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Ernesto Sanz: "En 2019 nos van a votar si logramos transformar la expectativa en resultados"

En una entrevista con LA NACION, el ex titular de la UCR y uno de los fundadores de Cambiemos afirma que la fragmentación de la oposición le impide a Macri avanzar con las reformas
En una entrevista con LA NACION, el ex titular de la UCR y uno de los fundadores de Cambiemos afirma que la fragmentación de la oposición le impide a Macri avanzar con las reformas Fuente: Archivo
Matías Moreno
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17 de enero de 2018  • 14:37

Ernesto Sanz viaja poco a Buenos Aires. Ya no pisa con cierta frecuencia los despachos de la Casa Rosada. Sus tareas como abogado en el estudio jurídico y en la posada rural de su esposa lo mantienen ocupado en Mendoza, su provincia natal. "Mi profesión me tiene absorbido. Estoy de guardia en la feria judicial", cuenta a LA NACION en una entrevista telefónica.

Con el correr del segundo año de mandato de Mauricio Macri , el ex presidente de la UCR y uno de los arquitectos de la coalición Cambiemos se alejó de la actividad partidaria y de la gestión diaria. Prefiere mantener el perfil bajo. En su retiro de la arena política se convirtió en "un consultor a la distancia". Mauricio Macri lo llamó durante las horas más críticas de su administración, cuando evaluaba promover por DNU la reforma previsional. Al igual que Elisa Carrió (CC-ARI) y las principales espadas radicales en el Congreso, le aconsejó al Presidente que no lo firmara. También lo consultaron sus correligionarios para conocer su opinión ante las elecciones de las nuevas autoridades del partido. Y Sanz le brindará "una mano" al gobernador de Mendoza y flamante presidente de la UCR, Alfredo Cornejo , en su nueva función.

Ernesto Sanz dice que el Presidente "se banca pagar los costos políticos"
Ernesto Sanz dice que el Presidente "se banca pagar los costos políticos"

Pese a la caída de la imagen presidencial, dice que ve al Gobierno "firme" y con un plan frente a una oposición que permanece "fragmentada" e integrada por algunos grupos "radicalizados y fundamentalistas" que impiden consensuar reformas. A dos años de los comicios de 2019, señala que Cristina Kirchner no está terminada en el terreno político, pero cree que su programa y liderazgo no tendrán lugar en el rearmado del peronismo.

En el plano de la Justicia, sostiene que la Casa Rosada no está detrás del avance de las causas judiciales contra ex funcionarios kirchneristas y sindicalistas. Y considera que el Ejecutivo debería impulsar un debate en el Congreso sobre el uso de las prisiones preventivas.

- ¿Cómo está su relación con Macri? ¿Están distanciados? Antes participaba más de las reuniones en la Casa Rosada

-Tampoco tenía reuniones a solas con él. Formaba parte del núcleo del gabinete de coordinación y estaba invitado a participar cuando estaba en Buenos Aires. Al ir poco a la Capital, voy perdiendo... La relación con el Presidente está bien, normal, como siempre.

-¿El Gobierno está pagando los costos de avanzar con la reforma previsional? La imagen presidencial cayó en las encuestas.

El Gobierno está plantado y tiene un presidente que se banca los costos

-La ventaja de tener un presidente como el que tenemos es que él sabe que se pagan costos políticos por hacer reformas y está dispuesto a afrontarlos. Normalmente, los gobiernos le temen mucho al costo político y no hacen las reformas profundas que en la Argentina son asignaturas pendientes hace décadas.

Estas reformas políticas también deberían ser fruto de un consenso con la oposición. El problema institucional-político lo tenés más del lado de la oposición. El Gobierno tiene un plan, una hoja de ruta, la decisión de avanzar y un presidente que se banca los costos. Pero resulta que este gobierno no tiene mayorías y cuando sale a la calle a buscar acuerdos, se encuentra con que del otro lado hay fragmentación, que es malo. Y dentro de esa fragmentación, tenés grupos que están muy radicalizados, que son fundamentalistas, que se ubican en los bordes. El episodio de violencia de diciembre se inscribe más allá del borde. Hay que empezar a preguntarse cuántos de esos opositores están dispuestos a jugar dentro del esquema democrático-institucional y a cuántos no les importa nada.

- ¿Cómo ve al Gobierno?

-El Gobierno está bien, plantado y firme. Toma decisiones, no está paralizado o esperando que vengan los acuerdos. El problema es que no tenemos un sistema político equilibrado. ¿Esto es culpa del Gobierno? No, porque plantó a la coalición Cambiemos en el centro de la cancha y estamos esperando ahora que del otro lado haya una fuerza similar.

- El Gobierno tuvo que postergar el debate de la reforma laboral en sesiones extraordinarias porque no hay consenso con la oposición. ¿Macri se confió demasiado en los acuerdos con los gobernadores del PJ?

