Ideas fantásticas sobre el cosmos

Nora Bär
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5 de enero de 2018  

Ayer a las 6.28, cuando empezaban a disiparse las penumbras del amanecer, un arco iris ígneo se elevó durante unos instantes contra el fondo de bosques y montañas que bordean la orilla oriental del Nahuel Huapi. La luz de colores surgía de las aguas del lago con tal intensidad que parecía un efecto creado mediante focos estratégicamente ubicados para atraer a los turistas más que un fenómeno natural.

Ante semejantes maravillas, se entiende que en la antigüedad se hayan urdido historias fabulosas para justificar hechos a primera vista inexplicables. Pero el glorioso arco iris no llegó a ser ni un tímido anticipo de los misterios que más tarde congregarían en el Instituto Balseiro a varias mentes brillantes, llegadas desde todo el mundo para la conferencia It from Qubit (una fórmula lingüística que alude a cómo la realidad surge de la información cuántica).

Figuras como el Nobel Gerardus t' Hooft, de la Universidad de Utrecht; Juan Martín Maldacena, egresado del Instituto y hoy investigador del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde trabajó Einstein; los organizadores, Horacio Casini y Marina Huerta, docentes del Instituto y recientes ganadores del prestigioso premio Breakthrough; Alexei Kitaev, del Instituto Kavli de Física Teórica, de los Estados Unidos, y otros venidos desde China, Japón, España, Polonia, Rusia, Gran Bretaña, India, Italia, Uruguay, Canadá y Alemania confluyeron en el Pabellón Guido Beck para discutir las ideas más audaces de la física actual y entablar un diálogo entre diferentes áreas de investigación, como la mecánica cuántica (que rige las interacciones en el zoológico subatómico), la teoría de cuerdas (que intenta unificar la gravedad con la cuántica), la relatividad general, la información cuántica.

Uno de los temas que obsesiona a este puñado de exploradores de las más fantásticas piruetas de la realidad es el "espaciotiempo", la estructura que según las teorías de Einstein vertebra la trama del universo y cuya manifestación más asombrosa son los "agujeros negros", esos objetos bestiales que deforman la geometría del cosmos a tal punto que engullen todo lo que se les acerca, incluso la luz, y finalizarían en un punto situado en el futuro, en el que el tiempo desaparece (aunque sobre esto hay opiniones disidentes, como la del propio t' Hooft).

Tan exóticas son sus propiedades, que el estudio de estas entidades exige a un tiempo atenerse al rigor científico y suspender la incredulidad. Por ejemplo, se especula con que, de la misma forma en que un marino no puede ver qué hay más allá del horizonte, un observador que no haya atravesado el "borde" de un agujero negro no puede "ver" u obtener información sobre lo que ocurre adentro. Y si un eventual viajero estelar se aventurara a atravesar el llamado "horizonte de sucesos", no sentiría nada especial, pero entraría en una nueva región del espaciotiempo donde la fuerza de gravedad lo deformaría hasta desintegrarlo.

La aplicación de la mecánica cuántica a los agujeros negros, que Einstein en un primer momento aborreció, abrió la puerta a una matemática "extravagante": como la que dio pie a la teoría holográfica, que concibe nuestro universo como la representación en tres dimensiones (dos de espacio y una de tiempo) de otro de dimensiones múltiples.

Asistir a estas charlas salpicadas de palabras como "entropía" o "singularidad" hace pensar que los secretos mejor guardados del cosmos están reservados a una casta de iniciados. Pero ellos se sienten tan cómodos hablando de "agujeros de gusano" y otras curiosidades que se rehúsan a aceptarlo. Como hizo notar Juan Maldacena: de las teorías de Einstein alguna vez se dijo que solo podían comprenderlas dos o tres personas en el mundo y ahora están al alcance de cualquier estudiante de física. Entender para creer.

Por: Nora Bär

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