Un conflicto innecesario dejó sin carreras a San Isidro

Tras una manifestación gremial se anuló la reunión de ayer; después, se anunció que habrá diálogo
Gustavo González
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6 de enero de 2018  

Fuente: LA NACION

Cuando bajó el ruido de la pirotecnia; cuando se callaron los bombos y los gritos de un grupo minoritario (siempre es una minoría movilizada la que crea el caos e inmoviliza) en la redonda del hipódromo de San Isidro, quedaron las secuelas. En el turf siempre pierden los mismos, el público y los propietarios de caballos, esos que invierten con destino incierto. Los sostenes del espectáculo.

No hubo carreras ayer, una fatalidad previsible derivada de un conflicto evitable. El Jockey club anuló la reunión después de que quiso imponer a los propietarios un arancel de 1000 pesos por caballo por el servicio del laboratorio para control del doping; y el sindicato de profesionales (jockeys y cuidadores) impuso un boicot para que sus afiliados no anoten en las reuniones de ayer y del miércoles próximo, sin consultar si estaban de acuerdo a los dueños de los caballos, que también habían protestado por la medida de San Isidro. Se subieron a un tren que sólo llevaba al conflicto, en nombre de un reclamo en el que, ahí sí, se unía a otros sectores, como el de los criadores.

Ese tren llevaba un largo recorrido. Todos los actores del turf exigen desde hace meses que los hipódromos de San Isidro y La Plata cumplan con el porcentaje de los fondos que deben destinar por ley a los premios hípicos. Un fondo denominado "de reparación", que entrega la Provincia de Buenos Aires extraído de lo que recibe de quienes explotan casinos y bingos. Una compensación al estilo argentino por la inhibición a los hipódromos de contar con tragamonedas, una modalidad que alivió la decadencia de la hípica en los Estados Unidos, por caso.

Ya está. Ahora que mostraron su poder de daño los que creen tener el poder, todo indica que tras el humo de la explosión habrá carreras casi con normalidad el miércoles próximo y también en las siguientes fechas, el sábado 13 y el miércoles 17. Ayer a la tarde, cuando ya no era viable el programa de 11 carreras paupérrimas, algunas con tres competidores y sin que los jockeys se comprometieran a correrlas, se reunieron Miguel crotto, presidente del Jockey club, y Eduardo Ferro, secretario general de la Asociación de Profesionales. El primero propuso "iniciar conversaciones"; el segundo contestó que lo pondrá a consideración de una asamblea convocada para hoy a las 11. Según un comunicado del sindicato, que ayer se manifestó con la inestimable compañía de un grupo de la cGT Zona Norte, en ese encuentro cumbre "se acordó suspender la reunión".

Crotto no quiso hacer comentarios ante el requisito de LA NACION y sus explicaciones se redujeron a las líneas de otro comunicado, del Jockey club claro. Un sistema que la entidad ni siquiera abandonó después de la desprolijidad de verse obligada a corregir un texto que envió en la semana, donde hacía "responsable a la Asociación Gremial y a la Asociación de Propietaros por cualquier perjuicio que puedan sufrir las personas y propiedades": tuvo que publicar otro, deslindando ahora a Propietarios. En el mismo texto se había calificado de "actitudes de índole mafiosa" a las que pudieran llevar a anular la reunión, como finalmente se produjo. De esto, el Jockey club no se desdijo.

Seguramente volverán pronto las carreras a San Isidro. Las soluciones de fondo, seguro que no.

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