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Luciano Cáceres: "Mi vida privada es mi vida privada y siempre van a decir cualquier cosa"

El actor y director está en Mar del Plata haciendo El ardor
El actor y director está en Mar del Plata haciendo El ardor Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
Silvina Ajmat
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16 de enero de 2018  • 00:10

“Nunca me importó el rating porque no sé qué hacer con eso. No sé cómo actuar una escena que mida 30 puntos. Para mí el éxito es hacer”, dice Luciano Cáceres diez minutos después de bajarse del escenario. Está "haciendo” su primera temporada en Mar del Plata con la obra El Ardor, junto a Valentina Bassi, Joaquín Berthold y Santiago Magariños, en un doble rol de director y actor. Si el éxito es hacer, Cáceres ya lo consiguió: mientras pone en escena de viernes a domingo hasta marzo esta obra en La Feliz; Corralón, la primera película de su productora hace funciones especiales en la costa con debates posteriores, y pronto verá estrenarse el film que terminó de rodar con Néstor Montalbano a fin de año, No llores por mí, Inglaterra, una parodia sobre las invasiones inglesas que protagoniza Diego Capusotto.

“Sé que algunos dicen que estoy en todos lados. Soy hiperquinético. Duermo poco pero bien. Pero es que soy un privilegiado, amo lo que hago”, reconoce el actor que celebra este año dos décadas de trabajo en el teatro off, su cuna. Cuando recibió la propuesta del Auditorium y de Cultura de la Provincia para estrenar una obra de un autor bonaerense en temporada de verano, Cáceres sintió que era lo que estaba esperando. “Estrenar en Mar del Plata es algo que me debía. Vine en otras ocasiones, pero no con una obra exclusiva para acá”, dice. Y aunque había jurado no volver a actuar en obras que él mismo dirigiera, tuvo que ceder. “Querían que la actuara también, algo que no hacía hace como 15 años. El proceso fue divertido, un tanto esquizoide para mis compañeros”, agrega entre risas.

Su montaje de El Ardor le da al Auditorium un contenido con la calidad artística necesaria para operar como espacio disruptivo, que proponga ideas, preguntas, nuevas formas expresivas, que discuta y cumpla el rol de impulsor de la cultura que se le exige a un teatro estatal. El texto de Alfredo Staffolani cuenta la historia de una familia -padres e hijo adolescente-, que vive en un aparente aislamiento social, que hace la vista gorda para no confrontar con los problemas, y que encerrados sin aire acondicionado en un calor sofocante, ardiente, reciben la visita de un pariente proveniente del Paraná, que pondrá en jaque el falaz equilibrio en el que viven. La energía apelmazada de la casa en la que permanecen varados por una tormenta que no se detiene, mutará a medida que pasan las escenas guiada por pasiones desenfrenadas y verdades que desatarán un final perturbador. “El espacio del Auditorium, con mil butacas, fue complicado para una obra que es para hacer más intimista. El riesgo fue poder generar una puesta, algo visual, potente, pero lo más teatral posible. Que se vean los mecanismos los decorados, que todo se note que está puesto, que es una forma de editar las escenas y poder mostrar, como haciendo lupa de estos momentos más interiores de los personajes”, comenta sobre la puesta en escena, para la que echó mano a dispositivos escenográficos particulares como baldes de agua que se activan al jalar una palanca, regaderas para invocar la lluvia y un sillón cama elástica que catapulta a los personajes fuera de escena en una coreografía de movimientos dinámica y profundamente dramática.

-¿Por qué te parece que es tan atractivo para el teatro la fórmula de la familia disfuncional, el matrimonio desgastado, los hijos con problemas de socialización...?

-Creo que lo que está de fondo en eso es lo interesante: el deseo propio que uno resigna, adormece, la individualidad natural que uno debe defender como ser humano para poder estar bien con el otro. Hay mucho de esto de... “No discutamos”. Si sacáramos las cosas afuera seríamos más felices. Creo que el deseo adormecido es el peor mal. Hacer todo en función del otro no es generoso, es ser egoísta con uno mismo. Estos tipos son re buenos, no son malos, son malos consigo mismos, no están respetando lo que les ocurre, lo que quieren ser.

