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Entrená tus partes íntimas con el kung fu vaginal

Crédito: Denise Giovanelli. Ilustración de Soledad Pérez Mendoza
Si todavía no escuchaste hablar de este método de entrenamiento interno, acá te contamos de qué se trata.
Denise Tempone
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18 de enero de 2018  • 00:50

De vez en cuando, aparece en el panorama la noticia de una nueva técnica sexual que no deberíamos perdernos. Una que supera a la anterior y promete acrecentar nuestro placer a niveles impensados. Estos son los días del “kung fu vaginal” y sus múltiples “pesitas” (en forma de bolitas y piedras) con las que podemos entrenar nuestros músculos internos. Considerado parte de un saber milenario, este arte marcial genital sería la práctica que a (casi) todas nos falta para convertirnos en verdaderas masters del placer. ¿De qué se trata? ¿Es para tanto? ¿Podemos llegar a cinturón negro?

Entrenar, ¿qué cosa?

No solemos pensar en la fuerza de nuestro aparato reproductor hasta que la descubrimos en un parto. Reparar en las condiciones de tonicidad, elasticidad y resistencia que nos permiten retener a un bebé en nuestro interior, y luego expulsarlo, nos puede dejar absortas.

Porque esa fuerza no es algo con lo que nos conectemos a diario. En general, la educación sexual no nos enseña a sentir nuestro cuerpo sino a analizarlo. Lo que el kung fu vaginal viene a recordarnos es la posibilidad de tomar acción sobre zonas clausuradas de nuestra anatomía para ejercer dominio sobre músculos que, posiblemente, ni siquiera logramos identificar del todo.

Entrenar, ¿para qué?

La sexología clásica se refiere a este tipo de entrenamiento como “ejercicios de Kegel”, que se prescriben a personas con incontinencia urinaria y a mujeres que se preparan para un parto o se reponen de él. Son ejercicios que apuntan a reeducar la tensión en esa zona de su cuerpo: el ejercicio clásico recomendado es cortar el chorro de pis durante la visita al baño.

Sin embargo, el kung fu vaginal no se reduce a estos ejercicios ni se usa solo en casos médicos. Con esta base técnica, la sexología occidental tomó otros componentes de las enseñanzas del tao para aplicarlos a la educación del placer.

¿Qué tiene que ver el kung fu con el sexo?

Cuando no sabemos qué hay dentro de un espacio, el lugar se convierte en un gran agujero negro y en un gran contenedor de nada. Y sobre la nada, se sabe, no tenemos control. Aunque suene increíble, esto es exactamente lo que sienten muchas mujeres sobre su genitalidad.

No tener conciencia de los movimientos que voluntariamente podemos lograr ahí abajo, de los grados de tensión a los que podemos llegar y de cómo incide todo esto en nuestro goce nos deja completamente entregadas al azar del placer. Y, en estos casos, lo único que nos queda es buscar un compañero mágico que nos ayude a desplegar todo nuestro potencial. La propuesta del kung fu vaginal es, precisamente, entrenar estos músculos de manera de obtener un sutil y preciso control de sus grados de fuerza y relajación para ejercitarlos en nuestros encuentros o en nuestras búsquedas solitarias.

Entonces, ¿el buen sexo es una cuestión de fuerza?

No necesariamente. Y acá es donde el kung fu se vuelve interesante. A muchas mujeres se les recomienda entrenar no tanto para “hacer fuerza” durante el acto sexual ¡sino exactamente lo contrario! En un mundo que nos mantiene tensionadas y en control, algunas mujeres deben aprender a identificar y dominar la tensión, precisamente para liberarla y liberarse a sensaciones placenteras cuando llega el momento. Para ser totalmente claras: somos tantas las que vivimos cerrándonos por miedos o estrés que ni siquiera somos capaces de identificar esa obstrucción al placer. Nos parece un estado natural, aunque lo cierto es que esa alerta inconsciente obstruye la circulación sanguínea que necesitamos para llegar al orgasmo. Durante el sexo, puede que tener más fuerza logre algunos cambios corporales momentáneos, como el desplazamiento (milimétrico, claro) del clítoris hacia una zona más permeable al roce, pero son percepciones tan personales, que no se puede plantear como "la regla" ni ser anticipadas de forma especial.

¿Qué se hace con las bolitas?

Las mujeres que exploran el kung fu vaginal hacen eso que te estás imaginando: se meten las bolitas adentro y experimentan con el ejercicio de sentirlas, de retenerlas, de expulsarlas a mayor o menor velocidad y de hacerlas asomar y recuperarlas, entre otras proezas.

Las cosas que podés llegar a hacer cuando tenés pleno dominio de tus músculos son dignas de un show de circo (de hecho, hay videos porno de eso), pero, en realidad, no se trata de llegar a los extremos: los sexólogos aseguran que ejercitar sin nada dentro, simplemente contrayendo esa parte de tu cuerpo, ya es de por sí efectivo. Existen bolas de diferentes elementos, de acero quirúrgico, de silicona, de plásticos y de minerales. Pueden venir de a una, con o sin hilito (para quienes tienen miedo de que se pierdan), y también de a más de una, para ir ejercitando diferentes niveles de complejidad, fuerza y retención. Algunas, “las bolitas chinas”, vienen con otras adentro, lo que provoca una vibración especial cuando caminamos con ellas puestas. Aunque supuestamente la vibración trae nuevos niveles de contracción, no hay pruebas de que esto ocurra. Lo que sí va a ocurrir es que vas a conocer más y ganar conciencia sobre tu cuerpo.

¿Es higiénico?

Es creciente el interés de las mujeres por “limpiar” sus interiores de memorias ancestrales, pasados sexuales y problemas de fertilidad, y recurren a las piedras energéticas para hacerlo. Proliferan guías para hacer rituales con huevos de obsidiana (piedra volcánica), y en general las prácticas combinan técnicas del tao con creencias chamánicas. Y aunque cada mujer es libre de emprender la búsqueda que desee, la ginecología y la obstetricia clásicas miran con reparo este enfoque y advierten sobre los riesgos de infecciones.

¿Dónde comprarlas?

ConexionMatriz

- Magic no Pánico (Thames 1874, Palermo).

Expertas consultadas: Silvina Valente. Especialista en ginecología, obstetricia y sexología. silvinavalente@speedy.com.ar . Pamela De Girolamo. Terapeuta holística, da talleres en Conexión Matriz para reconectarse con el útero y recuperar la sabiduría ciclica. pamela.degirolamo@gmail.com .

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