La salud, en la palma de la mano

Existen miles de apps médicas, pero no todas son recomendables; qué opinan los especialistas, cuáles recaudos deben tomarse y las experiencias de los usuarios
Existen miles de apps médicas, pero no todas son recomendables; qué opinan los especialistas, cuáles recaudos deben tomarse y las experiencias de los usuarios Crédito: Shutterstock
Débora Slotnisky
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20 de enero de 2018  • 00:00

Ana Laura Espósito, de 42 años, realiza actividad física a diario. Esta licenciada en ciencias de la comunicación cambió a su personal training por una serie de aplicaciones móviles. "Para entrenar utilizo Garmin Connect, que registra todas mis actividades y da estadísticas como cantidad de pasos, distancia y ritmo. Incluso creo trayectos y sesiones de entrenamiento personalizadas.

Ya sea para contar la cantidad de calorías o llevar el historial de la presión arterial, los usuarios de smartphones utilizan cada vez más algunas de las miles de aplicaciones relacionadas con la salud y el bienestar.

Según un estudio realizado recientemente en nuestro país por la empresa de tecnologías de la salud Royal Philips, los argentinos con condiciones médicas existentes tienen más probabilidad de haber utilizado nuevas tecnologías, y alrededor de dos terceras partes (59%) de las personas que usan estas soluciones han compartido los datos con su profesional de la salud en el último año. El 67% de los encuestados afirmó saber cuándo deben compartir sus datos con el médico, y el 64% sabe interpretar los resultados que la tecnología ofrece. Los indicadores más compartidos son relacionados al peso, presión arterial y salud bucal.

Algunas sí, otras no

Los médicos consultados por LA NACION, sin embargo, advierten: "Las apps que están diseñadas como recordatorio para tomar medicamentos, contar los pasos o para llevar registros de, por ejemplo, los alimentos consumidos, pueden ser muy útiles. Sin embargo, hay otras que no lo son. Es el caso de las que se ofrecen como tensiómetros, ya que para medir adecuadamente la presión arterial hay que utilizar aparatología específica porque todavía no hay software que la mida con exactitud", explica Marcos Marín, cardiólogo y secretario de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA). Para los interesados, este especialista recomienda alguna calculadora de riesgo cardiovascular que cuente con el aval de algún centro médico de Europa y Estados Unidos, porque en la Argentina no hay ninguno. "Colocando algunos datos como edad, sexo, etnia, tabaquismo y colesterol, entre otros, se muestra un porcentaje de riesgo a 10 años que podría justificar el inicio de un tratamiento", comenta. El uso de esta herramienta puede ser interesante en el contexto nacional ya que, de las casi 35 mil personas relevadas durante la primera campaña de hipertensión arterial este año por la SAHA, el 25% de los desconocían ser hipertensos.

Osvaldo Fretes, médico endocrinólogo y miembro de la comisión directiva de la Sociedad de Diabetes, estima que las apps son útiles para las patologías crónicas, como diabetes, obesidad y asma. De forma similar a Marín, él recomienda el uso de aplicaciones que tengan un aval científico. Es el caso de Find Risk. "El 50% de los diabéticos en nivel mundial no sabe que padece esta enfermedad. El uso de aplicaciones como la mencionada es algo sumamente positivo ya que las personas pueden saber si necesitan realizarse un chequeo médico", explica.

Los especialistas consultados afirman que solo una minoría de los pacientes que llegan a sus consultorios utiliza aplicaciones vinculadas a la salud, aunque admiten que los casos crecen sin cesar. "Lo que más observo es la descarga de soluciones para contar los pasos, y la mayoría de los usuarios tienen entre 20 y 40 años", observa Fretes, que le da la bienvenida a esta tendencia.

Esta observación de consultorio coincide con la tendencia mundial. Para 2018, se pronostica un crecimiento en el lanzamiento de aplicaciones de salud y bienestar, ya que las personas las utilizan cada vez más para alcanzar objetivos vinculados con su cuerpo, tomar conciencia sobre los problemas de salud, identificar hábitos poco saludables, para combatirlos o adherirse a un tratamiento.

Por ejemplo, Patricio Llaona, un ingeniero en informática de 35 años, usa la app Activity, incluida en el Apple Watch, para medir sus pulsaciones cardíacas. "Esta herramienta me motiva a moverme con el objetivo de completar a diario los tres objetivos: hacer 30 minutos de ejercicios por día; estar parado al menos un minuto por hora, y llevar un conteo de calorías activas. A diferencia de las calorías en reposo, son las que se queman al permanecer de pie o mantenerse activo. Estos hábitos están en sintonía con lo que me comentó mi nutricionista. Sin embargo, no cargo las calorías que ingiero manualmente porque me parece muy engorroso. Una función interesante es la posibilidad de compartir datos con amigos, porque avisa a medida que los otros van cumpliendo los objetivos diarios para estimular que el resto también los realice", cuenta.

Llaona comenzó a usar esta herramienta tras notar que tenía muchas pulsaciones en reposo. "Actualmente las registro, y de ahí el sistema infiere cuantas calorías quemo. Si bien no le comenté al cardiólogo acerca de estas herramientas, me hago controles profesionales con frecuencia", aclara.

Es importante mencionar que no todas las apps cuentan con aval médico o científico, motivo por el cual los galenos dicen que los pacientes deberían consultarle a su médico y que los especialistas deben estar atentos a esta tendencia para poder dar un consejo oportuno y evacuar preguntas al respecto. "Como profesional de la salud, uno puede mirar una app para ver si el recurso tiene lógica. Por ejemplo, los podómetros no son precisos, pero de todos modos nos resulta útil contar con información aproximada acerca de cuánto se mueve el paciente", ilustra Fretes.

"Las aplicaciones son bienvenidas cuando sirven para mejorar la adherencia al tratamiento o para reemplazar los registros en papel. De todos modos hay que informar a la población que es imposible medir la temperatura, la presión o el colesterol, entre otros, a través del celular, aunque una app prometa que sirve para tal fin", aclara el secretario de la SAHA.

Fretes y Marín explican que los médicos no deben obviar esta tendencia: "No pueden ser reacios ante los hábitos de las personas, y el uso de apps forma de nuestra vida cotidiana. Así que tenemos que usar estas herramientas digitales a nuestro favor, para mejorar tanto la salud como la calidad de vida de nuestros pacientes".

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