegó a los 64 grados. Llegué a desmayarme, y quedé al cuidado de personas que me encontraron en la camioneta desvanecido. Cuando recuperé la conciencia, me dije: "Solo no se puede".

Una de las camionetas de La Chata Solidaria, atravesando un camino repleto de barro
Una de las camionetas de La Chata Solidaria, atravesando un camino repleto de barro Crédito: Gentileza LCS

Vecinos del Impenetrable reciben a los voluntarios que llegan en camionetas cargadas de donaciones
Vecinos del Impenetrable reciben a los voluntarios que llegan en camionetas cargadas de donaciones Crédito: Gentileza LCS

El equipo reparte las donaciones casa por casa
El equipo reparte las donaciones casa por casa Crédito: Gentileza LCS

Al volver a Capital Federal, a mi departamento de clase media, no podía dormir ni olvidar las caras del abandono extremo que había conocido en Chaco. Así, decidí organizar lo que hoy se conoce como LCS.

¿Qué hacemos? Con un equipo de 20 personas llevamos donaciones (que siempre se reparten casa por casa, en las profundidades del monte y en la mano de la gente, sin intermediarios) de ropa, calzado, alimentos no perecederos, juguetes; brindamos atención médica primaria de la salud, física y mental (con pediatras, clínicos, odontólogos, farmacéuticas, psicólogas, dermatólogas, oftalmólogos); y construimos obras de infraestructura en colegios.

Sin embargo, lo más importante que damos es amor y dignidad.

Un niño que vive en una de las comunidades del monte chaqueño
Un niño que vive en una de las comunidades del monte chaqueño Crédito: Gentileza LCS

Dos chicos reciben la donación de juguetes
Dos chicos reciben la donación de juguetes Crédito: Gentileza LCS

Darle un juguete a un niño que nunca recibió uno, o un alfajor al que nunca lo probó, y ver cómo sus caras estallan de alegría; sacarle una muela a alguien que no sabe qué es un dentista; ponerle suero a una persona deshidratada y desnutrida; son algunas de las cosas que hacemos.

La Chata Solidaria se propone mejorar las condiciones de vida de quienes habitan el Impenetrable
La Chata Solidaria se propone mejorar las condiciones de vida de quienes habitan el Impenetrable Crédito: Gentileza LCS

Muchos de ellos nunca habían visto a un médico en sus vidas. Porque allí, en el monte, las personas no reciben atención a la salud. Los pocos que llegan a algún pueblo con hospital no son atendidos como corresponde, y muchas veces, ni siquiera son atendidos. En uno de nuestros últimos viajes asistimos a un bebe de dos días, a cuya mamá adolescente le dieron el alta a las cuatro horas de parir. Se fue a su casa sola con su hijo recién nacido en brazos. Allí los encontramos.

Los profesionales de la salud de LCS atienden a las personas con la dignidad y el respeto que se merecen, dándoles los medicamentos necesarios que donan diversos laboratorios y son administrados por una farmacéutica.

Un chico juega con uno de los voluntarios
Un chico juega con uno de los voluntarios Crédito: Gentileza LCS

Zapatillas nuevas para una nena
Zapatillas nuevas para una nena Crédito: Gentileza LCS

Dolor, angustia, miedo, impotencia, rabia, agotamiento físico radical y desesperación ante semejante abandono, son los sentimientos que en cada viaje enfrentamos los voluntarios.

Aunque sabemos que la pobreza extrema es una guerra que solos no podemos ganar, no bajamos los brazos. Una vez, un señor nos abrazó y nos dijo: "Gracias por hacerme sentir que existo". Y es que lo que quienes viven en el Impenetrable aún conservan, es la esperanza. La esperanza de que alguien se acuerde de ellos. Ésa es la razón de ser de lo que hacemos.

El autor es fundador de La Chata Solidaria

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