-Hasta que alguien te muestra otra vida...

-Es como una necesidad del afuera, la llegada del primo, y el primo que viene del Paraná profundo, un lugar donde tampoco hay Internet, no sabe lo que es un jacuzzi. Viene a traer lo esencial: está caliente. Está desnudo, y no pasa nada. Pero cualquiera que entre a este trío algo va a alterar. Porque es algo de afuera.

-¿Te parece que este espectáculo puede ser popular?

-Estoy seguro que el espectador es mucho más inteligente de lo que la gente cree. La gente mayor también entra en el juego. Que caminamos por los sillones, que nos caemos. El público ve distintas propuestas.

Trailer Corralón

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-Terminaste el 2017 con el estreno de la primera película de tu productora. ¿Cómo fueron las repercusiones?

-Corralón superó las expectativas, una película que hicimos independiente, en seis semanas, un elenco que se copó de onda, estuvo muchas semanas en cartel, participó de varios festivales y se vienen más.

-¿Cómo ves a la industria del cine?

-Poco se conoce de qué va a pasar con nosotros los que hacemos cine independiente, de autor, bueno, yo hago todo tipo de cine, pero hay que ver cómo sobrevive. Esperemos que ese espacio siga existiendo. El Incaa tiene que ser un instituto de fomento del arte audiovisual no solo pensar en películas de alto rendimiento comercial. Es un momento... yo entiendo las nuevas gestiones y las transiciones y los reacomodamientos, pero hay una industria que está parada. A fin de año se activó, pero todavía se sabe poco de lo que va a pasar.

-¿Te preocupa?

-Siempre me preocupa. Toda la industria audiovisual me preocupa. Cómo se reactiva es más laburo para todos. Suceden otras cosas, otras maneras de competir. Acá tenemos muchísimo talento, vienen de muchas partes del mundo a estudiar a la Argentina. En todos los festivales internacionales siempre la presencia argentina es muy importante.

-¿Te parece que faltan políticas para incentivar la cultura?

-Tiene que haber una industria fortalecida. Los institutos tienen muy poco presupuesto se gasta mucho en la burocracia de la gestión, de todo lo que se tiene que hacer, y toda la actividad del teatro independiente pero no deja de ser amateur. La ayuda de los subsidios es una ayuda que existe y se agradece, el subsidio es genuino, nuestro y ayuda un montón. Pero en otros países no pueden creer que nos juntamos a ensayar por nada. No lo entienden. Ahí la cultura es importante porque habla de la identidad de un país. Creo que eso es algo para tener en cuenta. Sé que es muy importante la educación, la salud y que la gente morfe son prioridades, pero la cultura también. Defenderla, cuidarla apoyarla, habla de una identidad.

"Sé que es muy importante la educación, la salud y que la gente morfe son prioridades, pero la cultura también. Defenderla, cuidarla apoyarla, habla de una identidad"
"Sé que es muy importante la educación, la salud y que la gente morfe son prioridades, pero la cultura también. Defenderla, cuidarla apoyarla, habla de una identidad" Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

-Hace poco dijiste que los políticos no te representan y causaste cierto revuelo...

-Lo que dije es que siento que la dirigencia no me representa. De la misma manera que yo elijo un director, y que intento ser como director, pienso en un dirigente y un director que arme caminos para que todos puedan transitarlo y lleguemos al mismo puerto. Siento que los políticos arman caminos primero de conveniencia propia, y después caminos en donde siempre se caen unos u otros, que no son para que los transitemos todos. De eso hablaba. No veo políticos pobres, que pasen lo que pasa la gente que más necesita. Me genera desconfianza porque no están transitando el mismo camino que la gente; que es lo que uno hace cuando dirige, vamos juntos. Son caminos para estar ellos mismos no para que esté mejor la gente.

-¿Esta decepción es de ahora o de siempre?

-De siempre. Siento que hubo modelos más inclusivos que otros, pero está sucia la política desde hace mucho tiempo y creo que entre los políticos son de distintas ideologías son más amigos de lo que pensamos. No me creo los antagonismos ideológicos entre ellos. La división les conviene a ellos no a la gente. Yo estoy del lado de los míos. De la gente que quiero. Eso de divide y reinarás les sirve a los políticos, no a nosotros.

