Los argentinos que, como Nahuel Pérez Biscayart, triunfan en el cine europeo

Nahuel Pérez Biscayart
Nahuel Pérez Biscayart Fuente: LA NACION
Pablo De Vita
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20 de enero de 2018  • 00:58

Tan sólo cuatro años antes de cantar “Yo adivino el parpadeo / De las luces que a lo lejos / Van marcando mi retorno”, desde el set de Kaufman Astoria, ubicado en Nueva York, para El día que me quieras y generar –ya convertido en mito– emocionados aplausos alrededor del mundo, Carlos Gardel popularizaba el tango "Tomo y obligo" en otro largometraje, que obligaba a los proyectoristas de varias partes del mundo a rebobinar y volver a proyectar ese fragmento repetidas veces.

Carlos Gardel,

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Ese primer éxito mundial filmado fue para Luces de Buenos Aires, también producida por la Paramount pero en los estudios que el sello norteamericano poseía en Joinville, al sudoeste de París. Allí, en virtud de ese suceso, el “Zorzal criollo” volvería para rodar tres largometrajes más, confirmando la larga tradición de consagrados nombres del espectáculo argentino ampliando sus horizontes en el cine internacional. En Hollywood es sencillo hacer una lista, que incluso se remonta a tiempos del cine mudo y que hoy acumula varios premios Oscar ¿Pero qué sucede en el actual cine europeo, donde los perfiles son menos nítidos al haber muchos trabajos en coproducción?

“Quizás el principal coproductor del cine argentino es España. El idioma y la cultura nos facilitan plenamente la asociación. En la mayoría de los casos podríamos decir que tienen más chance de éxito aquellos films de corte más industrial y con posible tendencia hacia la taquilla. El ciudadano ilustre es un ejemplo perfecto en la combinación de coproducción con España, sumados los premios y taquilla”, confirma sobre ese horizonte amplio y compartido el productor Juan Pablo Gugliotta, quien también coprodujo con el cine europeo El ardor y Pensé que iba a haber fiesta.

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Los que dejaron huella

En sentido inverso, es muy fácil pensar en nombres que han dejado huella en cinematografías del Viejo Mundo como Leonardo Sbaraglia ( Una pistola en cada mano, de Cesc Gay; Salvador, de Manuel Huerga); Ricardo Darín ( Truman, de Cesc Gay; Séptimo, de Patxi Amezcua); Cecilia Roth ( Laberinto de pasiones, Entre tinieblas y Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar; Luisa Sanfelice, de los hermanos Taviani); Héctor Alterio ( Le intermittenze del cuore, de Fabio Carpi; A un dios desconocido, de Jaime Chávarri; Cría cuervos, de Carlos Saura), Federico Luppi ( El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro), Pepe Soriano , Darío Grandinetti y en títulos con dirección y producción española de una lista infinita, mixta e inagotable de cruces y tendencias. De todos modos, sorprende saber que un crítico argentino también sea protagonista de un film español: en la próxima edición de la Berlinale, una película española participará por primera vez de la Semana de la Crítica, que será protagonizada por el argentino Oscar Peyrou. En busca del Oscar, dirigida por Octavio Guerra, “es una cita crítica sobre el mundo de los periodistas de cine, la gloria la miseria de la crítica, la hipocresía, la farsa y los intereses creados”, dice Peyrou al otro lado del teléfono y del Atlántico. Una docuficción sobre un crítico que viaja alrededor del mundo y juzga las películas de acuerdo con los afiches y ciertas impresiones intuitivas.

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En otros países europeos, las noticias sobre intérpretes argentinos son menos habituales, aunque en Italia es sensación Liz Solari , quien protagonizó Sei mai stata sulla luna (¿Alguna vez has ido a la luna?), junto al actor Raoul Bova, con la firma del reconocido Paolo Genovese, y que ha vuelto al cine italiano con el estreno de Finchè c'è Prosecco c'è Speranza, que estelariza junto al afamado Giuseppe Battiston (uno de los amigos que se sienta a la mesa de la exitosa Perfectos desconocidos). También en ese país, Rodrigo Guirao Díaz protagonizó un renombrado telefilm - Violetta, sobre la novela de Alexandre Dumas-, para trabajar luego en varias telenovelas italianas y en producciones de España. Pero la sorpresa del año pasado contó con la dirección del venezolano Alain Maiki y la bella ciudad de Florencia como destino elegido para el rodaje de Uma, con actores de Venezuela, España e Italia que también incluyeron un nombre argentino en el reparto, el de la otrora mediática Natalia Denegri, asimismo productora ejecutiva del film.

