Equivocarse con Milagro Sala

Gabriel Levinas
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6 de enero de 2018  

Los que justifican los errores de los años 60 y 70 con lo que llaman "el clima de época", hoy los refuerzan (sin asumirlos) con la corrección política y soslayan que estos conceptos han causado retrasos enormes en la evolución de las sociedades. Ambos enrolan al pensamiento único y sus cultores han sido cómplices intelectuales en muchos de los fracasos del siglo XX. Aceptaron sin discutir que se podía conseguir la libertad suspendiéndola por tiempo indeterminado. "Prefiero equivocarme con Sartre que acertar con Aron", decían los intelectuales de la izquierda francesa que avalaron la masacre de Hungría y negaron las terribles purgas de Stalin.

Ver hoy a Alicia Dujovne Ortiz convalidando sin empacho a Milagro Sala es otro indicio de que la irresponsabilidad ilustrada está lejos de quedar en el pasado. Milagro es considerada una víctima por el progresismo de superficie, una presa política de un régimen dictatorial. Desde lejos puede verse así, gracias al eficaz aparato propagandístico de algunos sectores que manejan los organismos de los DD.HH. y la deficiente comunicación del Estado argentino para difundir los hechos que lastimaron a todos los jujeños.

Dujovne debió saltearse algunas reglas básicas del periodismo o de la investigación. Prefiere equivocarse con Sala que acertar con "los medios comprados con la pauta de la gobernación". Dice en un pasaje de su nota en Infobae que "las ciento cincuenta casas estuvieron listas en poco tiempo, y sobró lo que en la Tupac Amaru llaman 'los vueltos', con los que Milagro fue construyendo centros de salud, escuelas, piletas".

Hay que recordarle a Dujovne que el dinero que se le dio a Sala era del Estado, y sería interesante que la escritora nos acerque los asientos contables donde figura de manera ordenada el destino de esos "vueltos". Sobre la metodología del ahorro, podemos encontrarla documentada en las causas penales por las que la dirigente está siendo procesada: faltan 2000 casas que Milagro cobró y nunca construyó, y para muchas de las que se hicieron se usaron materiales muy por debajo de los estándares acordados y necesarios para que las viviendas sean consideradas dignas. También habrá verificado que para hacerse de los "vueltos", los salarios que Milagro pagaba estaban muy por debajo de una jubilación mínima, y gente humilde trabajaba sin chance de negarse en horarios muy superiores a las 8 horas, lo que viola un derecho universal. Sabían que si se negaban perdían sus viviendas. Hay otra confesión de parcialidad de Dujovne: se vanagloria de no haber charlado con quienes no apoyan a Milagro, es decir más del 80% de la población jujeña: "Hablar con los enemigos de Milagro me pareció inútil: para saber lo que piensan basta con leer lo que dice la prensa de Morales. Una prensa comprada y amenazada: los diarios, las radios, las televisiones jujeñas no reciben publicidad a menos de echar pestes contra Milagro Sala".

Hace más de un año que con Rosario Agostini, Marina Dragonetti y Sergio Serrichio trabajamos en un libro sobre la dirigente jujeña; tratamos de entrevistar a Milagro y a los principales referentes de la Tupac, sin éxito. Se niegan a darnos su punto de vista. A pesar de ello hemos seguido intentándolo y no lo logramos. Y lo consideramos un fracaso, queremos un libro con todas las voces. Dujovne se ufana de poner en el suyo, Milagro, solo una. Otro dato que no recabó: el Partido por la Soberanía Popular que presentó la candidatura de la líder de la Tupac Amaru llegó a tener, según Milagro, 98.000 afiliados. En las elecciones de 2017 Milagro, junto al kirchnerismo, sacó menos de 20.000 votos. No fue votada ni por su gente.

Lo más grave -como Sartre ignorando el Gulag y los cientos de miles de opositores confinados en Siberia- es que Dujovne no menciona el dolor de tantas víctimas de la violencia de Milagro. "Lo normal... en esta provincia todo se arregla a los golpes", justificó ante la TV francesa. "La terapia Milagro es un par de sopapos, en todo caso, le resultó", agregó. Nunca se sentó con Ivana Velázquez, quien fue molida a golpes por la patota de Milagro en las oficinas de la Tupac, para luego ser llevada a su casa, desalojada con violencia y abandonada junto a su hijito y sus pertenencias en un descampado, a la madrugada. Ivana se negó a ser la esclava sexual del hijo de la dirigente social y le sacaron la casa construida con los dineros del Estado, menos "el vuelto", por supuesto.

Tampoco habló con Soledad Mendoza, cuyos dos perros, la heroína de Dujovne mandó degollar, después de haber golpeado a la madre de Mendoza. Los animales fueron colgados de la pared junto a un cartel con la amenaza de que si la mujer seguía hablando, le iba a pasar lo mismo a toda su familia. La lista de víctimas es larga; su presencia en el lugar de los hechos no alcanzó para que Alicia tomara conocimiento de los atropellos de patotas financiadas con los "vueltos". Lo único que habla a favor de Dujovne es que para semejante dislate solo necesitó estar 20 días en Jujuy, más una alta dosis de la idealización típica de la izquierda europea respecto de América Latina. Esa mezcla de paternalismo y condescendencia que subyace en ella.

En Francia, a Milagro Sala, por mucho menos, le pegarían un puntapié que la devuelva a las Indias Occidentales. Pero según Dujovne, para la Argentina está bien, es pintoresca, es mujer y hasta tiene el physique du rôle del aborigen. Y mientras se quede por aquí, y no pretenda exportar ese populismo latinoamericano a Europa, la seguirán bancando. En fin, una baja dosis de responsabilidad cívica y humana justifica que Alicia Dujovne Ortiz haya optado por equivocarse con Sala en lugar de acertar con el pueblo de Jujuy.

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