El movimiento de denuncia de abusos suma fuerza, pero también polémicas

Una crítica a las distintas versiones del fenómeno #MeToo de 100 artistas, lideradas por Catherine Deneuve, inspiró una fuerte controversia nacional en Francia; el debate sobre un cambio histórico
Luisa Corradini
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11 de enero de 2018  

La actriz francesa Catherine Deneuve
La actriz francesa Catherine Deneuve

PARÍS.- Las compuertas estallaron el 5 de octubre pasado y, desde entonces, el flujo, inmenso y brutal, no parece cesar. Nacido con el "escándalo Weinstein", por el nombre del poderoso productor de Hollywood acusado por decenas de actrices de violación y acoso sexual, el movimiento se extiende desde entonces como un tsunami dispuesto a sumergir el planeta.

Con una rapidez fulminante, el maremoto atravesó el Atlántico e incluso el Pacífico. En sus diferentes versiones, el hashtag #MeToo (yo también) lanzado por las actrices norteamericanas se volvió viral en las redes sociales. Hasta una víctima japonesa se decidió a hablar públicamente en uno de los países más conservadores sobre la cuestión.

Pero la solidaridad femenina no es automática. Así pareció demostrarlo esta semana la carta publicada en Francia por un centenar de actrices, escritoras e intelectuales en contra de ese movimiento masivo de denuncia contra el acoso sexual, que terminó convirtiéndose en una auténtica polémica nacional.

"La violación es un crimen. Pero la seducción insistente y torpe no es un delito, ni la galantería, una agresión machista", dice la columna, firmada sobre todo por un ícono del cine mundial, Catherine Deneuve.

La respuesta a la inolvidable intérprete de Belle de Jour fue casi tan violenta como la rabia expresada contra los violadores. No solo en Francia, sino en el resto del planeta: "lamentable", "anticuada", "cómplice de los acosadores" fueron algunos de los epítetos proferidos en su contra.

Uno de los párrafos es considerado particularmente ofensivo por las mujeres que apoyan la campaña contra la agresión sexual masculina: "Defendemos la libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual. Hoy somos suficientemente conscientes como para admitir que la libertad sexual es por naturaleza ofensiva y salvaje. Pero también somos suficientemente inteligentes como para no confundir torpe seducción con agresión sexual".

"Me parece una lástima que una gran dama como Deneuve firme esa columna", declaró la excandidata presidencial socialista Segolène Royal. "Una vez más, los agresores dirán a las víctimas, ya aterradas ante la posibilidad de hablar: ?Ves, incluso Catherine Deneuve está de acuerdo con lo que hice'", agregó.

"Cuando la igualdad avanza, aunque más no sea medio milímetro, las buenas conciencias nos alertan de inmediato del riesgo de caer en el exceso", respondió un grupo de feministas en el texto publicado ayer en el sitio FranceTvInfo.

"Son individuos como Woody Allen, Weinstein y otros tantos hombres acusados -una y otra vez- de abusos los que Deneuve y sus amigas defienden con su carta abierta. Contrariamente a lo que afirman, su actitud no es a favor de la libertad, la libre expresión sexual o la identidad femenina. Se han puesto del lado de aquellos que buscan excusas para aprovecharse de mujeres indefensas", escribió ayer la columnista Van Badhman, de The Guardian.

Francia es uno de los países en los que la reacción fue más radical. La creación del hashtag #BalanceTonPorc (denuncia a tu cerdo) fue quizás la manifestación de un problema no necesariamente más vasto, sino más profundo. En el país de la seducción, los testimonios sobre la omertà que deben enfrentar en el mundo laboral las víctimas de acoso que intentan denunciar a sus agresores fueron tan numerosos y detallados que permitieron creer en la existencia de un verdadero muro de silencio, en total contradicción con la legislación vigente. Fue necesario que una mujer ministra de Salud Pública, Agnès Buzyn, contara el sexismo ordinario que debió enfrentar como médica para que los responsables hospitalarios reconocieran el problema.

El movimiento iniciado en Estados Unidos había tenido un enorme eco en toda Europa. Ya el 29 de octubre, la primera ministra británica, Theresa May, juzgó suficientemente serios los testimonios sobre los comportamientos de algunos diputados de Westminster como para escribir al presidente de la Cámara de los Comunes: "No creo que se pueda tolerar por más tiempo esta situación", advirtió.

#AncheIo o #QuellaVoltaChe en Italia, #YoTambién en España, #IchAuch en Alemania? En todas partes, mujeres de toda edad y todo medio social testimonian espontáneamente desde entonces contra las violencias sexistas. Esas denuncias incluyen un poco todo: los insultos y el acoso en el trabajo, las humillaciones y las violaciones, las derivas ordinarias y los hechos considerados por la Justicia como delitos o crímenes.

Es verdad, la violencia de algunas formulaciones -como el hashtag francés- planteó problemas éticos (la denuncia) y jurídicos (la difamación). Aquella suscita con frecuencia el odio y puede inducir a pensar que todos los hombres son "cerdos" y todas las mujeres, víctimas. Pero ese alud totalmente inédito estuvo a la altura del silencio ensordecedor mantenido hasta ese momento.

Un silencio que hizo reaccionar al presidente Emmanuel Macron ante la prensa: "Lo más duro es el silencio, el tabú. Lo importante es poder hablar. No son ellas quienes deben tener vergüenza. Son ellos", dijo, y prometió para este año una ley sobre la penalización del acoso callejero.

¿Acaso se puede hablar de cambio histórico?

"Es demasiado pronto para decirlo -responde la historiadora del feminismo Christine Bard-. Pero la amplitud del fenómeno es impresionante. Hasta ahora solo se escuchaba la palabra de las asociaciones y de algunas víctimas muy valientes. Hoy mujeres de todos los sectores comulgan en una realidad común: nuestras vidas están profundamente marcadas por la existencia de esa violencia". Esos testimonios "se ven reforzados por una nueva solidaridad temiblemente eficaz entre las mujeres", concluye.

El cruce por el #METOO

El manifiesto

Intelectuales francesas

Mientras el movimiento #Metoo continúa sacudiendo a Hollywood, 100 artistas e intelectuales francesas -entre ellas, la actriz Catherine Deneuve- publicaron en Le Monde un manifiesto contra lo que definen como "puritanismo sexual"

Solicitada

El documento habla de la defensa de la "libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual"

Punto de vista

"La violación es un crimen. Pero cortejar de forma insistente o torpe no es un delito, ni la galantería, una agresión machista", dice el texto, que generó amplia repercusión

Redes sociales

Tras las denuncias de agresión sexual de varias decenas de mujeres contra el productor de cine Harvey Weinstein, en octubre pasado, miles de relatos de abuso inundaron las redes sociales bajo la etiqueta #MeToo (#YoTambién)

Denuncias

Luego del caso Weinstein, decenas de artistas de Hollywood fueron denunciados por acoso y abuso, como Dustin Hoffman y Kevin Spacey

Expansión

#MeToo se replicó en otros países a través de las redes; la última entrega de los Globo de Oro quedó marcada por la campaña contra los abusos

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