Apertura del 22º Festival Internacional de Jazz de Punta del Este: un inicio a la altura de los invitados

6 de enero de 2018  

Apertura del 22º Festival Internacional de Jazz de Punta del Este / Músicos: Amigos de El Sosiego (David Feldman -piano-, Popo Romano -contrabajo-, Pipi Piazzolla -batería-, Nicolás Mora -guitarra eléctrica- y Diego Urcola -trompeta, fliscorno-, con Chris Cheek -saxo tenor-), Stephen Riley Quartet (S. Riley -saxo tenor-, Jon Cowherd -piano-, Rodney Jordan -contrabajo- y Jason Marsalis -batería-) y Donald Vega Group (D. Vega -piano-, Neal Smith -batería-, Yasushi Nakamura -contrabajo-, Brandon Lee -trompeta- y Jon Irabagon -saxo tenor-) / Finca El Sosiego, Punta Ballena; jueves 4 de enero / Nuestra opinión: muy buena

La jornada había sido tan agobiante de calor y plena de sol como Buenos Aires. Pero cuando fue llegando la noche, la temperatura se fue haciendo más agradable y terminó resultando ideal para disfrutar el aire libre en pleno campo uruguayo. Y entonces, como tantas otras veces, la apertura de la primera jornada de las cuatro que tendrá este año el encuentro uruguayo, fue para el combo de sudamericanos que decidieron homenajear a Benny Golson. Fueron sus composiciones, varias de ellas en arreglos de alguno de los integrantes del grupo, las que rompieron el hielo. Con autoridad estética como si hubieran nacido en los Estados Unidos, con una solvencia técnica que mostró solos brillantes de todos a lo largo del set, con un entendimiento de jugadores que no entrenan juntos durante el año, pero que se conocen y vuelven a hacerse socios cada año, los "Amigos del Sosiego" fueron mucho más que Pipi Piazzolla, Popo Romano, Nicolás Mora, Diego Urcola y David Feldman por separado. Reconocidos todos como solistas brillantes y dueños de proyectos propios, volvieron a potenciarse y entregaron momentos de muy buen jazz, con una impronta regional para un repertorio de "standards" que es posiblemente su aporte más valioso. Para la ocasión, sumaron a un invitado, un saxofonista tenor aún no muy conocido en la Argentina. Oriundo de Missouri, Chris Cheek sorprendió especialmente por su destreza y su originalidad para la improvisación y, de algún modo, marcó la línea de lo que sería el resto de una noche con buenos saxofonistas. El segundo momento llegó, precisamente, con otro tenor. Stephen Riley hace un jazz especialmente apto para puristas. Elegante, con solos trabajados que se mueven en los límites de las posibilidades técnicas, pero que jamás sacan los pies del plato, fue el conductor perfecto para un cuarteto construido a su imagen y semejanza. El cierre del jueves fue para el nicaragüense Donald Vega. Formado en el piano clásico en su país, viajó a los Estados Unidos siendo adolescente y se hizo jazzista. Para esta primera actuación decidió armar un repertorio con composiciones originales de sus compañeros. Y lo que ocurrió fue por momentos de un nivel altísimo, sobre todo en lo interpretativo.

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