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Con producción italiana, dirección de Daniele Luchetti, y escenarios porteños, también Rodrigo de la Serna hizo lo propio desde el protagónico de Chiamatemi Francesco, donde encarnó al joven Jorge Mario Bergoglio. Pero hubo más, antes de ser conocida por cantar ante el papa Francisco, Lola Ponce alcanzó el estrellato como Esmeralda en el musical Notre Dame de París para saltar a la televisión y de ahí al cine. Trabajó en el policial Polvere, y en la comedia La bellezza del Somaro, dirigida por Sergio Castellitto. En ese territorio también Beatriz Spelzini conoció su primer protagónico en cine, con Riconciliati de Rosalia Polizzi, pero no se privó de conquistar al cine alemán con Das lied in mir (El día que no nací), dirigida por Florian Cossen, rodada en Buenos Aires y por la que obtuvo el premio Lola de la Academia de Cine alemán.

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“Ambas fueron experiencias inolvidables, la primera porque contaba la historia de una italoargentina exiliada y la segunda me llevo a ganar el premio a la mejor actriz de reparto. Ir a Berlín, ser muy elogiada y respetada por mi trabajo y hasta el momento en que dijeron mi nombre no saber que ganaría fue muy emocionante”, confirma la actriz en diálogo con LA NACION en una pausa de los ensayos de Dulce pájaro de juventud, obra en la que es dirigida por Oscar Barney Finn y que subirá a escena la próxima semana.

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Quizás una cinematografía más insospechada dentro del mapa europeo para un actor argentino sea la suiza, pero allí triunfa hace más de una década Pablo Aguilar. Cuando visitó la Argentina acompañando su película Endiabladamente enamorado, dirigida por Peter Luisi, confesaba que llegó a Zurich sin saber suizo alemán ni inglés y que a fuerza de imitación fue aprendiendo el idioma. Desde entonces no paró de filmar y el último año nuevamente fue convocado por Luisi para otra comedia, Flitzer, "Lo que más quiero es que mi carrera se divida entre Suiza y la Argentina. Mi familia pudo ver mi película en cine y no en DVD como están acostumbrados desde que viajé”, decía hace doce años en el festival Pantalla Pinamar.

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Si de Gardel en adelante, los sets de filmación galos no se privaron de la presencia argentina, debe añadirse la labor para el cine francés en otras latitudes con Olivier Peyron dirigiendo a María Duplaá (sobrina de Nancy Duplaá), para uno de los roles de Una vida lejana (Une vie ailleurs), una producción íntegramente francesa aunque rodada en Uruguay. Pero, indudablemente, desde el cine francés al europeo en su conjunto subyace por su marcada trayectoria y gran peso actoral la labor deNahuel Pérez Biscayart como el gran referente contemporáneo incluso más allá de estéticas, cinematografías y nacionalidades. Su labor en 120 pulsaciones por minuto, actualmente en cartel en las salas argentinas, le valió reconocimiento y fama mundial junto a una larga ovación en el Festival de Cannes.