-¿Qué análisis hacés de las audiencias televisivas después del levantamiento del aire de Fanny la Fan?

-Lo de Fanny fue una experiencia hermosa que puso en evidencia lo que sucede con las nuevas plataformas. Hay todo un público ahí. Me sucede a mí: no veo televisión, veo Netflix, veo DVDs cuando quiero, y si quiero ver cinco capítulos seguidos lo hago. Hay un público que está pidiendo eso, aunque hay mucha gente que se sigue sentando a ver televisión. Hay que pensar en contenidos para las nuevas plataformas, pero eso no es mi laburo. Mi laburo es actuar.

-¿Cómo te llevás con las críticas?

-Con las críticas me llevo bien. Yo confío mucho en el laburo que hago. Sé leerlas. Cuando veo una crítica que habla por gusto, la dejo de leer. El gusto es para pedir helado. No podés limitar a tu gusto el trabajo de otras personas. Yo cuando voy a ver algo trato de leer lo que laburaron, más allá de mi gusto. A veces es un poder que tiene el que opina que es muy particular. Pero siento mucho reconocimiento y respeto de la crítica con respecto a mi laburo. Sé que no hago algo a medias, y sé que es particular. Podría haber hecho el decorado de una casa, y listo. Pero estaría subestimando al espectador.

-¿Cómo es el espectador al que te dirigís?

-Me gusta pensar en un espectador que lo completa, que coma hasta donde quiera de lo que está viendo, que imagine también. Me gusta pensar en un espectador activo. Que se movilice por otras cosas. No digo que lo que yo hago sea renovador.

-¿Y qué dirías del teatro que hacés?

-No dirijo un solo tipo de teatro. No hago trabajo de mesa. Ensayo con letra sabida. Vamos al hueso, a que ocurra, a sentir, a ver cómo lo contamos. En mis obras hay mucho cuerpo y algo visual. No analizo el texto... eso genera más distancia que la que ya genera el papel que no se mueve ni hace nada. Confío en esos autores que desde la ubicación de las letras en el papel ya están proponiendo un ritmo. Sarah Kane decía en 4.48 Psicosis [obra que dirigió en 2006]: “Una palabra en una carilla, ahí está el drama”. Creo mucho en los autores que buscan la palabra.

¡Una selfie! Al actor suelen reconocerlo en las calles de Mar del Plata y pedirle fotos y él, de buen humor, acepta los pedidos
¡Una selfie! Al actor suelen reconocerlo en las calles de Mar del Plata y pedirle fotos y él, de buen humor, acepta los pedidos Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

-¿Cómo te llevás con la exposición pública que tiene a veces tu vida privada?

-Mi vida privada es mi vida privada. Yo lo resuelvo donde lo tengo que resolver. La gente me reconoce por actor y director. Todo lo otro es un ruido que le conviene a otro. No a mí. Si le das de comer a eso es peor. Se cae de maduro que es pirotecnia.

-¿Te molesta que se hable de vos en las revistas?

-Me han inventado cualquier cosa. Hasta que estoy de novio con mi hermana, qué vas a hacer. Siempre van a hablar, van a decir cualquier cosa. “Lo vieron bailando hasta el amanecer”, ponen, y estuve 15 minutos.

-¿Te preocupa que tu hija tenga contacto con los rumores de parejas que te adjudican?

-No me preocupa por la diaria que tengo con mi hija. Por sobre mi persona yo la cuido a ella, esa es mi prioridad. Es un cuidado atómico el que tengo con mi hija.

-¿Cómo son los días en Mar del Plata con ella?

-Estoy trabajando pero es como un laburo-vacaciones con mi hija. Están mis sobrinos también entonces por más que yo esté en el teatro, después me sumo y armamos planes. Es un planazo hacer temporada de verano y traerla. El año pasado me la llevé a Brasil para un rodaje, con mi hermana y mi sobrina. Laburaba de 5 y media de la mañana hasta las 3 de la tarde y después tenía toda la tarde libre, en Río de Janeiro, para llevarla a la playa.

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