El separatismo catalán recupera de a poco posiciones de poder

Los partidos independentistas impusieron su mayoría para retomar el control del Parlamento
Martín Rodríguez Yebra
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18 de enero de 2018  

Carles Puigdemont, expresidente catalán
Carles Puigdemont, expresidente catalán

MADRID.- Acorralado por la Justicia y cruzado por divisiones internas, el independentismo catalán optó ayer por evitar un nuevo conflicto legal con España y priorizó el objetivo de recuperar de a poco sus posiciones de poder.

La troika que componen Junts per Catalunya (JxC), Esquerra Republicana (ERC) y la Candidatura d' Unitat Popular (CUP) impuso su mayoría para tomar el control del Parlamento surgido de las elecciones del 21 de diciembre pasado sin anticipar cómo hará para reponer en el gobierno, como pretende, al expresidente Carles Puigdemont, refugiado en Bélgica.

Las únicas muestras de rebeldía en el hemiciclo fueron simbólicas: algún discurso altisonante contra la "represión del Estado" y unos lazos amarillos gigantes que adornaban los escaños vacíos correspondientes a los diputados electos que están en prisión: Oriol Junqueras (líder de ERC), Jordi Sànchez y Joaquim Forn (ambos de JxC).

Al frente de la cámara fue elegido Roger Torrent, un dirigente de ERC de 38 años y sin cuentas pendientes con la Justicia. No precisó que participaran de la votación los cinco legisladores electos que huyeron a Bélgica para no ser detenidos.

Puigdemont y los otros "fugados" decidieron no solicitar que se les permitiera votar en ausencia, una decisión que hubiera desatado una inmediata impugnación judicial por parte del gobierno de Mariano Rajoy. Sí recibieron autorización para hacerlo los tres presos, a quienes el juez que los investiga a raíz de la revuelta separatista de octubre les concedió el derecho a delegar el voto.

Con 65 apoyos de 130, los bloques separatistas se aseguraron cuatro lugares entre los siete que integran la Mesa del Parlamento. Tendrán mayoría para conducir el órgano clave en el proceso de investidura del futuro presidente de Cataluña.

La sesión en la que el candidato designado se someterá a votación debe celebrarse el 31 de enero. Para entonces se sabrá si Puigdemont será quien lo intente, a pesar de que el reglamento no contempla una investidura a la distancia (ya sea por Skype o delegada en otro diputado).

Torrent, un independentista del ala dura, no dio indicios de cómo procederá. Él aceptó ocupar el lugar que no quiso asumir esta vez Carme Forcadell, libre bajo fianza después de su gestión desafiante en la anterior legislatura. En su discurso de presentación, prometió "trabajar para todos los integrantes de la cámara" y "respetar el diálogo y el disenso".

Pero no se privó de recordar a los dirigentes "injustamente encarcelados". Enfatizó: "No sería honesto por mi parte si no denunciase contundentemente esta situación. En esta cámara hay 135 voces y tengo que defender el derecho de expresión de todos; de los que están y especialmente de los que no pueden estar".

Inés Arrimadas (Ciudadanos) acusó a Torrent de hacer un discurso "partidista" y carente de imparcialidad.

El riesgo para las nuevas autoridades es incurrir en delitos que los empujen a ser querellados por delitos similares a los que ya enfrentan Puigdemont, Junqueras y compañía. La intención declarada de los independentistas, especialmente de ERC, es evitar un choque de legitimidad inmediato.

El dilema es cómo hacerlo si Puigdemont (JxC) se empeña en presentarse a la investidura desde el exterior. Sus aliados dicen que apoyan su proyecto, pero evitan pronunciarse si consentirán una interpretación forzada del reglamento que autorice una situación anómala, jamás vista en un Parlamento europeo. Saben, además, que Rajoy lo impediría a través de un recurso de impugnación ante el Tribunal Constitucional (TC).

Torrent resaltó varias veces la necesidad de "recuperar las instituciones catalanas". Marcó como prioridad terminar con la intervención de la Generalitat que dispuso Rajoy a fines de octubre después de la fallida proclamación de la república. Si Puigdemont insiste en su plan, Madrid seguirá por tiempo indefinido al mando de la autonomía catalana.

Los separatistas tienen ahora dos semanas para preparar la próxima jugada. "No pensamos renunciar a que el presidente Puigdemont sea el candidato a la investidura", dijo ayer Josep Rull, de JxC. No descartó que pudiera regresar de Bélgica, lo que lo llevaría a la cárcel. En ese caso podría intentar que el juez le diera permiso a asistir al Parlamento a defender su programa.

Un tercer camino sería proponer a último momento otro nombre para la presidencia. Alguien "limpio" en materia judicial que les permitiera a los independentistas tomar oxígeno antes de la siguiente batalla.

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