Los gobiernos de las provincias están viviendo una luna de miel con el federalismo

-El Gobierno no tiene otro camino. Está obligado a confiar; el problema es cómo le responden aquellos en los que confía. Si no hiciera lo que hizo con los gobernadores o si no buscara un acuerdo con los sindicalistas, la Argentina no podría funcionar. Pero si hacés un acuerdo y del otro lado a los dos días empieza a resquebrajarse. Es una cosa increíble lo que pasó con el tema de la reforma laboral. Los gremios acordaron y después no sé qué pasó. La reforma es necesaria, tiene que salir. Debe haber un replanteo de la cuestión laboral porque estás desfasado con la realidad. Si querés un país productivo, con inversiones, tenés que revisar algunas cosas.

No creo que el Gobierno peque de ingenuidad. En materia sindical y política, tiene bien en claro quiénes son los interlocutores y cuáles son sus debilidades y fortalezas. No hay corriente sindical en la que puedas confiar más. El sindicalismo es lo que hay, lo que se ve. En el caso de la política, ¿cuál es la mejor fracción del peronismo con la que te podés sentar a hablar? Los gobernadores, porque tienen el mismo problema de gobernabilidad que el Ejecutivo nacional. Los gobiernos de las provincias están viviendo una luna de miel con el federalismo. Hay diálogo y concesiones permanentes del gobierno nacional, hay planes federales que se materializan en todo el país. Debería haber una respuesta más potente de todo ese conjunto en favor del Gobierno.

-¿Hay una persecución judicial a ex funcionarios y sindicalistas críticos como denuncia parte de la oposición?

-El Gobierno no ha sido el actor desencadenante o el motor ni en el tema de los juicios a ex funcionarios, ni en el tema de investigaciones a sindicalistas. El Gobierno no tiene una agencia para operar sobre la Justicia. Lo que ha ocurrido es que la Argentina ha cambiado. Ha cambiado la visión y la participación de la sociedad. Son épocas donde empiezan a aparecer cuestiones que estuvieron tapadas durante mucho tiempo. Ahora nos enteramos de que en la Uocra de Bahía Blanca pasan esas barbaridades que antes pasaban igual, pero no salían a la superficie. Hay una consecuencia natural de eso.

Los sindicalistas deberían ser capaces de separar la paja del trigo. Deberían decir que la Justicia tiene que actuar para dejar a un lado a los buenos y del otro, a los malos. Hay tipos dentro del kirchnerismo que han sido honestos, pero al final terminan defendiendo a los deshonestos. Entonces, ¿de qué lado están?

-¿Cuál es su postura frente a la ola de detenciones con prisión preventiva? ¿Le parece razonable?

-En el tema de la prisión preventiva hay un debate pendiente en la Argentina. Me parece que vendría muy bien que el Gobierno envíe una ley al Congreso para que se discuta. No se puede hablar en general, hay casos que me parecen razonables y otros, no. En definitiva, la prisión preventiva tiene que tener una regulación general, pero debe ser aplicada luego en cada caso, en función de las circunstancias personales de los imputados, de las condiciones de causa y de lo que el juez vea. Pero pareciera que en materia judicial estamos todavía con la política del péndulo y, por lo tanto, tenemos que encontrar el equilibrio. En la política y en la economía ocurre lo mismo.

El peronismo tiene un enorme desafío: encontrar un programa y un liderazgo

-¿La ve a Cristina con posibilidades de entrar en el rearmado del PJ o cree su ciclo político está terminado?

-Creo que otorgar certificado de defunción en la política argentina es un ejercicio inadecuado. La historia muestra que hay gente que se recicla permanentemente. El peronismo tiene un enorme desafío: encontrar un programa y un liderazgo. El día que defina ese programa vamos a poder ver qué cantidad de coincidencias tiene con el Gobierno. En la cancha está solo el programa del Gobierno. Ni el programa ni el liderazgo del kirchnerismo podrían englobar a todo peronismo. ¿Se escuchan más? ¿Hacen más ruido? ¿Tienen el liderazgo de Cristina dentro de ese subgrupo? Es cierto. Pero me da la impresión que siguen siendo minoría dentro de la gran visión del peronismo general, que es más cercana a Pichetto o los gobernadores.

-¿El radicalismo debería tener mayor peso en la gestión?

-Comparto plenamente lo que Cornejo dijo en la entrevista con LA NACION. Se vienen dos años donde Cambiemos va a tener que demostrar su capacidad de transformar el país. Esto tiene que ver mucho con la gestión. Y el radicalismo está dispuesto a aportar, ser escuchado y formar parte de las decisiones. Por eso, me parece muy bueno que los dos que tienen mayor contacto diario con el Presidente sean Cornejo y Gerardo Morales. Ellos deben ser las poleas de trasmisión con el radicalismo.

En octubre la gente nos votó más por expectativa. En 2019 nos va a votar si logramos transformar la expectativa en resultados. Dentro de este esquema, el radicalismo tiene mucho que ofrecer. El gran desafío de Cornejo y Morales es llevar al partido al nivel de decisión que le aporte ideas al Gobierno para lograr resultados en estos dos años de gestión.

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