Rally Dakar. Lejos de los flashes y los millones: a los 20 años, Juan Rojo se anima a la odisea y a la soledad

El riojano participa en la categoría "malle motos", cuyos corredores carecen de asistencia: ellos son sus propios mecánicos, arman sus carpas en los campamentos y elaboran sus hojas de ruta
Fernando Vergara
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10 de enero de 2018  

La KTM de Rojo es reparada por el propio joven de Chilecito, que debutó en 2016
La KTM de Rojo es reparada por el propio joven de Chilecito, que debutó en 2016 Fuente: Reuters

SAN JUAN DE MARCONA, Perú.- Cuando el Rally Dakar pisó por primera vez Sudamérica, Juan Agustín Rojo tenía apenas once años. Oriundo de la localidad riojana de Chilecito, fue llevado en 2009 por su papá, Fernando, a Fiambalá para disfrutar de cerca la carrera, y el niño quedó maravillado. Ya en la décima versión que se realiza en este subcontinente, Rojo es uno de los competidores que conforman el lado B de la carrera.

Su historia es de esfuerzo diario, de sacrificio a lo largo de todo un año, alejado de los flashes y los millones de dólares que mueve esta aventura que nació en África. El motociclista de 20 años reúne varias particularidades: es el piloto más joven de los 335 que figuran en la competencia motriz más exigente del mundo y participa en la modalidad más rigurosa, "malle motos", sin asistencia alguna para todo el recorrido de 9000 kilómetros entre Lima y Córdoba.

"Para mí el Dakar es importantísimo. El aprendizaje es constante y es lo que más resalto de esto. Siempre tengo que actuar con determinación. Yo aprendo todo el tiempo como atleta y como persona", explica Rojo para LA NACION.

En ese 2009 la fascinación de Rojo por las motos quedó impregnada en su espíritu. "Quedé muy marcado la primera vez que vi pasar tantos autos y motos. Era apenas un nene. No veía la hora de que llegara nuevamente enero para verlos en acción", rememora. El chileciteño ingresó al Dakar como mecánico del piloto Pablo Cid de La Paz en 2014, y volvió a serlo en 2015. El pequeño joven de 59 kilos y 1,66 metros fue acumulando experiencia y buenos resultados, como cuando consiguió la medalla plateada en la clase E3 de Six Days ISDE San Juan 2014. "Comencé a correr en enduro a los 14 y después me cambié al rally", cuenta.

Se prometió que alguna vez desandaría caminos en el Dakar, que ya lo tuvo como el más joven en 2016, con 18 años, 4 meses y 20 días. En aquella ocasión, un problema eléctrico lo dejó fuera de carrera en la octava etapa, pero la experiencia le sirvió para crecer.

El enorme desafío en 2018 encuentra a Rojo entre los originals (los "malle motos"), que deben arreglarse por sus propios medios. Es uno de los entusiastas y aventureros que se animan a la soledad. Las aspiraciones, lógica y únicamente, pasan por llegar al final. No hay equipos de asistencia: el competidor es piloto y mecánico a la vez. La organización los provee de una caja de herramientas y repuestos y una vez que el corredor arriba al campamento arma la carpa para pasar la noche y mantiene o repara su moto para el día siguiente. A esas labores suma la de marcar el libro de ruta.

A pocos metros de Rojo se ubican talleres mecánicos a bordo de enormes camiones de las monstruosas estructuras de los equipos oficiales. "El conocimiento de la moto tiene que ser perfecto porque acá no hay mecánico que me ayude", dice Rojo, mientras señala su carpa. "¡Está desordenada pero esto es el Dakar!", sonríe.

Este año, los participantes en "malle motos" son 26 (distribuidos entre 188 motos y cuatriciclos) y tres de ellos son argentinos: Rojo, Carlos Verza y Giuliano Giordana (ambos en cuatris). "Estamos a años luz de los competidores de Súper Producción, que apenas llegan al vivac entregan automáticamente los vehículos a sus asistentes. Pero para mí esto es un gran orgullo. Tiene un sabor especial. Es muy sacrificado pero tiene un mayor mérito", subraya Rojo.

Juan Rojo, participante en la categoría malle motos
Juan Rojo, participante en la categoría malle motos Crédito: @VergaraFernando

¿Qué son lo mejor y lo peor de una competencia tan exigente? "Tiene mil cosas bonitas. También sobresalen las duras: estar solo, que hace que la mentalidad juegue en contra. Si se tiene un problema, la cabeza trabaja, y siempre de manera negativa. Todo el tiempo es una lucha constante contra uno mismo. Lo bueno es que tanto física como mentalmente uno supera sus límites. En estas cosas uno se da cuenta de que el ser humano no tiene límites", analiza el riojano.

Rojo empezó a prepararse hace un año para el Dakar 2018. Lleva el Nº 95 y corre a bordo de una KTM EXC 450. En su exigente preparación se destacan el ciclismo y la natación, además de una nutrición adecuada. El entrenamiento funcional y en moto completa sus jornadas. "El Dakar es no sólo esto que se ve acá. Tuve 12 meses durísimos de prácticas, requiere un esfuerzo infernal. Fui muy disciplinado e inclusive más riguroso que la primera vez. Tengo el hábito de entrenarme y comer sano. Se hace llevadero, lúdico y ameno", revela. El día por día lo encuentra trabajando con su padre en una empresa de máquinas viales. "¡No me queda otra!", sonríe.

Rojo tiene un gran sueño que nació aquel día de 2009 en que quedó deleitado: ser profesional del motociclismo. "Me encantaría correr para un gran equipo, pero no sé si será posible. Por ahora quiero terminar este Dakar. Con eso sería muy feliz".

Ayer fue 71º, a más de 2 horas del triunfador del día

En la 4ª etapa, un bucle en San Juan de Marcona, Rojo tardó 2h16m57s más que el francés Adrien Van Beveren, el nuevo puntero del Dakar en motos, división que ve en el puesto 65º al riojano.

Abandonos importantes

Cyril Despres, piloto de Peugeot, y Sam Sunderland, que ganaba la clasificación de motos con una KTM, desertaron ayer. Hoy se desarrollará el 5º tramo, San Juan de Marcona/Arequipa, también en Perú.

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