Hipótesis de un crimen que aún no tiene móvil

Un operativo inconsulto, una guerra de espías y la motivación nuclear, son algunas alternativas
Hernán Cappiello
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14 de enero de 2018  

El caso de la muerte de Alberto Nisman se encamina a un juicio contra un único sospechoso de ser partícipe en su homicidio, el informático Diego Lagomarsino , pero sin autores materiales ni intelectuales identificados que pueden explicar una motivación para lo que la Justicia ya consideró como un asesinato.

A pesar de esta falta de indicios en el expediente que puedan llevar la investigación a otro nivel, el fiscal Eduardo Taiano escribió que es sugestiva la actividad relacionada con el mundo del espionaje que se registró en los momentos previos a la muerte del fiscal.

Hizo una lista de esos indicios: la extraña desaparición de un quiosco de diarios de Puerto Madero tras el crimen (que luego se supo pertenecía un plomero con mala suerte para los negocios), la vigilancia que realizaba la Prefectura Naval sobre el fiscal, las supuestas tareas de inteligencia que efectuaban sus hombres, el agente de la ex SIDE, "Cato", que fue su custodio, sorpresivos cortes de luz en las torres Le Parc y los supuestos antecedentes de Lagomarsino.

También las relaciones con espías de los policías que vigilaban al funcionario y la explosión de llamadas telefónicas que se cruzaron de madrugada jefes de inteligencia, el fin de semana del 17 y 18 de enero de 2015. A eso se suma que parte de la información del teléfono celular y de la notebook de Nisman fue borrada con un sistema seguro y que su sistema de Wi-Fi fue alterado.

La suma de indicios no alcanza para elaborar una hipótesis firme que lleve a ponerle nombre y apellido a autores intelectuales y sus móviles.

No obstante, abogados cercanos a la causa se plantearon tres hipótesis para explicar quién mató a Nisman:

El empleado del mes: en esta idea, Nisman, tras su denuncia, se transformó en un personaje incómodo para el kirchnerismo y algún personaje relacionado con servicios de inteligencia se tomó a pecho la sugerencia de que era necesario que se dejara de molestar y montó una operación que terminó con su muerte.

Guerra de espías: en esta otra construcción, Nisman murió por un enfrentamiento entre grupos del espionaje local, que buscaban sacarse un problema de encima y complicar el escenario político de Cristina Kirchner arrojándole un cadáver.

La motivación nuclear: la muerte de Nisman fue obra de una conjura internacional de espías, porque su denuncia frustraba una operación comercial de transferencia nuclear.

De nada de esto hay la más mínima evidencia, pero como ocurre con todos los misterios que se prolongan, y la Justicia no puede dar una respuesta, las especulaciones se multiplican.

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