La singular mirada de Peter Handke

Verónica Chiaravalli
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21 de enero de 2018  

Peter Handke no se lo habrá propuesto pero, según juzga la prologuista y traductora Cecilia Dreymüller, los artículos reunidos en Contra el sueño profundo (Nórdica) constituyen "una lección de crítica, un manual práctico de la lectura y del comentario de una obra de arte".

Amante de la literatura de Goethe y Kafka (lo que ya es un programa estético), el escritor, dramaturgo y cineasta austríaco sentó pronto las bases de sus exigencias artísticas; a los 25 años pensaba: "Espero de una obra literaria una novedad para mí, algo que, aunque sólo sea escasamente, produzca un cambio en mí; algo que me vuelva consciente de una todavía no pensada, todavía no consciente posibilidad de la realidad; una nueva posibilidad de mirar, de hablar de pensar, de existir. [?] Espero de la literatura que rompa todos los aparentemente definitivos conceptos del mundo". Era mucho, pero no podía ser menos lo que le exigiera a una disciplina creativa alguien que había encontrado en la palabra y en la imagen su salvación. Hijo de una mujer que se dedicaba a la limpieza y un peón de albañil con problemas de alcoholismo, la infancia de Handke transcurrió en un hogar donde no había libros ni cuadros (en uno de los textos de este libro, escritos entre 1966 y 2006, el autor evoca un momento inolvidable de su niñez, en la sala de espera de un consultorio, subyugado tanto por una reproducción colgada en la pared como por las revistas de historietas del hijo del médico).

Más tarde, en el internado donde estudió, autores como Faulkner y Greene fueron un bálsamo para el adolescente que se sabía distinto. Y cuando, con 17 años, se volcó a la escritura, su meta no fue menos ambiciosa: "No tengo temas concretos sobre los que quiera escribir, solo tengo un tema: [?] llegar a ser más atento y volver más atentos a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, exactos y llegar a serlo yo para que yo y también otros podamos existir de forma más exacta y sensible, para que pueda comunicarme mejor con los demás y tratarlos mejor".

Curiosamente, la escuela de escritura de Handke fue la radio. Mientras estudiaba derecho en Graz, se le ofreció la oportunidad de reseñar las novedades del mes para una emisión literaria. El ejercicio de comentar centenares de libros no solo estimuló su natural curiosidad sino que también contribuyó a formarlo como lector, a forjar su visión singular del mundo y del arte y a cultivar una forma muy personal de la erudición. A esas y otras piezas similares los llamaba Handke "escritos ocasionales", y forman el núcleo de Contra el sueño profundo. Imperdibles las páginas dedicadas al pintor Peter Pongratz, a Kafka y a Patricia Highsmith, caras afinidades electivas.

Contra el sueño profundo. Peter Handke, Nórdica

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