Enrique Francisco Maschwitz: un escribano apasionado por el rugby

José Claudio Escribano
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10 de enero de 2018  

Es difícil trazar una semblanza más vívida de la personalidad del escribano Enrique Francisco Maschwitz de la que publicó este diario en Deportes, con la firma de Jorge Búsico, nuestro especialista en rugby, en la edición del jueves 27 de octubre de 2016. Fue con motivo de la demostración que la gente del San Isidro Club (SIC) le tributó al cabo de 73 años en la institución y por logros que precipitarían en la leyenda a cualquier entrenador.

Fuente: LA NACION

Durante 40 años Maschwitz casi obtuvo un campeonato tras otro dirigiendo los chicos de lo que antes se conocía como la quinta división, los de 15 y 16 años, la puerta verdadera al rugby de fuste. En algún momento, en esos elencos estuvieron dos de sus hijos. En aquella nota del suplemento deportivo está retratado, en cuerpo y alma, quien fue un profesional ejemplar en el notariado argentino, pero cuya pasión tan desinteresada como desbordante por los deportes, en particular por el rugby, lo definió de modo inolvidable. Sobre todo para sucesivas generaciones de jugadores y dirigentes del San Isidro Club: el SIC, o lo que es de igual resonancia en las tradiciones de aquella comarca suburbana, el mote de "La Zanja", por la fisura que se ha llevado el tiempo y partía por el medio el predio cuando el club se fundó, en 1935.

Cosas del deporte y de culturas en colisión. Al lado de los bribones de las barras bravas del fútbol, de sus estrellas a menudo lunáticas y fanfarronas, y de esa politiquería de bajo fondo que amaña a unas y a otras mientras despilfarra dineros públicos que postergan indefinidamente el estado natural de quiebra de muchos clubes, ha de ser siempre un alivio, y hasta una sorpresa reconfortante, encontrarse en las páginas dedicadas a actividades deportivas con el remanso viril del rugby y con figuras de la nobleza, el sano entusiasmo y modestia de quien desapareció ayer, en Marayuí, cerca de Chapadmalal, a los 88 años.

Maschwitz fue entrenador de la primera promoción exitosa del SIC, que contó con figuras de la categoría de Roberto Matarazzo, Fernando González Victorica, Miguel Iglesias y Fernando Insúa, decía LA NACION en aquel ejemplar de 2016. Entre 30 y 40 muchachos entre los que Maschwitz dirigió alcanzaron jerarquía de pumas. Él mismo era un deportista sobresaliente. Campeón de squash allí donde se jugara en su tiempo: en el memorable sótano de Florida y Tucumán (del lado de los impares), en CUBA, en el Jockey, en Hurlingham. Notable pelotari, eximio tenista, y desde luego, rugbier que alcanzó la primera división del SIC. Nada, sin embargo, podría decir más como faceta singular de su vida que la confesión de que lo que invariablemente con más impaciencia esperaba era la llegada, en los primeros días de marzo, del centenar de chicos entre quienes seleccionaría a los nuevos integrantes del semillero de La Zanja. Y así, por cuatro décadas.

"Enriquito" o "el Pelado" Maschwitz, como con cariño se lo llamaba, abrazó el deporte más que por la voluntad perseverante de obtener conquistas tras conquistas, por el ansia de consolidar familias, comenzando por la propia, y de confraternizar bajo la consigna de que no se compite sin lealtad. Su inseparable mujer, Martha "Mono" Villalonga Nazar, ha sido también una figura relevante en el SIC, como pionera del hockey, disciplina en la que un trofeo inscribe su nombre. La larga mirada zanjera de "Enriquito" sabía echar luz sobre cómo se habían gestado tantas victorias del SIC después de haber contribuido entre muchos otros asociados a que de un páramo, casi sin instalaciones, la institución se hubiera transformado de modo tal de acoger a chicos sanisidrenses en línea paralela a lo que había hecho el Club Atlético San Isidro (CASI), del que fue una escisión.

Maschwitz desempeñó la titularidad de la escribanía que desde 1952 lleva los asuntos de SA LA NACION. Por su madre, María Elena Caprile, era tataranieto de Bartolomé Mitre, fundador de este diario. Deja cuatro hijos: Enrique Ignacio, Cecilia, Ezequiel y Eugenio, 16 nietos y cinco bisnietos.

Había nacido en Buenos Aires, el 24 de julio de 1929.

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