La voz del otro

Sebastián Ramos
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4 de enero de 2018  

Patti Smith llegó a este mundo con su blanca palidez para darle voz al otro, al marginal, al punk antes de ser punk, al intelectual, a la mujer, a las lesbianas y gays. Fue la voz de los poetas beats, tomó los versos de Allen Ginsberg, de William Burroughs y de Jack Kerouac, los trituró en su boca y los regurgitó para toda la humanidad. Fue la primera voz que se grabó salida del subterráneo y pesado aire del CBGB, y la voz de la mujer fuerte y dominante con tono inspirador. La chica andrógina que quiso ser poeta y se convirtió en ícono cultural de los Estados Unidos y más allá.

Le puso voz a Jim Morrison en canciones como "Break It Up" y habló por su amigo Robert Mapplethorpe en el libro autobiográfico Éramos unos niños. Como un cuervo con plumas de Lou Reed verdaderas, fue el grito ahogado de Rimbaud y la mensajera de Paul Revere. Alzó su voz por la gente ("People Have The Power" es hoy un himno global de los trabajadores), por la paz, por las injusticias "del otro lado del mundo", por la madre tierra, por el arte y por el amor.

Le dio su voz a David Lynch (en el CCK todavía se la puede escuchar recitando los poemas del cineasta en la muestra Les Visitants) y también, hace un año no más, le regaló su voz a Bob Dylan, cuando el músico desistió de ir a la ceremonia del Premio Nobel de Literatura y ella subió a cantar "A Hard Rain's A-Gonna Fall", y la emoción real la hizo trastabillar entre los versos que, no casualmente, arrancan con eso de que tropezó junto a doce montañas neblinosas y terminan confesando que conocerá su canción mucho antes de comenzar a cantar. El error hecho poesía. Eso es Patti Smith. Porque su voz es mucho más que perfecta..., es bellísimamente imperfecta.

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