120 pulsaciones por minuto

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Formado con la gran Kate Walk, empero el actor no cree en un vínculo directo que le permitiera llegar a su primer protagónico europeo, nada menos que a las órdenes de Benoit Jacquot para Au fond des bois: “No hubo relación directa entre la beca Rólex y luego la peli de Benoit y las que hice en otros países. No siento que haya habido un evento que abrió un panorama internacional. Fue como un gato que avanza unos metros, ve un árbol, olfatea, ve un pajarito, trepa y después no sabe cómo bajar y encuentra otra rama que lo lleva a otro árbol. Quizás es medio idiota lo que digo pero siento que todo fue como ir apropiándose de terrenos desde la exploración y desde los azares de la vida”, confirma el actor, que también protagonizó Je suis à toi, producción belga que le otorgó el premio al mejor actor en el Festival de Karlovy Vary y le permite desmentir ciertas constantes en cuanto al cine LGBT: “Es un ejemplo claro en el que no es una película de ese tipo pero sí hay componentes como un panadero que es gay pero el conflicto no gira en torno a ser gay o no, o a como eso es aceptado o no por la sociedad o el entorno. Es una película que cuenta la historia de tres almas solitarias desencontradas en un triángulo improbable y no correspondido en el que uno busca en el otro lo que aquel no encuentra”, asevera para agregar con respecto a 120 pulsaciones con minuto “Se me hizo muy fácil imaginar y entender la película porque estaba escrita con mucha delicadeza y muchos detalles. El guión es muy fiel a como quedó finalmente la película. Nos juntamos con Robin Campillo en un café y entendí que era una película que lo involucraba de manera muy íntima, y me contó anécdotas instantáneamente de la gente con la que había militado porque él, su coguionista y el productor eran militantes de Act Up París y si bien es una ficción, tiene muchos elementos autobiográficos”, confirma.

El idilio del cine europeo con Pérez Biscayart no se detiene y ya hay tres películas de reconstrucción histórica que lo involucran: Stefan Zweig, adiós a Europa (con estreno confirmado en la Argentina); Au revoir la haut y Agadah. “Se dieron de manera diferente, sin conexión entre sí. Con Stefan Zweig hablé con María Schrader y me propuso el personaje; con Au revoir la haut fue la misma directora de casting de la película de Jacquot, y en el caso de Agadah, a través de un representante. Fueron formas muy clásicas no porque haya en mí la intención de pensar en películas históricas”. Algo es seguro, pese a que 120 pulsaciones por minuto no quedó entre las aspirantes a ser nominadas al Oscar como Mejor Película Extranjera el próximo martes 23, las pulsaciones de Nahuel Pérez Biscayart con el cine europeo continúan acelerándose.

Los "argentinos honorarios"

Aylin Prandi desembarcó en la pantalla argentina con la novela Por amarte así
Aylin Prandi desembarcó en la pantalla argentina con la novela Por amarte así Fuente: Archivo - Crédito: gentileza Telefe

Aylin Prandi nació en París pero creció entre esa ciudad, Roma y Buenos Aires como hija de madre argentina y padre italiano, filmó alrededor de 15 películas entre Italia y Francia y grabó exitosos discos antes de desembarcar en la televisión argentina para la telenovela Por amarte así .

Bérénice Bejo nació en Buenos Aires pero a los tres años se convirtió en habitante de París al escapar con sus padres de la dictadura militar. La actriz acredita más de 50 trabajos en el cine y televisión y con El artista se convirtió junto a su esposo Michel Hazanavicius en una celebridad mundial. Si bien filmó en París a las órdenes del argentino Edgardo Cozarinsky, su desembarco en el cine argentino fue hace meses para La quietud, de Pablo Trapero.

Anya Taylor-Joy nació en Miami, Florida, y por su padre escocés-argentino vivió entre la Argentina e Inglaterra. Se crió en nuestro país hasta la edad de seis años, luego se mudó a Londres, y hoy es una actriz clave del cine de terror en títulos como La bruja, Morgan y Fragmentado y si bien filmó en el cine europeo, es una ascendente figura en Hollywood.

Antes de ser la Julieta que espera a su Romeo más popular, Olivia Hussey transitó las calles de Buenos Aires de la mano de su padre Andreas Osuna, también conocido como Isvaldo Ribo, cantante argentino de ópera y tango, hasta que a los 7 años se fue a vivir a Inglaterra. Con sólo 15 protagonizó el film de Zeffirelli y luego se convirtió en una actriz clave del cine norteamericano.

Quizás el caso más popular sea el de Viggo Mortensen , nacido en Manhattan pero con infancia porteña y fanatismo por San Lorenzo. Sus éxitos en Hollywood y Europa ( Alatriste, de Agustín Díaz Yañez, sobre el personaje de Arturo Pérez Reverte; Loin des hommes, de David Oelhoffen) continúan tras su debut en el cine argentino de la mano de Ana Piterbarg ( Todos tenemos un plan) y Lisandro Alonso ( Jauja).

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