Murió Dan Gurney, una leyenda de los fierros que trascendió la Fórmula 1

Fuente: AP
Pablo Vignone
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16 de enero de 2018  

No fue campeón mundial como sus compatriotas Phil Hill o Mario Andretti, pero a diferencia de ellos, se volvió una auténtica leyenda del automovilismo mundial. Daniel Sexton "Dan" Gurney inspiró con su manejo, con sus éxitos con sus ideas. Andretti lo despidió ayer reconociendo esa inspiración: "soñaba con ser como él", escribió en twitter. Cuando concurrió al velatorio de Jim Clark, en abril de 1968, hace casi medio siglo, el padre del escocés le reveló lo que el malogrado piloto -uno de los mejores de toda la historia- nunca le había confiado: que veía en Gurney a su más difícil rival. Un elogio más enorgullecedor era imposible recibir.

Piloto, dueño de equipo, constructor, se ganó un lugar en la memoria de los fierros por su versatilidad pero, especialmente, por un don más genuino: nunca nadie tuvo nada malo que decir sobre él. Su carácter destilaba tanta bondad que la revista Road &Track organizó una campaña en los '60 para postularlo como presidente de los Estados Unidos.

Uno de sus particulares méritos fue darle la primera victoria en Fórmula 1 a tres marcas distintas.

Hijo de un cantante de ópera, veterano de la guerra de Corea, su vocación por la velocidad nació como la de Phil Hill, en California. Como su compatriota, arrancó su carrera internacional compitiendo para Ferrari sin salario, solo por los premios, pero no resistió el maquiavélico ambiente de la escudería del Cavallino. Hill sí, y por eso fue campeón.

La leyenda de Gurney superó el acotado ámbito de la Fórmula 1. Ganó cuatro Grandes Premios allí, pero también venció en IndyCar, en Nascar, en Le Mans y en otras series internacionales de los '60 como Can-Am o Trans-Am. Su campaña abarcó 312 competencias, de las cuales venció en 51, antes de retirarse del volante en 1970.

Uno de sus particulares méritos fue darle la primera victoria en Fórmula 1 a tres marcas distintas. Ganó con un Porsche el Gran Premio de Francia de 1962, en Rouen; los alemanes lo hacían correr por el honor, pero Gurney se cobró en especias, casándose con la secretaria del director deportivo, Huschke Von Hanstein: Evi Butz Gurney, su mujer durante más de medio siglo, dio a conocer la noticia del fallecimiento de su marido, el domingo en California, a causa de una neumonía, a los 86 años: "Con una última sonrisa en su rostro, Dan se fue manejando hacia lo desconocido"

Logró también la primera victoria para Brabham, en Francia 1964, y si no hubiera dejado el equipo para perseguir su propio sueño, habría podido ser campeón: esos coches coronaron a sus pilotos en 1966 y 1967.

También conquistó una de las victorias más populares, en el GP de Bélgica de 1967, con un Eagle, su sueño, un auto construido por su propio equipo, el Anglo American Racers (AAR). Fue la primera y única vez que un norteamericano ganó un GP de Fórmula 1 con un coche de propia construcción, algo que ni Hill ni Andretti intentaron siquiera.

Aquel fue un periodo brillante en su carrera. Una semana antes de Bélgica, había logrado la victoria en las 24 Horas de Le Mans, en pareja con A.J.Foyt. Gurney era tan alto que al Ford MkIV que condujo hubo que practicarle una burbuja en el techo, para que su casco no golpeara. En el podio de Le Mans, popularizó el descorche de champán, cuando un sponsor de la competencia le acercó una botella. La semana anterior, había sido segundo en las 500 Millas de Indianápolis.

Más tarde, fueron sus Eagle los que conquistaron las 500 Millas en tres ocasiones. Al buscar la manera de ganar velocidad, inventó el Gurney Flap, un pequeño spoiler adosado al alerón trasero de sus autos, que hoy es moneda corriente en cualquier auto de carreras.

Lo mismo que el casco integral, cerrado, que protege el rostro de los pilotos. Fue el primero en estrenar uno, en las 500 Indy de 1968, y en usarlo en Fórmula 1, para el GP alemán de ese año.

Amigo de Juan Manuel Fangio, sus Eagle-Toyota le dieron al sobrino del Quíntuple, Juan Manuelito Fangio, la posibilidad de ser bicampeón en los Estados Unidos en 1992 y 1993. Otro argentino, Néstor García Veiga, también corrió uno de sus autos en la década del '70.

Tal fue su inspiración que cuatro de sus cinco hijos varones se involucraron en el automovilismo; uno de ellos, Alex, llegó a ser campeón estadounidense. Su leyenda no pudo haber recibido superior tributo.

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